
La ciudad que fue borrada del mapa
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"En el artículo «La construcción del espacio virtual», publicado el 29 de diciembre, se pone en boca de Catón la frase Cartago delenda est («Cartago debe ser destruida»)", escribe Guillermo E. Nieuwenhuisen.
"No es la primera vez que leo aquella frase y su aclaración en castellano -continúa-. Sin embargo, mis profesores de latín e historia, allá por el año 1940, enseñaban que Catón terminaba cada discurso suyo con la frase Ceterum censeo Carthago esse delendam («Además opino que Cartago ha de ser borrada»), mientras que era Scipio Africanus quien, después de haber arrasado la ciudad y matado a todos sus habitantes masculinos, mandó al Senado un escueto Carthago delenda est («Cartago ha sido borrada»)."
En el mismo sentido escribe Jaime Javier Cornejo Saravia:
"El senador Marco Porcio Catón el Censor jamás dijo Delenda est Cartago (presente de indicativo) pues, él sí, hablaba bien el latín. Lo que sí dijo, y lo repitió durante diez años, fue el famoso (y siempre mal transcripto) Praeterea censeo Carthaginem esse delendam , «soy también de la opinión de que destruida sea (subjuntivo) Cartago». Lo usó como un latiguillo abrumador al finalizar cualquier tema que se tratara entre sus pares.
"Jamás la vio destruida, ya que murió tres años antes de que esto ocurriese. Tampoco Aníbal, «cuyo espíritu no sucumbió a la sal del odio imperial» (¿imperial cuando estaban todavía?y por mucho tiempo, en la República?), como dice el autor de la nota, pudo ver la capa de sal con que secaron a su patria. Había muerto treinta y cinco años antes de que comenzara la Tercera Guerra Púnica", finaliza Cornejo Saravia.
Tienen razón los lectores en cuanto a que Catón no decía Delenda est Carthago al finalizar sus intervenciones en el Senado (yo no me atrevería a decir que nunca lo dijo). Tampoco podemos decir exactamente qué decía porque no conservamos ningún discurso suyo para confirmar que, cualquiera que hubiese sido el tema, lo terminaba: Ceterum censeo Carthaginem (no Carthago) esse delendam ("Y además opino que Cartago debe ser destruida"). Porque la información nos ha llegado indirectamente por autores posteriores.
Es muy posible que dijera Carthaginem esse delendam o Carthaginem delendam porque al decir censeo (se pronuncia kénseo), `opino´, que es el verbo que usaban los senadores cuando daban su opinión, la proposición enunciativa de estilo indirecto debía construirse así, con acusativo ( Carthaginem ) más infinitivo ( esse delendam ). Pero, si se cita solamente lo que opinaba y la proposición de estilo indirecto se convierte en una oración independiente, hay que decir, como se dice en la nota: Carthago est delenda ("Cartago debe ser destruida"), con el sujeto en nominativo y el verbo en indicativo. Es muy frecuente citar el dicho de Catón en forma incompleta y por eso se usa esta construcción. Y aclaremos que en ninguno de los dos casos se usa el modo subjuntivo. Y que la destrucción de Cartago no puede haber sido anunciada con la frase delenda est («debe ser destruida»), sino con la frase deleta est («ha sido destruida»).
No es incorrecto traducir el verbo delere por `destruir´. Este verbo significa básicamente `borrar´ (en este sentido se ha conservado su raíz en palabras como indeleble y en el nombre del dele, el signo con que en las pruebas de imprenta se indica que algo debe ser suprimido) y de ahí pasa a significar `suprimir´, `eliminar´, `destruir´.
Considera uno de los lectores inapropiado que se haya hablado de "odio imperial" en relación con hechos del siglo II antes de Cristo. Es cierto que la forma de gobierno que nosotros (no los romanos) llamamos imperio fue adoptada mucho después, pero la palabra imperio tiene varias acepciones y en aquellos tiempos Roma ya tenía y quería seguir extendiendo un imperio fuera de Italia.
Guerra preventiva
Uno de los lectores menciona a "Scipio Africanus", es decir, Escipión el Africano, como el destructor de Cartago. Esto puede llevar a confusión. No se trata del primer Africano, el vencedor de Aníbal, sino de su nieto por adopción, conocido como Escipión Emiliano porque su padre biológico era Emilio Paulo. Los sobrenombres personales se convertían a veces en hereditarios y Publio Cornelio Escipión Emiliano empezó a ser llamado Africano incluso antes de su victoria sobre Cartago.
Este segundo Africano que destruyó Cartago era uno de los romanos que opinaban que Cartago no debía ser destruida. Tras la derrota de Aníbal en Zama había quedado tan debilitada que no era ninguna amenaza para el afán imperial de Roma. Pero la opinión de los que se oponían a la guerra no pudo contra Catón y su insistencia en una guerra "preventiva". Este payasesco personaje, al que Cicerón en el diálogo Sobre la vejez que lo tiene como protagonista hace decir que su mayor placer es desparramar estiércol, no solo machacaba al final de todos sus discursos con que Cartago debía ser destruida. Cuentan que un día se presentó en la Curia con un higo fresco y preguntó a los senadores si sabían de dónde venía esa fruta. "Es de Cartago", se contestó a sí mismo, queriendo significar que así como el higo podía llegar sin echarse a perder, con igual rapidez podía llegar el enemigo sobre Roma.
Cartago no producía petróleo, pero, si es verdad que los romanos echaron sal sobre su suelo, seguramente la echaron sobre una superficie muy pequeña. Porque en los siglos que siguieron los fértiles campos del norte de África abastecieron a los romanos, cuya agricultura estaba en crisis, en gran medida por las frecuentes guerras de conquista en las que se embarcaban.
Lucila Castro recibe las opiniones, quejas, sugerencias y correcciones de los lectores por fax en el 4319-1969 y por correo electrónico en la dirección dialogos@lanacion.com.ar.





