Julián Álvarez, el mejor alumno camporista del "vamos por todo" en el mundo judicial

Viceministro de Justicia sin carrera, colocó a militantes de La Cámpora en sectores clave del ministerio e impulsa a jueces y camaristas K
Laura Di Marco
(0)
22 de diciembre de 2013  

Hijo político de la Presidenta, Julián Álvarez no sólo tiene, a los 32 años, más influencia que el propio ministro de Justicia -muchos aseguran, dentro del Ministerio, que él es el verdadero ministro, por sobre Julio Alak-, sino que su rol, dentro del mundo judicial, es la perfecta puesta en acción del "vamos por todo".

Fiel expresión de La Cámpora y del kirchnerismo duro, el ADN político del viceministro de Justicia incluye la defensa cerrada de los funcionarios oficialistas investigados por corrupción y el respaldo a la embestida del Gobierno contra el fiscal José María Campagnoli; el desprecio político por quienes discrepan de su visión de la Justicia (y del mundo); la aplicación de un "cepo informativo" sobre las áreas que controla dentro de su Ministerio -por ejemplo, la negativa de la Inspección General de Justicia (IGJ) para brindar información, luego del caso Ciccone-, y ese desfase tan típicamente kirchnerista entre el discurso y los hechos.

"Es el verdadero ministro de Justicia en las sombras; tanto es así que apenas asumió se dedicó a colonizar las áreas estratégicas del Ministerio echando a los funcionarios de carrera y colocando a su gente", describe Jorge Rizzo, presidente del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal.

Su despacho está ubicado en el séptimo piso del edificio de Sarmiento 329, en plena City porteña, dos pisos más arriba que el del ministro Alak, con quien efectivamente no consulta sus movimientos. "Nosotros estamos aquí por Cristina, así que sólo nos reportamos a ella", ha dicho en más de una oportunidad.

En los últimos días hizo gala de su militancia cristinista cuando en conferencia de prensa conectó los saqueos con una conspiración desestabilizadora, fruto de una supuesta maniobra del massismo, sin aportar ninguna prueba.

Que su puesto se lo debe a la Presidenta es estrictamente cierto: fue ella quien el 20 de diciembre de 2010 lo designó en el alto cargo que ocupa, sin contar con ningún antecedente en el Poder Judicial, tanto que, en Comodoro Py, sigue siendo considerado un advenedizo.

Al pie de la letra

Sin embargo, su verdadero mentor en el poder y quien se lo recomendó a la Presidenta fue Eduardo "Wado" de Pedro, el influyente "monje negro" y cerebro de La Cámpora, quien había sido socio de Álvarez en un estudio jurídico que ambos fundaron en 2006. El secretario camporista tiene una maestría en Filosofía del Derecho y es especialista en Derecho de Daños.

Nació el 5 de agosto de 1981 en Lanús, e inició su actividad como abogado en mayo de 2005. Un año más tarde fundó con De Pedro el estudio jurídico, dedicado a daños y perjuicios. Y paralelamente, junto con Javier Rodiño -un polémico abogado, acusado de cohecho, a quién Álvarez impulsa ahora como camarista civil en Lomas de Zamora-, fundó otro estudio, en Lanús. Según declara formalmente, abandonó ambos estudios cuando se convirtió en funcionario.

"Cumpas, a partir de ahora nos tenemos que meter en cada uno de los resortes del Estado; meter 500 cuadros propios en lugares estratégicos, si queremos el poder real", dijo Wado poco después de la muerte de Néstor Kirchner, en la intimidad de una reunión camporista. Su ex socio parece haber tomado nota de aquella frase al pie de la letra.

En apenas tres años como número dos de Justicia, se convirtió en el principal vocero de la fracasada reforma judicial; avaló nombramientos de jueces y camaristas afines al Gobierno -de hecho, uno de sus hombres de consulta es el juez federal Sebastián Casanello, que investiga al empresario ultrakirchnerista Lázaro Báez-; apadrinó listas para copar los colegios de abogados en distintos distritos y, tal como asegura Rizzo, colonizó con su gente lugares estratégicos en áreas clave de su Ministerio.

La Inspección General de Justicia (IGJ), que dirige su amigo Luis Rodolfo Tailhade, es apenas un ejemplo: impulsó un "cepo informativo", que comenzó a aplicarse en el organismo semanas después del estallido del caso Ciccone.

Integrantes del mundillo judicial de la provincia de Buenos Aires aseguran que Álvarez y sus amigos también están intentando colocar funcionarios judiciales afines -camaristas, sobre todo- en distritos bonaerenses con la ayuda del senador Santiago Carreras, el joven K que controla la Comisión de Acuerdos de esa cámara.

En la Facultad de Derecho de la UBA, mientras estudiaba, Álvarez se acercó a la agrupación de izquierda independiente que fundó Mariano Recalde en los 90, Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), a la que también pertenecían egresados de la UBA, y donde militaban De Pedro, el presidente de Télam, Santiago "Patucho" Álvarez, y Franco Vitali, entre otros jóvenes de la agrupación liderada por Máximo Kirchner. Casanello, de hecho, sintoniza con NBI.

Álvarez también es muy amigo del presidente de Aerolíneas, tanto que una de las inconsistencias en las declaraciones juradas de Recalde, y por las cuales la ex ministra Graciela Ocaña lo denunció por enriquecimiento ilícito, apunta a una extraña maniobra que los involucra a ambos. Recalde declaró, en 2009, haberle prestado a Julián Álvarez 25.000 dólares: el problema es que el viceministro no registra deudas en ese año. Amigo generoso, Recalde le prestó aún más en 2010: 89.000 dólares. Los expertos aseguran que los "préstamos" son maniobras para "dibujar" declaraciones juradas. Claro que tiene que hacerse entre íntimos. Y un detalle: Álvarez no está imputado en esa causa.

Durante el conflicto con el campo, y con la declamada intención de impulsar una Justicia más cercana al pueblo, Álvarez y sus amigos crearon la agrupación Abogados por la Justicia Social (AJUS). Sin embargo, en marzo de 2011 y ciertamente muy lejos de los sectores más humildes del partido de Pilar, el funcionario camporista festejó a lo grande su casamiento con la abogada Virginia Lynn, en el Sheraton pilarense.

Un párrafo aparte merece su actuación en Lomas de Zamora, su departamento judicial, donde perdió 37 a 63 en la última elección del Colegio de Abogados, que actualmente dirige Diego Molea, su archirrival en el conurbano. "Álvarez quiere ser jefe comunal de Lanús, y para eso necesita aquí un anclaje institucional, que no tiene y está desesperado por lograr. Han gastado fortunas en las últimas elecciones; de hecho, la lista Azul y Blanca (camporista) distribuye gratuitamente en los Tribunales de Lomas libros costosísimos de derecho público y privado, hechos en el Ministerio, para lograr adhesiones. Cuando perdieron no lo soportaron, e hicieron un colegio de abogados paralelo, con call center propio. Y cuando presentan un proyecto en el Colegio, llaman a Télam para hacer publicidad", dice. En Lomas ya logró meter un camarista penal, Martín García Díaz.

El inexperto Julián Álvarez parece haber comprendido a fondo dos principios fundamentales de la realpolitik , o de la vieja política, a la que aludía su amigo Wado. El primero dice que quien maneja los jueces maneja el poder. Y el segundo que, para construir poder, hay que blindarse jurídicamente, con camaristas y jueces afines. Con apenas 32 años y tres en el ejercicio del alto cargo que ocupa, no parece poco.

  • Nombre y apellido: Julián Álvarez
  • Edad: 32 años
  • Militancia: se recibió de abogado en la UBA, donde militó en la agrupación que reunía a muchos futuros camporistas. Entre 2005 y 2010, trabajó en sus estudios jurídicos.
  • Recién llegado: sin antecedentes en el Poder Judicial, fue designado viceministro de Justicia en 2010. Allí, casi como ministro de hecho, colonizó con su gente varios lugares clave.
  • ADEMÁS

    MÁS leídas ahora

    ENVÍA TU COMENTARIO

    Ver legales

    Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

    Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.