La conmoción del 11-S
¿Por qué el 11 de septiembre nos hizo pensar que cambiaba el curso de la historia? Por un efecto inverso al que denominaba McLuhan "espejo retrovisor", que supone leer el futuro en el espejo del pasado. En este caso, lo que sucedió es que se proyectó al futuro la inédita conmoción del evento presente, y eso se tradujo en una interpretación anticipada e hiperbólica de un cambio de era para la que carecíamos de imágenes en el espejo. Se proyectó al futuro un inmenso impacto emocional y se le buscó un correlato interpretativo que pudiera estar acorde. El 11-S fue un cisne negro, en los términos que describe Taleb a este fenómeno, un acontecimiento altísimamente inesperado. Pero el poder de esas imágenes, y el estupor que causaron, hicieron imaginar una nueva especie histórica en ciernes, una entera mutación de cisnes blancos por cisnes negros. Cosa que finalmente no ocurrió. O, si está ocurriendo, no es por el 11-S.
No fue el atentado de Al-Qaeda lo que cambió la historia. El atentado produjo un espectáculo demoledor al que asistieron cientos de millones de personas en tiempo real, que sintieron por primera vez, la vulnerabilidad de los Estados Unidos. Esas imágenes fueron un símbolo de una fragilidad que hasta entonces era impensable, en un contexto en el que Estados Unidos se recortaba como el mayor factor de poder que habría por años. Es posible, entonces, más allá de la horrible tragedia humana que supuso, que lo que estuviera simbolizando la caída de las Torres Gemelas fuera esa fragilidad. Pero esto, que puede que haya sido señalado sincrónicamente por las imágenes, fue leído prematuramente como una causa.
También los Estados Unidos sintieron esa vulnerabilidad, y reaccionaron a ella reforzando provisionalmente una lectura unilateral del mundo y engarzándose en las guerras de Irak y Afganistán, con lo cual, con toda la ironía histórica que ello supone, cayeron en la trampa de tener que demostrar el propio poder y se auto-infligieron más daño aún en términos de pérdida de liderazgo y de debilidad económica. Es que cuando uno tiene que salir a demostrar el propio poder significa que secretamente ha comenzado su deterioro. Más aún cuando la noción de poder se empobrece al ser circunscripta primariamente al poder militar.
Efectivamente, el poder en estos últimos años ha mutado de un mundo unipolar a un mundo multipolar, en el que los países emergentes se convirtieron en acreedores netos de las potencias centrales y pesan cada vez más en el orden mundial. Estamos ahora en un mundo en el que la impensable rebaja en la nota crediticia de los Estados Unidos opera en el terreno financiero como una caída adicional, que si tiene menos impacto es porque la evidencia de distribución multilateral del poder ha comenzado a ser aceptada. Puede entonces que el 11-S, por sí mismo, no haya originado un cambio de era. Pero fue la herida más impactante que haya tenido lugar en la retina del mundo reciente. Y fue una herida que necesitó proyectar su desgarro hacia la época, es decir, necesitó imaginar un futuro que tuviera las características de su propia condición.






