
La batalla del Colón
¿Cuánta gente trabaja en el Colón? "La mitad." No es un chiste, sino la respuesta de Pablo Batalla, director ejecutivo del mayor coliseo del país que consume el 40 % del presupuesto de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Batalla es un economista de 36 años, graduado en la UBA, que fue director de Presupuesto de la comuna cuando Rodríguez Giavarini era secretario de Hacienda del Gobierno de la Ciudad.
Habla sin pelos en la lengua y está decidido a terminar con el problema crónico de la enorme planta estable, que se volvió agudo por las horas extras, justificadas en un reglamento que ya es historia.
Los números son impiadosos. El Colón tiene 1351 empleados, 945 de la planta permanente, 53 de planta temporaria y 353 contratados. El costo medio por espectador es de 220 pesos y la recaudación promedio, de 70 pesos. Según revela un informe de reforma de gestión presentado a la Legislatura, en los últimos cuatro años pagó 4,5 millones de pesos en concepto de horas extras. Es un lujo. Y su gestión, un problema.
Como el Louvre para Francia o el Prado para España, es mucho más que un teatro. Es un símbolo cultural de la Argentina, un argumento para el turismo y un recurso no renovable.
Ese mismo escenario -tan civilizado y universal en una función de gran abono- se ha convertido en el ámbito de una pelea de fondo que lleva varios años y algunos paros. Desde el rincón de las finanzas, Batalla -con el apoyo del secretario de Cultura, Jorge Telerman- cree que el nuevo reglamento será el primer paso para una estrategia de "micromanagement", que permita resolver uno por uno los problemas concretos. Si el Colón funciona será una buena señal para el país.
En la sección Espectáculos de hoy, Emilio Basaldúa, director artístico del teatro, anticipa la programación de 2002 y defiende la calidad por encima de las urgencias del corralito financiero. Sin bajar la guardia, el Mozarteum Argentino se prepara para festejar sus 50 años con una programación superlativa; mientras tanto, el gran teatro espera que se acuerden de su infraestructura.
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Uno de los componentes fundamentales del prestigio y renombre de Teatro Colón, entre los principales teatros líricos del mundo, es su excepcional arquitectura. El proyecto, aprobado en 1880, fue presentado por Angel Ferrari y diseñado por el italiano Francisco Tamburini, entonces inspector general de Arquitectura de la Municipalidad y autor de la remodelación de la Casa Rosada, del Departamento Central de Policía y de la residencia del presidente Juárez Celman. El edificio comenzó a construirse en 1890. La crisis lo paralizó y la obra anduvo a los tumbos hasta que, en 1908, se inauguró triunfalmente, un 25 de Mayo, con "Aída".
La pelea de fondo, que mantiene enfrentados a funcionarios con un sector de los trabajadores por la letra chica de un reglamento, no debería empañar esta historia de grandeza. Tampoco confundir las prioridades.
Hay un crédito del BID, extendido por Enrique Iglesias, que espera para ser utilizado en infraestructura y, vaya coincidencia, los techos de nuestro mayor coliseo reclaman urgente una reparación. Argentinos, a las cosas, dijo Ortega.





