
La contaminación del aire
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La contaminación del aire es uno de los problemas mayores de la salud pública en este fin de siglo y una causa significativa de aumento en los niveles de morbilidad y de mortalidad. Proviene básicamente de todas las sustancias arrojadas a la atmósfera y depende también de las condiciones meteorológicas tales como la dirección y velocidad del viento la contaminación en el interior de los edificios donde el hombre suele pasar del 80 al 90 por ciento de su tiempo.
Los mayores contaminantes son el dióxido de azufre los óxidos de nitrógeno el monóxido de carbono las partículas el plomo y el ozono; este último es de gran utilidad en la estratosfera donde filtra el paso de los rayos ultravioletas pero a nivel de la superficie produce irritación de las mucosas oculares y respiratorias.
En las principales ciudades del mundo la contaminación es considerada como un factor de riesgo mayor de enfermedad y muerte y existen abundantes leyes y reglamentaciones que tratan de controlarla o evitarla.
Si bien son conocidos sus efectos perniciosos un reciente trabajo aparecido en el British Medical Journal subraya que en la ciudad de Londres los niveles de contaminación están en relación directa con la mortalidad diaria.
En este sentido los altos niveles de ozono determinan un incremento de la mortalidad por causas respiratorias y cardiovasculares y el aumento de las partículas y los humos se relaciona con todas las causas de mortalidad.
Conviene recordar que Londres es hoy una ciudad con aire limpio gracias a las acertadas medidas tomadas hace años y que sus índices de contaminación son más bajos que los de Buenos Aires.
En nuestro país la legislación sobre el tema y el control sobre las fuentes de contaminación son poco menos que inexistentes; ocurre muy a menudo que las distintas reparticiones se endosan la responsabilidad de la fiscalización de las medidas preventivas y del cumplimiento de las ordenanzas.
Así la inmensa contaminación generada en nuestra ciudad por los colectivos por ejemplo de hecho es satisfactoriamente controlada por la Municipalidad la Secretaría de Transporte o la de Medio Ambiente cuando en realidad debería ser investigada por las tres.
Es lamentable que no haya estudios oficiales sistemáticos sobre la contaminación que padecen los porteños y que solamente una entidad privada la Fundación Siglo XXI se ocupe de determinar el nivel de impureza del aire en una esquina céntrica de la ciudad. Sus mediciones por otra parte no generan medidas de las autoridades tendientes a evitar esta cada vez mayor causa de enfermedad y muerte.
Las medidas indispensables conciernen principalmente a la limitación de sustancias tóxicas en los combustibles la fiscalización estricta de la calidad en las emisiones de humos y en materia de circulación de automotores el régimen de los motores el filtro de los gases de escape y la disminución del tenor de plomo y de azufre de las naftas.
Estas medidas deben ser puestas en práctica tanto en la ciudad como en el conurbano con premura porque la consecuencia de los actuales de contaminación es previsible: el deterioro creciente de la salud de la población.





