
La autopista de Puerto Madero
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Por fin se llegó a un entendimiento respecto de la controvertida traza de la denominada autopista de enlace, que atravesará Puerto Madero para interconectar las autopistas Buenos Aires-La Plata y Arturo Illia. Será construida en túnel, según se informó, por debajo del tendido ferroviario portuario, y estará ubicada entre las avenidas Ingeniero Huergo-Eduardo Madero y Alicia Moreau de Justo.
El futuro viaducto no irá por las alturas, tal como había sido proyectado hace varios años; esa modalidad había sido objetada por numerosos urbanistas y por todos los vecinos del flamante barrio porteño. Tampoco atentará contra la integridad de la Reserva Ecológica. Y también fue descartada la propuesta de que pasara bajo la avenida Costanera Sur o la más osada y costosa idea de que fuese subacuático y corriese bajo los diques del antiguo amarradero, ahora convertido en prestigiosa zona residencial y concurrido centro gastronómico.
El dilatado lapso que demandó encontrar esa solución -al parecer definitiva- debería garantizar que el esbozo elegido por los representantes del Gobierno de la Ciudad, de la Corporación Puerto Madero y del Organismo de Control de Rutas y Accesos a Buenos Aires (Ocraba) será el más adecuado para lograr la intención de eliminar dos factores adversos de considerable magnitud. Según han informado, la traza subterránea provocará escaso impacto ambiental y no se interpondrá entre el nuevo barrio y el resto de la ciudad. Así y todo, otros urbanistas interpretan que la construcción de la autopista será muy costosa y que durante el período que requerirá completar sus tres kilómetros de extensión causará dificultades al tránsito que deba circular por Puerto Madero. Es previsible que todavía habrá otros aportes para resolver esos dilemas. Se ha llegado a un acuerdo; pero aún falta elaborar el diseño definitivo del proyecto y, además, habrá que conseguir más recursos de financiación. La empresa que se encargará de ejecutar la obra había confeccionado el presupuesto cuando aún estaba prevista la autopista elevada; sumirla bajo tierra requerirá -se estima- un sobrecosto de alrededor de 140 millones de pesos.
Dado que el proyecto ya ha sido largamente infectado por el virus de las demoras -al parecer endémico en casi todas las obras públicas que se efectúan en el país-, sería prudente tomar nota de esas observaciones para volver a analizarlo, de manera tal que no quede sin despejar ninguna incógnita acerca de si es factible y oportuno. No se trata de una obra sencilla y barata; por lo tanto, la decisión final tendrá que ser adoptada con plena convicción de que será la más conveniente para la ciudad y para sus habitantes.





