
Judíos, la seducción menemista
La década del noventa ha sido la mejor del siglo para las relaciones entre la Argentina e Israel, pero, indudablemente, la peor para la vida de la colectividad de nuestro país; sobre todo, la de sus dirigentes, salpicada por la corrupción, la frivolidad y el desprecio por lo intelectual.
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"MIS amigos en la comunidad riojana pertenecen a vuestra colectividad", dijo Menem en 1989 cuando visitó la AMIA junto a Alberto Kohan en el tramo final de la campaña electoral.
"Amigos, si gana Menem, tenemos que irnos", contestaban muchos en silencio.
Dos años después, ya presidente, cumplió una promesa abandonada por Alfonsín: ir a Israel.
El gobierno de Alfonsín no fue pro israelí desde la Cancillería, pero resultó "sionista" desde Economía: el caos motivó la Aliá. En esos días, si bien la dirigencia judía no estaba muy conforme con la política exterior -más cercana a los países árabes que a Israel-, las preocupaciones internas no fueron tan amargas como en la era de Menem.
Todo hace pensar que Carlos Menem sólo estuvo en la mutual judía para seducir. Una vez en la campaña y la otra en 1991, luego de protagonizar la primera visita oficial de un presidente argentino al Estado judío.
La estabilidad económica frenó la Aliá, el temido caudillo peronista e hijo de sirios participó de un acto contra el nazismo europeo ingresando en un templo con la cabeza cubierta con la kipá, y la política exterior -motorizada por el canciller Domingo Cavallo- nos acercaba a Estados Unidos y a Israel.
Por otra parte, la reforma económica y el empobrecimiento de la clase media desnudaban la falsedad del mito según el cual los judíos tienen plata y las instituciones de la colectividad recibían desesperados pedidos de ayuda.
Fueron disipándose entonces los temores de que una mezquita peronista reemplazara a la sinagoga radical, mientras Menem tomaba de la cultura árabe la encantadora amabilidad y la sonrisa de quien sabe esperar.
Hasta los atentados
Hasta que se hizo evidente la falta de voluntad política para investigar las bombas en la embajada de Israel y la AMIA, la comunidad era de Menem.
Se deterioró la relación entre árabes y judíos, que habían compartido codo a codo la aventura de la inmigración.
Los dirigentes judíos pasaron, trágicamente, a la "primera A" de la política nacional y desfilaron, no siempre como modelos, en la prensa nacional.
Aparecían entonces nuevos silencios y renovados gritos.
El hombre más capacitado para nadar en esas aguas era Rubén Beraja. Una de sus propuestas era no sujetarse tanto a Israel. La defensa de lo judío integrado a la vida nacional, sin basar la realización personal exclusivamente en la Aliá, sino más bien acá.
Esto aumentaba sus disputas con el embajador israelí Itzjak Avirán, que además de aumentar cinco veces los niveles de intercambio entre ambos países, ha expandido su lugar de diplomático extranjero participando en la interna comunitaria.
El presidente de la DAIA y del Banco Mayo financiaba instituciones que le brindaron apoyos fundamentales para su disputa política. En sus frecuentes visitas a la Casa Rosada o en sus charlas de country con Carlos Corach, podía exigir derechos o pedir favores.
Incluso, negociar ambas cosas.
Una peligrosa construcción de poder que se derrumbó el 18 de julio de 1997, a tres años del atentado, cuando "la calle judía" lo abucheó tanto como al gobierno reprobando su unión al menemismo que, por su parte -desde una visión corporativa que buscaba al jefe del "voto judío"-, sabía que Beraja ya no le serviría tanto. Al año siguiente quebró el Mayo, que tras absorber al Patricios se erigía como el principal banco que soportaba la vida judía. En este modelo de financiación bancaria, el Patricios era el otro eje de poder. Así como Beraja con la DAIA y el Mayo, Sergio Szpolski piloteó desde el banco de su tío Alberto la carrera política que lo llevó a la tesorería de la AMIA, presidida por Oscar Hansman, a través de una lista de acordada para suplantar las elecciones. Esa conducción pidió dinero al gobierno para solventar gastos ocasionados por el atentado, recibió un "subsidio no reintegrable" de 12 millones de dólares (uno para la Fundación Memoria del Holocausto) e inauguró una nueva sede. Cuando en 1999 Hansman le deja la presidencia a Hugo Ostrower, la mutual judía debía más del doble de esa cifra.
Horas antes de que suenen las campanadas del nuevo milenio, la onda expansiva daría un golpe más. Luis Dobniewski, el abogado de la mutual y de algunos familiares de las víctimas del atentado, debió renunciar tras ser procesado por el juez Gabriel Cavallo por supuesto lavado de dinero.
El fin de la década encontró a Beraja procesado por la justicia federal y a Szpolski con varias denuncias en su contra en el tribunal de ética comunitaria: la más severa, sospecha de que ha evaporado dinero de la AMIA en el Patricios.
Quizá los años 90 han sido la mejor década en las relaciones entre la Argentina e Israel y la peor para la vida de los judíos en la Argentina.
A la cultura de la pizza con champagne le correspondió la del matze con champagne: perversa confusión entre lo público y lo privado, frivolidad, protección a los funcionarios corruptos y desprecio por lo intelectual. Personajes cercanos a la dirigencia que sacaron provecho personal de la solidaridad que despertó la institución tras el atentado. La AMIA financiando costosos espectáculos mientras se cerraban escuelas.
La fiesta de los peores
Como un eco de aquellos mandamientos éticos que este pueblo libre entregó a la humanidad, una voz resuena ante los tribunales y exige justicia. Memoria Activa.
Y aparece otra voz que puede ser vista como insobornable. Los ortodoxos. El impresionante crecimiento que el movimiento Jabad Lubavitch ha experimentado quizá nos muestre que la (r)evolución que antes se buscaba en el sionismo o socialismo ahora esté "más allá", aún. Hay quienes los ven como los guardianes del judaísmo. Otros, como a una organización intolerante.
Investigando el desarrollo de esta comunidad durante el gobierno de Menem, también encontré una vitalidad casi milenaria latiendo en quienes todas la mañanas -con miedo o sin él- toman a un niño de la mano, atraviesan los pilotes llenos de cemento e inseguridad y lo llevan a la escuela, al club o al templo.
La leve disminución de la concurrencia a las escuelas se debe más a las dificultades económicas que a los atentados.
La gente que supo disfrutar la cultura judía y vivir sin perjudicar a nadie es la auténtica impulsora de la manoseada "continuidad hebrea" que otros dicen defender. Ellos encarnan la frase de Golda Meir: "El pesimismo es un lujo que ningún judío puede darse".
Volviendo a la política nacional, así como Menem deseaba sacudirse las sombras que abrazaban a Perón con el nazismo, el actual presidente quiere diferenciarse de su antecesor y demostrar que intenta esclarecer los atentados.
Como si el nuevo milenio intentara dar vuelta una página, también la dirigencia comunitaria necesita exhibir un cambio, signado fundamentalmente por la honestidad.
El presidente de la DAIA, Rogelio Cichowolsky, era la mano derecha de Beraja. Aun con esa carga y la inercia conciliadora, la institución mantiene dignas batallas legales en causas por discriminación y antisemitismo. Deberá demostrar esa integridad en la querella por el atentado.
La AMIA, encabezada por Hugo Ostrower, propone una transparencia que parecía imposible en Pasteur 633, se ha constituido en la principal denunciante de la administración anterior y ha designado al prestigioso jurista Elías Neuman para liderar la querella ante el inminente juicio oral.
Decía Albert Einstein que el vínculo que une a los judíos es la concepción de ayuda mutua y de tolerancia entre los hombres, y "el ideal democrático de justicia social". En nuestro país, un atraso significativo los lastima: mientras se ha consolidado la democracia, las autoridades de la DAIA aún no son elegidas por voto directo y las elecciones en la AMIA sólo movilizan a un puñado de socios.
La vida judía que late con milenaria alegría y con orgullo en miles de familias argentinas difícilmente se asfixie por estas dificultades, que han significado comprender que las agresiones y los golpes no siempre provienen de afuera.
Por todo esto, quizás esta colectividad ofrezca como ninguna otra la posibilidad de palpar rápidamente a la sociedad argentina en temas centrales como el funcionamiento de la Justicia, la evolución de la clase media, las respuestas ante la pobreza, la lucha contra la corrupción y la tolerancia ante lo diferente.
El autor es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Acaba de lanzar el libro Los judíos y el menemismo (Sudamericana).






