La base china en la Patagonia

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6 de abril de 2017  

El vertiginoso ascenso de China como nueva potencia mundial se refleja de muy distintas maneras. Una de ellas es la que alimenta su ambición nacional de tener una presencia espacial significativa. Debido a esa ambición, en un predio de unas 200 hectáreas en Bajada del Agrio, Neuquén, se está terminando la construcción e instalación de una base de apoyo a sus misiones espaciales.

Será la segunda base extranjera, dado que, en Malargüe, ya está operando una base científica de la Agencia Espacial Europea.

La obra civil de la nueva base ha sido terminada. Allí está ahora emplazada una imponente antena de unas 500 toneladas de peso y treinta y cinco metros de diámetro, que está aún poniéndose a punto. La base genera, además, su propia energía eléctrica y puede alojar a medio centenar de personas.

El polémico acuerdo que en su momento permitió su construcción data de 2012 y fue suscripto por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Las fundadas preocupaciones apuntaron inmediatamente a su posible uso con fines militares y al hecho innegable de que estará operada por una entidad que, pese a sus objetivos científicos, en realidad forma inequívocamente parte integral de las fuerzas armadas chinas. La inauguración de la nueva base que operará China en nuestro territorio es inminente.

El gobierno que preside Mauricio Macri suscribió, a mediados del año pasado, un importante complemento al acuerdo original que concedió a China la base por espacio de medio siglo, en el que se aclara explícitamente que la base sólo se utilizará para fines científicos y pacíficos, excluyendo específicamente cualquier tipo de uso militar.

Nuestro país, que puede disponer del uso de la enorme antena de la base en un 10% para sus propios proyectos, que aún no han sido precisados, incluyendo en ello una posible participación universitaria, tiene a su disposición una zona particular en la propia base, donde la Comisión Nacional de Actividades Espaciales podrá realizar sus labores científicas.

Es hora de transparentar con la mayor seriedad y especificidad todo lo que en adelante haremos respecto de esta base. Se trata de un asunto muy delicado porque incluye, naturalmente, no sólo cuáles serán nuestras propias salvaguardias soberanas concretas respecto de la labor del ente chino que trabaje en la base, sino además cuáles serán las tareas científicas que realizaremos nosotros con un recurso al que, con algunas limitaciones, podremos acceder para desarrollar desde allí los proyectos científicos propios.

A medida que la labor avance, será asimismo necesario contar con un mecanismo permanente destinado a informar, con el mayor detalla posible, a toda nuestra ciudadanía acerca de la labor allí desarrollada por China y por la Argentina en el capítulo de la investigación espacial y en cualquier otro que pudiera involucrar la base y al personal nacional y extranjero.

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