La crisis política de Estados Unidos

Andrés Oppenheimer
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22 de octubre de 2013  

MIAMI- El gobierno de Estados Unidos, que suele dar cátedra a otros países sobre cómo deben manejar sus asuntos, haría bien en aprender algunas lecciones de otras naciones para poder evitar situaciones como su bochornoso cierre parcial del gobierno de la semana pasada.

Sé que esto será un anatema para los legisladores ultraderechistas del Tea Party que provocaron el cierre del gobierno y casi causaron un default de la deuda, pero Washington podría aprender algunas lecciones valiosas de México, uno de los países que los extremistas del Tea Party aborrecen con mayor pasión.

México venía sufriendo desde hace tiempo una parálisis política que le impedía aprobar cualquier ley medianamente importante en el Congreso. Como el país tiene un sistema de tres partidos políticos, todas las iniciativas del partido gobernante eran sistemáticamente bloqueadas por los dos partidos de la oposición. Los actores cambiaban, pero el sistema de "dos contra uno" mantenía al país paralizado.

Así fue hasta diciembre de 2012 cuando, bajo la presión de la opinión pública, los tres partidos políticos más grandes del país firmaron el "Pacto por México", un acuerdo de 95 puntos destinado a quebrar la parálisis estructural del Congreso y a aprobar varias reformas, entre ellas la educativa, de telecomunicaciones, fiscal y energética. Las dos primeras ya han sido aprobadas, y la semana pasada, la Cámara baja aprobó una muy debatida reforma fiscal. Por eso, aun si el pacto quedara sin efecto cuando se vote la reforma energética, la más peleada, ya habrá logrado mucho más de lo que consiguió el Congreso de Estados Unidos en los últimos años. El acuerdo de la semana pasada sólo pateó el problema para adelante: el nuevo plazo vence el 15 de enero.

Estados Unidos necesitaría un pacto político parecido al de México o una reforma de fondo. Washington tiene un problema estructural: sus normas electorales han degenerado en un sistema que recompensa a los extremistas y castiga a los moderados. Bajo el actual sistema de primarias presidenciales, por ejemplo, los republicanos empiezan su proceso de selección de candidatos en Iowa, donde una población relativamente pequeña de votantes ultraconservadores hace que todos los candidatos republicanos deban hacer campañas de ultraderecha. ¿Por qué no hacer primarias el mismo día en todos los estados del país, para tener así una mayor representación geográfica?

Bajo el actual proceso de elección de diputados en el Congreso, casi todos los distritos parlamentarios del país son de un solo partido. Como resultado, casi todas las bancas del Congreso son "seguras" y hay poca competencia entre los dos partidos, lo que permite que los extremistas –que son los más activos políticamente– tengan un peso desmesurado en la elección de los congresistas. ¿Por qué no rediseñar los distritos para que haya una mayor competencia política?

El ex presidente chileno Ricardo Lagos, uno de los analistas políticos más inteligentes que conozco, me dijo que Estados Unidos podría beneficiarse de una reforma política como la del Pacto de Moncloa de España en 1977. "En España, el Congreso que se iba se hizo el harakiri y dijo que el próximo parlamento sería constituyente", dijo Lagos. En el caso de Estados Unidos, el Congreso podría hacer eso o podría designar una comisión autónoma de alto nivel para rediseñar los distritos electorales. "Cuando en 200 años se escriba sobre el inicio del fin de Estados Unidos, puede que se acuerden de lo que pasó la semana pasada", dijo Lagos.

Mi opinión: estoy de acuerdo. Contrariamente a la opinión generalizada, el cierre del gobierno no fue un problema de personalidades despistadas, sino que fue causado por reglas electorales que generan candidatos despistados o que los obligan a serlo.

Si no hay un pacto político o una reforma fundamental para terminar con distritos electorales unipartidarios y elecciones primarias geográficamente arbitrarias, me temo que veremos el mismo espectáculo vergonzoso –y potencialmente catastrófico– el 15 de enero, y muchas veces más.

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