
Kim Jong Suk: el insondable hombre de Pyongyang
Se lo suele retratar como un demente dispuesto a destruir el planeta, pero muchos expertos creen que, más allá de las excentricidades, con sus amenazas de guerra total y el desarrollo de misiles capaces de golpear a Occidente, el líder norcoreano persigue objetivos más prácticos
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Los caricaturistas de Occidente suelen retratar a Kim Jong-Il en dos versiones más o menos clásicas: como un tirano paranoico que se engulle a los hijos de un pueblo hambreado o como un niño caprichoso, desesperado por llamar la atención cada vez que el mundo mira hacia otro lado. Es que la psiquis de este raro caso -único, en realidad- de monarca comunista es uno de los misterios más insondables de la política internacional. Y su reputación de playboy, su extraño batido capilar, su timidez patológica, sus gruesos anteojos y su 1,58 metros de altura contribuyen a construir una imagen fácilmente ridiculizable.
Las opiniones están ciertamente divididas respecto del líder norcoreano: unos creen que es un loco peligroso, un desquiciado dispuesto a hacer estallar el planeta en mil pedazos si pudiera, y otros, que semejante desmesura, por paradójico que parezca, no puede ser otra cosa que el producto de la mente perfectamente sana de quien sabe cuándo provocar, cómo negociar y dónde está el límite que nunca debe atravesar si quiere sobrevivir.
¿Atravesó Kim ese límite cuando, días atrás, probó su juguete más rabioso, el misil de largo alcance Taepodong II? Demente o no, sus nuevos ensayos misilísticos y el desarrollo nuclear del régimen estalinista han puesto en movimiento intereses que van mucho más allá de la península coreana o de la histórica enemistad con algunos de sus vecinos en esa parte del planeta. Con sus armas de destrucción masiva y sus amenazas de lanzar una guerra total, Kim es, al igual que Al-Qaeda o la gripe aviaria, cada vez más una preocupación global.
"Trabajé a su lado durante 40 años y todavía no he logrado comprenderlo -admitió tiempo atrás Hwang Jang Yop, un ex secretario del Partido Comunista norcoreano que en 1997 desertó a Corea del Sur-. Desde muy temprana edad, Kim dominó la mecánica del poder: aprendió a utilizar la violencia despiadada y el engaño para mantenerlo." En su ascenso y afirmación, miles de personas habrían sido enviadas a prisiones y campos de concentración.
Consultado por LA NACION, John Tkacik, especialista en asuntos asiáticos de la Fundación Heritage, describe al líder norcoreano como un "megalómano", "algo entendible -dijo- dado que Kim se crió bajo la protección de un padre todopoderoso". El problema, añadió, es que a este rasgo se suma un "impulso psicópata" identificable en dos atentados que se le adjudican: un bombazo en Rangoon (ahora Yangón, Myanmar) en 1983, en que murieron varios ministros surcoreanos, y el estallido en vuelo de un avión de Korean Air, en 1987, en el que murieron 115 personas.
Pero la insistencia en representar a Kim como un demente también puede responder al "interés occidental por menoscabar su régimen". Así lo ve Jorge Malena, profesor de Relaciones Internacionales de Asia en la Universidad del Salvador. Malena destacó que en la prensa asiática no se lo ve en esos términos, sino como un líder pragmático que, si ahora se anima a desafiar a Estados Unidos, es porque ve "una ventana de oportunidad" para negociar algún beneficio en momentos en que el gobierno de Washington -enfrascado como está en Irak- preferiría no abrir un nuevo frente de conflicto.
Son muy pocos los extranjeros que han tratado a Kim personalmente. Casi todo lo que se sabe de él proviene de versiones que a su vez provienen de versiones, y no hay mayores certezas al respecto. El aislamiento de Corea del Norte es casi total. Es un Estado ensimismado, casi clausurado. Y es tan estricto el control estatal que nada -o casi nada- escapa al ojo y al oído oficiales.
Detallista y actualizado
El propio Kim, se afirma, duerme sólo cuatro horas y en su oficina nunca se descansa: es un hervidero de colaboradores que permanentemente le acercan informes, a los que él, puntilloso en el detalle, responde con instrucciones rápidas y precisas, llamadas telefónicas a cualquier hora y un monitoreo constante de lo que se va a informar en la prensa local. Lo que informa la prensa extranjera poco importa a los fines propagandísticos del régimen: la población no tiene acceso a otros medios más que los estatales y tampoco a Internet.
Claro que ese asilamiento no rige para el mandamás. Tras su viaje a Pyongyang, en 2000, para reunirse con Kim, la ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright relató una anécdota que contradice también la noción de que el líder norcoreano vive en un encierro autista. Albright -que le había llevado de regalo una pelota de basquetbol firmada por Michael Jordan, a quien el dictador admiraba- contó que, al despedirse, Kim le pidió su dirección de correo electrónico, lo que sorprendió a los observadores porque sugirió una impensada adaptación a las nuevas tecnologías. Luego se supo que el líder norcoreano es un ávido internauta y que uno de sus tres hijos lo habría ayudado a ingresar en la era digital.
Se dicen cosas descabelladas acerca de Kim. En realidad, casi todo lo que tiene que ver con él suena a delirio. Se dice, por ejemplo, que tiene varias mansiones, en las que residen jóvenes secuestradas en Japón y otros países para -dicho con elegancia- hacerle compañía; que su colección de películas de Hollywood suma más de 20.000 títulos -todos prohibidos para el gran público- y que su entusiasmo por el cine lo llevó a ordenar el secuestro, en 1978, de un director surcoreano y su novia; que él mismo dirigió films y compuso al menos seis óperas; que bebe vino francés en grandes cantidades, aunque en los últimos tiempos lo habría cambiado por el cognac; que usa zapatos con tacos de diez centímetros para disimular su baja estatura; que le gustan los autos deportivos, salir de cacería y andar a caballo... las verdades, las versiones más disparatadas y la construcción sesgada del mito a menudo se mezclan y confunden, y Occidente aún no sabe cómo calibrar la afirmación de que el régimen tiene ya en su poder media docena de bombas atómicas.
Dos versiones
El culto a la personalidad comienza con el nacimiento de Kim. Según la versión oficial, nació el 16 de febrero de 1942 en una cabaña en el monte Paektu, la montaña más alta de la península coreana. Ese día, dice esta versión, un doble arco iris marcó el lugar y una estrella brillante iluminó el cielo. La realidad es que Kim nació un año antes, en una base militar del sudeste de lo que entonces era la Unión Soviética. Su padre, Kim Il-Sung, el "Presidente Eterno", estaba al frente de un batallón coreano del ejército soviético y cumplía desde allí misiones de reconocimiento en la lucha contra las fuerzas japonesas.
Derrotados los japoneses en 1945 y dividida en dos la península coreana, Kim Il-Sung fue instalado en el poder y pocos meses después toda la familia se mudó a Pyongyang. Comenzaba, bajo inspiración de la filosofía Juche -o confianza en sí mismo-, la construcción del "paraíso socialista" y el régimen no tardó en adquirir el sello personalista que aún conserva, que dio pie a la creación de la primera y única dinastía comunista de la historia. Kim Il-Sung afirmó su liderazgo, ordenó purgas, se rodeó de un pequeño círculo de confianza y pronto se convirtió en el "Gran Líder". A la muerte de su padre, en 1994, el joven Kim -que durante años había mantenido en difícil equilibrio las intrigas palaciegas, su ascenso en las filas del partido y en las fuerzas armadas, con los excesos de alcohol y las fiestas- heredó el título de "Gran Líder" y, según la prensa estatal, se convirtió en "el gran sucesor de la causa revolucionaria", el "Querido Líder" del pueblo norcoreano y varios etcéteras del estilo. En rigor, ya desde varios años antes de la muerte de su padre anciano y enfermo manejaba los destinos del país, pero pocos analistas en Occidente hubieran apostado entonces por su continuidad en el cargo.
De hecho, la diplomacia norteamericana y europea tampoco hubiera apostado por la supervivencia del régimen durante la hambruna de los años 90, en la que se estima que unos tres millones de personas perdieron la vida. Pero Kim no sólo retuvo el poder sino que lo afianzó, y -para espanto de muchos- con los escasos recursos disponibles hizo de la pequeña, pobre y aislada Corea del Norte una nación capaz de desafiar a las grandes potencias del mundo. Cada desafío -los incidentes aislados con Corea del Sur, las pruebas misilísticas de 1998 sobre cielo japonés, el anuncio de 2002 de que tiene un programa nuclear en marcha o aquel otro de 2005, según el cual posee ya varias bombas atómicas- pareció responder a una etapa negociadora: manipulador y algo temerario, cada vez que Kim tensó la cuerda obtuvo alguna ventaja a cambio, sea bajo la forma de ayudas financieras y alimenticias, garantías de seguridad o intercambios de tecnología.
¿Qué busca ahora Kim con el lanzamiento del misil Taepodong II, capaz de llegar a las costas de Estados Unidos? Según Jorge Malena, "el gobierno de Washington incumplió tres puntos clave del acuerdo marco de 1994, que puso fin a la primera crisis nuclear: abastecer a Corea del Norte de combustible, construir para 2003 dos reactores de agua liviana -moneda de cambio para que el régimen congelara su programa nuclear- y reconocer diplomáticamente a la República Democrática Popular de Corea", su nombre oficial. En este sentido, añadió, "declamar la posesión de armas atómicas y mostrar capacidad para golpear blancos distantes le otorgan al régimen norcoreano un gran poder de negociación habida cuenta de que este chantaje nuclear es lo que le puede asegurar la supervivencia".
Desde este punto de vista, provocar una nueva crisis puede parecer una medida absolutamente pragmática. Pero cuál es la cuota exacta de pragmatismo y cuál la de sinrazón es algo que se pierde inevitablemente en el secretismo del régimen de Pyongyang y en los laberintos mentales del inescrutable Kim.
Quién es
Primeros años
Nació en 1941 en una base militar del sudeste de la Unión Soviética, hijo mayor de Kim Il-Sung, entonces comandante de las fuerzas que luchaban contra la ocupación japonesa de Corea, y de Kim Jong Suk, quien murió siendo él un niño.
Ascenso y sucesión
Tras estudiar economía en la Universidad Kim Il-Sung, inició su ascenso en el Partido de los Trabajadores. Luego se puso al frente de las fuerzas armadas y, en 1994, sucedió a su padre. Se casó dos veces y tiene tres hijos varones. Aún no designó a su sucesor.




