
¿La ciudad de los indiferentes?
Por Norberto H. García Rozada
1 minuto de lectura'
Ayer por la tarde, a eso de las 15, quienes transitaban por San Martín y Tucumán rumbo al Bajo "en ese lugar y a esa hora, casi nadie en trance de pasear", tenían que descender a la calzada. Les impedía seguir por la acera una desprolija pila de cajones atestados de frutas y verduras, descargados de una camioneta y con destino seguro en la cocina de algún establecimiento gastronómico próximo.
El grato aroma de la albahaca recomponía el olfato maltratado por la forzosa aspiración de los acres efluvios de los escapes y los desperdicios de variada índole; agraviaba el ánimo, en cambio, la perversa ocupación del especio público destinado a los peatones.
¿Qué hacer? La infracción a las disposiciones que rigen la carga y descarga y el estacionamiento era flagrante, hasta diríase alevosa. ¿A quién recurrir? ¿Quién se ocupa de fiscalizar esas situaciones tal vez minúsculas pero cuya suma hasta pondría de mal talante a un santo? Bendita defensa del espacio público, tantas veces citada a guisa de bandera de combate como puesta en práctica sólo cuando conviene.
¿Indiferencia o indiferentes?
La ciudad, según se suele decir, es indiferente. Lugar común perpetrado sin reparos ni mayores fundamentos. ¡Suena bien y basta! En realidad, las ciudades ni son indiferentes ni son sensibles: van hacia donde los hombres quieren que vayan.
A Buenos Aires se le suele achacar ése y otros defectos. Es injusto. Si la ciudad se ha vuelto egoista y fría "calificativos de por sí opinables" ha sido porque, sea por lo que fuere, su gente, salvo excepciones (¡por suerte las hay!) vive para la conveniencia inmediata y particular de su universo personal.
¡Que se preocupen quienes cobran por preocuparse! El individualismo predominante "coinciden contritos analistas" también hace que la autonomía, concedida a la ciudad para que pueda resolver por sí misma las cuestiones estrictamente locales, siga sujeta a condicionamientos manifiestamente parcializados o demasiado contemporizadores.
Un desafío
Hay una acción en curso para que la justicia nacional u ordinaria se convierta en justicia local. Determinación denostada si las hubo. Tanto que hasta se llegó a exagerar que se trata de una maniobra del Fondo Monetario Internacional.
Interpretaciones jurídicas de buena fe, denuestos injustificados y exageraciones infundadas mediante, al público lo tiene sin cuidado ese traspaso. . . , tan sin cuidado como las veredas usurpadas y otras yerbas.
Sólo así se justifica que haya pasado inadvertida una declaración emitida por el Encuentro de Jueces, autodefinido como un nucleamiento de magistrados "nacionales y federales, de ambas instancias y de todos los fueros, que preocupados por la actual situación del Poder Judicial de la Nación, han encaminado sus esfuerzos para contribuir en lo posible a una administración de justicia eficaz e independiente".
En ese análisis (publicado el 15 del actual por la revista La Ley) se propone que más allá de los argumentos en favor de la transferencia o en contra de ella, sea cambiado el enfoque porque "entendemos que los problemas fundamentales que hoy aquejan a la justicia argentina son mucho más graves que los agitados a partir del eventual traspaso. . .".
Fundamentos al margen (tendrán cabida más adelante), la propuesta plantea el desafío de no interpretar el traspaso como una "meta en sí misma" sino como una oportunidad, "no única ni mágica pero sí promisoria, para empezar a gestar, a partir de un ámbito jurisdiccional nuevo, ciertos objetivos que siempre han sido muy caros para toda la magistratura de nuestro país...".
En suma, dar forma a una "nueva imagen", que "no puede ni debe lograrse mediante operaciones publicitarias sino exhibiendo una justicia profundamente renovada". La Ciudad de Buenos Aires, se afirma, "podría liderar ese cambio". Esperanza por lo menos merecedora del debate esclarecedor que el documento sugiere y acepta. Si es que la iniciativa, por supuesto, no naufraga en la indiferencia de quienes aceptan que les obstruyan las veredas con verduras siempre y cuando el obstáculo no les impida llegar a su destino.





