
Keynes y la Argentina
Por Saturnino M. Zemborain Para LA NACION
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El entorno gubernamental y el presidente Néstor Kirchner consideran que para salir de la crisis económica argentina se deberían aplicar las políticas del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, de 1930. Muchos comentaristas de la televisión y los diarios adoptaron estas ideas. La crisis mundial de 1929 azotó a los Estados Unidos con cierres de bancos, parálisis industrial, excedente de cosecha sin exportar y 10 millones de desocupados.
La realidad objetiva es que este plan fracasó. Los desocupados sólo pudieron trabajar cuando los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial (1941).
El economista inglés John M. Keynes fue el padre intelectual de esta política. Donde realmente tuvo éxito su doctrina fue en la República Argentina. LA NACION publicó algunas notas sobre este tema.
El caos económico de 1929 repercutió en la República Argentina, y dio origen a una de las mayores crisis de su historia.
Se cerraron los mercados de exportación y se suspendieron las inversiones reales extranjeras. A esto se le sumó una gran crisis bancaria en todo el territorio argentino y una desocupación muy alta en la Capital Federal. El objetivo del presidente Agustín P. Justo, elegido en 1932, fue paliar la crisis. Para ello consideró un presupuesto y gasto reducidos, y la sanción de una serie de leyes que crearon instituciones para legislar sobre bancos, producción y obras públicas.
Se creó el Banco Central (Bosch y Prebisch), se dictó la ley de crédito agrario, aplicado por el Banco de la Nación Argentina (Santamarina), se crearon la Junta Nacional de Granos (Coni), Vialidad Nacional (Allende Posse), Ferrocarriles (Nougués), YPF (Silveyra), Obras Sanitarias (Buty), Riego (Ivanisevich), Junta de Carnes, de Azúcar, de Yerba Mate, de Algodón, IMIN (Pereda), Parques Nacionales (Bustillo), etcétera.
En dichas instituciones se ingresaba por concurso riguroso. Con un férreo manejo del presupuesto nacional, una recaudación impositiva creciente y un sistema de información y control de calidad de las exportaciones por los organismos correspondientes, más la aplicación de créditos especializados a la producción y un programa de industrialización forzada, la crisis se superó rápidamente. La desocupación casi desapareció y aumentaron las exportaciones. Entre otras cosas, se exportaron heladeras a Brasil y a Chile. La Argentina nuevamente se ubicó en los niveles de PBI de Australia, Canadá y Nueva Zelanda.
El experimento de Keynes en la Argentina fue un éxito por la legislación y la creación de organismos estatales. La administración de esos organismos fue un ejemplo para el mundo.
Para comprender el plan, creemos necesario indagar en los antecedentes de los actores que formaron el gobierno de la década del 30.
El general Justo fue militar de carrera, pero además se recibió de ingeniero. En la década del 20, conformó un grupo de estudio con Mosconi, Baldrich y Obligado (militares e ingenieros). Estos consideraron que la Argentina debería tener una industria autónoma de acero, petróleo, carbón, etcétera, para abastecer de armamentos y combustibles a las Fuerzas Armadas y a la creciente industria nacional.
Justo, con el grado de coronel, integró el Ministerio de Guerra del presidente Alvear. Contrató un grupo de geólogos norteamericanos con el fin de descubrir yacimientos de hierro, en la provincia de Jujuy.
En el área económica, casi todos los funcionarios fueron discípulos del profesor de la Facultad de Ciencias Económicas ingeniero Alejandro Bunge, que estudió Economía en Alemania y siguió la escuela proteccionista de este país.
Integraron el gabinete del ministro de Hacienda del doctor Rafael Herrera Vegas, durante la presidencia de Alvear. También formaron parte de una comisión de investigaciones económicas del Banco de la Nación Argentina. El presidente Justo los nombró en diversos cargos del área económica.
Los hombres clave del gobierno de Justo fueron Antonio Tomaso y Federico Pinedo. Ambos fueron discípulos del dirigente socialista Juan B. Justo. Este partido fue librecambista. Quería como moneda de cambio el oro y no el peso papel y un mínimo de intervención del Estado en la economía. Estos dos hombres crearon el Banco Central y las diversas juntas.
Barcos extranjeros
El presidente Justo conoció a casi todos los ingenieros en su condición de profesional. Este conjunto heterogéneo de profesionales era producto de la universidad estatal. Con esta rara mezcla de hombres de distintas ideologías y antecedentes políticos, el presidente Justo creó el Estado moderno.
Al principio de la Segunda Guerra Mundial, el presidente Castillo se incautó de los barcos extranjeros amarrados en los puertos argentinos. De esta forma se pudo movilizar el comercio exterior.
El golpe de Estado de los dirigentes políticos, generales y coroneles de 1943 quebró esta política de crecimiento económico. Decayeron las exportaciones, aumentó la importación de petróleo, la producción agrícola se estancó y lo mismo ocurrió con la industrial. Se sustituyó a los altos funcionarios por afiliados al partido gobernante y no era necesario el concurso para acceder a la administración. Se estatizó totalmente el comercio exterior, tanto de importación como de exportación. Los organismos del Estado que fueron modelo sobrevivieron gracias al esfuerzo de oscuros funcionarios que hacían andar la máquina lentamente.
Hacia 1950, el país dejó de crecer. Se tuvo la mala idea de comprar, con las libras esterlinas depositadas en Londres, los ferrocarriles, en vez de negociar la soberanía de las islas Malvinas. Además se comía pan de baja calidad y hubo una inflación creciente. Las exportaciones de carne servían para pagar las importaciones de petróleo. Mientras Canadá, Australia y Nueva Zelanda crecían, la Argentina se estancaba. Décadas después, el presidente Menem y su ministro Cavallo derogaron las últimas leyes de carnes, granos, etcétera, y eliminaron las instituciones respectivas.
El éxito argentino de Keynes se debía a una legislación progresista, a instituciones gubernamentales modelo y a funcionarios de primera línea.
Ello supuso la creación de un Estado modelo en un marco de libertad económica social.
Pero el esquema de 1930 es irrealizable en esta época, porque las condiciones geopolíticas, económicas y sociales han cambiado en el mundo. Nuestros competidores -Australia, Canadá y otros países- han realizado los cambios y reformas necesarias, mientras que la Argentina no lo ha hecho.
Los asesores que ayudaron a escribir el discurso del presidente Kirchner ante el Congreso no debieron citar a Roosevelt, sino a los presidentes Justo, Ortiz y Castillo.





