
Juan Carlos Mazzón, un monje negro del peronismo
Encargado de bordar la trama de alianzas del Gobierno, este "peronista puro", que nunca comulgó con la transversalidad, es el impulsor de dos ideas clave: peronizar la campaña y recostarse en el poder de los intendentes ante una elección que sabe difícil
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Como si fuera un general en plena batalla, su despacho, ubicado en el primer piso de la Casa Rosada, allí donde también está la oficina de la Presidenta y la del Jefe de Gabinete, tiene varios mapas de la Argentina colgados de las paredes. Una gráfica, que le es funcional a Juan Carlos Mazzón -a quien todos llaman por su apodo, El Chueco-, uno de los principales operadores electorales de Néstor y Cristina Kirchner, y un claro impulsor de la estrategia de peronizar la campaña y recostarse en los gobernadores y los intendentes, de cara a las complicadas elecciones que se avecinan.
Es un ferviente devoto de las candidaturas testimoniales: para él son cruciales para juntar votos, y lo dirá sin anestesia y sin eufemismos.
Es que Mazzón necesita mapas territoriales a la vista para seguir en tiempo real y en cada territorio político las bajas y las altas de un kirchnerismo debilitado -y él sabe muy bien que el Gobierno está debilitado-, en cada provincia y en cada territorio electoral, que últimamente supervisa personalmente junto con el ex presidente, con quien en estos días se reúne casi todos los días en Olivos. El miércoles 6 de mayo, a 72 horas del cierre de listas para presentar ante la Justicia y a 50 días de la elección, el teléfono de su despacho está al rojo vivo; suena sin cesar: habla con un intendente, un puntero; a veces, con un gobernador. Aquel mediodía, alguien del otro lado de la línea le pregunta por la actriz Andrea del Boca, a quien le habrían ofrecido un lugar en la lista porteña del oficialismo K. "¿Y qué sé yo quién fue?... No, yo no fui. No sé, debe de haber sido algún loco", lanza este peronista que nació en Santa Fe pero que hizo toda su carrera política en Mendoza, desde donde se convirtió en el inventor y luego mentor de José Luis Manzano, desde el inicio de la primavera democrática.
Siempre hizo el mismo trabajo, independientemente del cargo formal que ocupase. Eso no importa. Desde hace más de 40 años, su tarea fue la de ser un operador del poder peronista. Trabajar para el jefe, para algún jefe, con el fin de que el aparato del PJ se siga reproduciendo, amplíe su dominio y, en lo posible, afronte la menor oposición.
Para muchos, es un hombre respetado, un articulador de alto nivel, que sabe tejer lazos con todos, amigos y enemigos. Para otros, en cambio, no tiene palabra y no cumple con ningún pacto. Están quienes lo ven como un componedor neto. Y están quienes lo ven como un complotador oscuro.
Quizá sea un poco de ambas cosas.
Su grado de influencia política hoy, que creció frente al matrimonio K con la salida de Alberto Fernández, es inversamente proporcional a su exposición: tal como corresponde a un monje negro, puede salir a caminar perfectamente por Florida sin que nadie sepa de quién se trata.
Desde la vuelta a la democracia, trabajó con todos: Antonio Cafiero, Manzano, Menem, Cavallo, Ruckauf, Duhalde, Kirchner, y ahora Cristina. Desde 2002, con la gestión de Duhalde, está en su cargo actual, aunque no en la misma oficina, de la que fue desplazado por Alberto Fernández, su enemigo en el Gabinete, cuando gozaba de la confianza del matrimonio presidencial.
El pasaje de ser funcionario de Kirchner a serlo de Cristina fue dulce; él, al principio, tenía sus dudas de que fuera así, si bien conoce al matrimonio santacruceño desde el 85, aún antes de que el ex presidente fuera intendente de Río Gallegos. A los periodistas, con quienes suele hablar en off the record , les decía: "La señora tiene un estilo distinto". Pero ella entró un día a su despacho y simplemente le dijo, señalándolo: "Vos te quedás donde estás, y si tenés algún problema, me tocás la puerta". Sin embargo, su relación política principal es con el esposo de la Presidenta.
Formalmente, su tarjeta personal dice: Coordinador General de Asuntos Político Institucionales de la Unidad Presidente. Pero, en la práctica, su tarea de operador incluye diversas gestiones: es el encargado de recibir a intendentes y dirigentes, de recoger heridos, de gestionar favores. Su última movida fue una misión imposible: tratar de pactar, de acercar, de algún modo, a Carlos Reutemann, a quien conoce desde hace años. No lo logró. En cambio, dirá, ante sus amigos del peronismo: "Ahora lo veo mucho más decidido a ser Presidente".
Algunos lo señalan como el ideólogo del anticipo de los comicios; él sostiene que fue Kirchner el autor de las candidaturas testimoniales: "Esa idea tiene su sello". En cambio, lo de agitar el caos es una treta que han empleado todos los dirigentes de la democracia. ¿Poner actores o dirigentes populares en las listas K? Es una buena opción para atrapar algo de esa clase media urbana que Cristina empezó a perder en los comicios de 2007.
En la semana que pasó, apoyó todas las gestiones para lograr que Daniel Filmus sea candidato en Capital. Se queja del banquero cooperativista Carlos Heller porque, según cree, no mide nada. Pero, en realidad, su queja es más de fondo: Mazzón siempre detestó la idea de la transversalidad. De alli su enfrentamiento con Fernández. A este peronista puro, que empezó a militar en la agrupación derechista Guardia de Hierro en Mendoza, no le agrada un Zaffaroni en la Corte, ni una Ocaña en el riñón del Gobierno.
Entre sus operaciones políticas, se acredita el pacto entre el ex presidente y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna. Una "articulación", por llamarla de algún modo, que hizo junto con su amigo José Pampuro. Fue también el encargado de juntar a peronistas ortodoxos y progresistas, heridos y repatriados, que se unieron nuevamente para revitalizar la más fuerte estructura partidaria de la Argentina, el PJ, con Kirchner a la cabeza.
Tiene 65 años y está casado con la misma mujer desde el 26 de mayo de 1973 -recuerda perfectamente la fecha porque fue un día después de la asunción de Cámpora-, una ama de casa con quien tuvo cuatro hijos. Aunque sólo uno de ellos, Mauricio, de 36 años, sigue sus pasos: después de un breve paso por las filas de Macri, Mazzón chico se sumó al kirchnerismo y actualmente es uno de los representantes del oficialismo en Papel Prensa.
Lo de "chueco" es un apodo cruel de juventud, que la política -también cruel- continuó. Tiene un problema en una pierna. De chico sufrió osteomielitis, una infección aguda de los huesos que se le manifestó en un fémur, por la que actualmente debe llevar una prótesis.
De guardián a kirchnerista
Militó en la agrupación Guardia de Hierro, en su juventud, aunque su nombre empezó a hacerse conocido durante el menemismo, cuando fue viceministro de José Luis Manzano, a quien antes había apadrinado políticamente. Entonces, en 1992, tuvo que renunciar a su cargo por una condena que había recibido en los 80 por estafa, cuando se desempeñaba en el Registro Nacional de la Propiedad del Automotor, en su provincia. Ese hecho, que los periodistas Daniel Capalbo y Gabriel Pandolfo, cuentan en la biografía no autorizada de Manzano, Todo tiene precio , lo dejó severamente golpeado.
Sus buenos vínculos con la oposición -práctica poco kirchnerista- y su paciente tejido en las distintas líneas del PJ son prácticas que quizás haya tomado del intrigante fundador de Guardia de Hierro, Alejandro El Gallego Alvarez. El mentor de la agrupación formadora de cuadros nacionalistas del PJ en los 70, a la que Mazzón estuvo ligado, creía que la organización vencería al tiempo.
Con Manzano, integraban el mismo grupo estudiantil. En 1969, Mazzón participaba en lo que fue el Frente Estudiantil Nacional (FEN), que conducía Roberto Grabois. Luego se fusionaron, todos, con Guardia de Hierro, enfrentada con Montoneros. Es que el FEN viró del marxismo a ser vehículo peronizador de la clase media. Guardia buscó y logró un acercamiento con militantes nacionalistas mendocinos. Entre 1969 y 1971, Guardia, el FEN y los Comandos Tecnológicos Peronistas del teniente Julián Licastro convergieron en lo que se llamó el "trasvasamiento generacional". Pero cuando llegó Peron, los guardianes ya habían diseminado su impronta en esta mezcla, alejando definitivamente a los Comandos Tecnológicos en los que revistaba por ejemplo José Octavio Bordón.
Si bien se conocían desde antes, fue más o menos para la época en que se negoció la privatización de YPF cuando trabó relación con los Kirchner; muchos peronistas sostienen que Mazzón fue algo así como un garante con las provincias para que respaldaran la privatización de la petrolera estatal. Fue quien arregló con los gobernadores petroleros las regalías. Kirchner, desde luego, estaba entre ellos.
Después, en el 94, fue su asesor cuando el santacruceño fue convencional constituyente.
Se mantuvo mucho tiempo en las sombras, donde le gusta estar, hasta que regresó a las ligas mayores de la política, de la mano de Duhalde. Entonces, en la poscrisis, era el único no bonaerense que podía entrar a la oficina del Presidente sin golpear la puerta.
Tiene una única foto en su despacho, en la que aparece con otro incondicional K, el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Ambos se muestran abrazados y sonrientes, al lado del busto del general Perón.
Sabe que con los Kirchner hará lo mismo que con Menem: como quiera que siga la película K, él los acompañará hasta el último día en el poder.
Quién es
Nombre y apellido:
Juán Carlos Mazzón
Edad:
65
Universidad y política:
Nació el 8 de enero de 1944 en San Javier, Santa Fe. De joven se fue a Mendoza, para estudiar Ingeniería en Petróleo y en la Universidad empezó su militancia. Se formó políticamente en Guardia de Hierro, ligada a la ortodoxia peronista.
Con todos los peronismos:
En los 80 apadrinó a José Luis Mazano, de quien luego fue viceministro durante el gobierno de Menem. Trabajó para Cafiero, Duhalde, y desde 2002 tiene despacho en la Casa Rosada. Está casado y tiene cuatro hijos.





