
La amistad entre Perú y la Argentina
Por Hugo de Zela Para La Nación
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Los tratadistas y estudiosos de los temas internacionales hacen profundos análisis de las múltiples variables que intervienen en las relaciones entre países. Lo hacen con el afán de permitirnos comprender cómo esas relaciones se desarrollan y varían en el tiempo y por las diferentes circunstancias a que se ven sometidas. Sin embargo, hay un factor que generalmente se menosprecia. Es el hecho de que, en última instancia, las relaciones entre países son relaciones entre seres humanos, entre quienes habitan determinados territorios. Una comprensión profunda de los fenómenos internacionales no puede dejar de lado la consideración del fin último de todo Estado y gobierno, que es asegurar que quienes habitamos este planeta lo hagamos en paz y armonía y en común prosecución de nuestro bienestar.
Vista desde esa perspectiva, la relación entre la Argentina y Perú es una relación singular. Y lo es por múltiples razones, siendo la principal el afecto y respeto que nos tenemos peruanos y argentinos. Nuestra amistad es una de las constantes de la vinculación bilateral y es la base sobre la cual construir vínculos más diversos.
La historia nos brinda continuas pruebas de esta amistad singular que, ya entre naciones, se inicia en la gesta independentista cuando la Revolución de Mayo fue secundada por movimientos libertarios en el Virreinato del Perú, continúa con la proclamación de la Independencia de mi patria por el ilustre prócer don José de San Martín y alcanza momentos decisivos cuando muchos argentinos nos ayudan a consolidarla. Más adelante, en momentos muy difíciles para el Perú, a fines del siglo XIX, Roque Sáenz Peña pone en juego su vida al lado de sus hermanos peruanos.
También los peruanos hemos dado múltiples muestras de fraternidad argentinista. Recordemos a Juan de Dios Rivera, autor, en los tiempos aurorales de 1813, del sello y escudo argentinos. Recordemos también al mariscal Ramón Castilla, que auxilió con una pensión al libertador San Martín en su exilio europeo. Ya en años más cercanos, recordemos la efervescencia de solidaridad que ocasionó en el Perú el aciago conflicto por las Islas Malvinas.
Estos breves ejemplos son suficientemente significativos para demostrar la profundidad de la amistad entre los hombres de la Argentina y del Perú, que resulta en esta relación tan singular.
Pero hay que pensar también en el futuro... Hoy nos encontramos en un mundo crecientemente globalizado, complejo y con múltiples demandas. Es un mundo que requiere, con incrementada insistencia, que no perdamos, precisamente por esa globalización igualadora, nuestros rasgos más distintivos, aquello que nos hace ser lo que somos y que nos distingue a unos de los otros para conformar este mundo de diversidad en el que habitamos. Y aquí debemos recordar la fuerza que tiene nuestra pertenencia a esta privilegiada región del mundo. Somos americanos que provenimos de una antigua civilización, enriquecida con la llegada de inmigrantes, que dio valiosos aportes a la humanidad. Somos parte de una historia común que se produjo en una geografía que siempre nos unificó.
La vinculación económica y comercial recién ha empezado a recorrer el amplio camino que tiene por delante. Nuestro intercambio se refiere todavía a unos pocos productos y en cantidades aún modestas. En el plano de la inversión estamos en la etapa, por cierto muy dinámica, de descubrir las mutuas potencialidades. En esto, debe reconocerse, los inversionistas argentinos han tomado la delantera. Tenemos hoy una apreciable cantidad de empresas argentinas con crecientes intereses en el Perú. En cuanto a la vinculación entre la Comunidad Andina y el Mercosur, es indudable que corresponde a nuestros dos países una tarea de impulso y de constante renovación en el esfuerzo.
Vivir en democracia
En el plano cultural y del turismo estamos también empezando a recordarnos mutuamente. Son cada vez más frecuentes las visitas de nacionales de ambos países para dar a conocer su arte. Y son cada vez más los argentinos que visitan el Perú y recuerdan todo lo que nuestro país puede ofrecer en cuanto a cultura, paisajes, comidas, aventura y diversiones. Los peruanos, a su vez, hacen frecuentes visitas a esta hermosa Buenos Aires y a otras muchas localidades de este bello país.
Por otro lado, hoy felizmente gozamos ambos países de un bien inapreciable: vivimos en democracia. Tenemos allí una muy sólida coincidencia de principios y una tarea común por desarrollar. No es fácil vivir en democracia, como los últimos acontecimientos en el Perú lo prueban. La solidaridad internacional para asegurar que la democracia no se quiebre y ni siquiera sufra perturbaciones es una tarea que a todos nos convoca. Tal vez sea esta, hoy en día, el área en que mayor y más fuerte coincidencia exista entre la Argentina y Perú. La reciente Cumbre de las Américas es prueba clara de esto. En ella, las delegaciones argentina y peruana trabajaron codo a codo para asegurar que se produjera un avance sustantivo en este trascendente tema. La Cláusula Democrática que propuso la Argentina y la Carta Democrática, cuya iniciativa tuvo el Perú, fueron impulsadas de consuno y finalmente aprobadas por los Estados americanos que allí se congregaron.
Como se habrá visto en estas breves líneas, es mucho lo que se ha hecho, pero todavía es más lo que se puede hacer. La amistad singular de dos naciones, de la Argentina y el Perú, tiene aún por delante etapas de mayores logros. Por eso el presidente del Consejo de Ministros y canciller del Perú, embajador Javier Pérez de Cuéllar, efectuará a partir de hoy una visita oficial a estas tierras, atendiendo la honrosa y gentil invitación del presidente de la Nación, con la única intención de profundizar nuestra vinculación para brindar, juntos, nuestro aporte para un mundo mejor.





