La Argentina y el otro Mundial

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
En esta primera fase del Mundial de la Deuda, pudo librarse de un árbitro en el que nunca confió, como el FMI
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3 de junio de 2014  • 02:41

Días atrás, para la Argentina, se inició el Mundial. No nos referimos al que comenzará dentro de pocos días en Brasil, donde los 23 seleccionados por Alejandro Sabella buscarán que nuestro país se lleve la Copa del Mundo después de 28 años, sino al Mundial Financiero o al Mundial de la Deuda.

El equipo liderado por el ministro Axel Kicillof arrancó la semana pasada con una victoria en Francia, al cerrar finalmente un acuerdo con los países agrupados en el Club de París en términos que no pocos observadores consideraron favorables para el país, en tanto se consensuó un plazo de cancelación de cinco años (con opción a dos más) y una tasa de interés del 3% anual sobre saldos de capital.

También el gobierno de Cristina Kirchner consiguió un objetivo adicional –quizás el más importante en términos políticos para el oficialismo–: en esta primera fase del Mundial de la Deuda, pudo librarse de un árbitro en el que nunca confió, como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Un trabajo del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) expresa que la euforia ante el acuerdo de París es "arrebatada"

Las miradas desde sectores de la oposición y desde analistas económicos distantes del kirchnerismo, no obstante, son críticas, al punto de considerar el acuerdo con el Club de París como un triunfo demasiado costoso, como el de esos equipos que pasan a la siguiente ronda de un Mundial de Fútbol con demasiados jugadores lesionados. Es que la Argentina terminará pagando mucho más que los aproximadamente 6000 millones de dólares reconocidos como deuda seis años atrás, en tanto que el 88% de la nueva deuda de 9700 millones de dólares deberá ser afrontado por el próximo gobierno.

Sin margen para la euforia

Un trabajo del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) expresa que la euforia ante el acuerdo de París es "arrebatada", ya que "en un contexto de déficit fiscal muy alto y creciente, recuperar el crédito puede ser destructivo".

El estudio indica que la abundancia de crédito a muy bajas tasas de interés en el mercado internacional es una oportunidad que la Argentina viene desaprovechando desde hace una década. "El acuerdo con el Club de París podría ser el camino para contar con los recursos necesarios para proyectos de infraestructura de alta relevancia. Pero bajo las actuales condiciones de inversión en la Argentina, es muy poco probable que esto ocurra", señala. Por el contrario, estima que el entendimiento con los acreedores podría permitirle emitir deuda en mercados internacionales a un "gobierno en retirada" que buscará "llegar al fin de su ciclo sin corregir las malas políticas que viene aplicando".

El endeudamiento sería un paliativo para la inflación, pero no atacaría el problema de raíz, representado por el excesivo gasto

En un sentido parecido, el economista Miguel Angel Boggiano, profesor de la Maestría en Finanzas de la Universidad de San Andrés, sostuvo que en el mediano plazo, el acuerdo de París podría restarle presión al dólar en la Argentina, dado que el país estaría en condiciones de endeudarse a tasas razonables y así poder financiar una parte del gasto público con deuda, en lugar de hacerlo con emisión monetaria. El problema es que "se estaría endeudando para contener la inflación sin hacer lo que debería: reducir su gasto". Así, el endeudamiento sería un paliativo para la inflación, pero no atacaría el problema de raíz, representado por el excesivo gasto.

El partido clave

De todas formas, el partido clave del Mundial Financiero se jugará a partir del 12 de junio. Y no se disputará en San Pablo ni en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, sino en Washington. Más precisamente, en la sede de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, que deberá decidir si acepta o no abocarse al juicio entre la Argentina y los "holdouts" , como se conoce a los tenedores de bonos que no aceptaron los sucesivos canjes de deuda ofrecidos por las autoridades argentinas.

Si la Corte norteamericana no aceptara intervenir, la Argentina no sólo estaría obligada a abonar algo más de 1300 millones de dólares a los grupos inversores que la demandaron y fueron beneficiados por la justicia de los Estados Unidos en instancias previas. Nuestro país podría verse, además, envuelto en una catarata de juicios por parte de buena parte de los bonistas que aceptaron entrar en los canjes de deudas anteriores, con importantes quitas, quienes alegarían la cláusula Rights Upon Future Offers (RUFO), que obliga al país a no presentar nuevas ofertas superiores a las aceptadas por ellos. Y, en este caso, la Argentina sufriría una derrota que le costará mucho asimilar.

El partido clave del Mundial Financiero se jugará a partir del 12 de junio. Y no se disputará en San Pablo ni en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, sino en Washington

Los restantes escenarios posibles serían que la Corte estadounidense resuelva abocarse a la cuestión con los "holdouts" o bien que pida la opinión del procurador general del Tesoro. En ambos casos, la Argentina ganaría un tiempo precioso, que la mantendría dentro de la competencia.

Esto sería así porque si el tiempo pasa y se atraviesa todo el año 2014 sin definiciones, el gobierno argentino podría efectuarles a los "holdouts" una oferta superior a la que aceptaron en los canjes previos los bonistas, sin miedo a una lluvia de demandas judiciales. La razón es que, en 2015, ya no regiría la cláusula que obliga al país a presentar ofertas iguales o inferiores a quienes no hayan entrado oportunamente a los canjes de deuda.

Este sería el mejor escenario para la Argentina en el Mundial de la Deuda.

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