
La cultura del voluntariado
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MAÑANA, 6 de diciembre, se celebra el Día del Voluntariado. Ningún sector de la sociedad debería permanecer ajeno al espíritu de esta jornada, instituida en homenaje a todas las personas que trabajan como voluntarias en programas de asistencia o ayuda social sin otra recompensa que la satisfacción de realizar una obra de bien y sin otra motivación que el amor al prójimo. Los voluntarios constituyen la vanguardia que toda sociedad necesita para avanzar hacia un sistema de convivencia y de relaciones sociales que privilegie la cultura de la solidaridad.
El concepto de voluntariado debe ser relacionado con el ejercicio pleno de la ciudadanía. Se lo debe considerar como parte del compromiso cívico que impone la pertenencia a una sociedad. El voluntariado debería ser concebido como la expresión más institucionalmente valiosa de la solidaridad, dentro de una cosmovisión ética y filosófica orientada a la defensa de los valores y a la búsqueda del bien común.
El voluntariado es, en definitiva, una cultura. La solidaridad se puede enseñar y aprender. Construir esa cultura es un desafío. El trabajo del voluntario se apoya sobre las raíces más profundas de la comunidad. El voluntariado recoge la visión más elevada del ideal comunitario: muestra a las personas haciendo algo por los otros por propio deseo, no por imposición o necesidad.
El voluntariado vale, fundamentalmente, por los valores que comunica, por la influencia bienhechora que ejerce sobre el sostenimiento de las prácticas democráticas, en la casi infinita variedad de sus campos de acción. Y vale, por supuesto, por el impacto profundo que produce en quienes lo practican.
La labor del voluntario ayuda a tejer una red de trama invisible que termina por convertirse en el principal sustento moral de la sociedad civil y que aporta una visión esperanzada de la realidad, un verdadero contrapeso solidario en un mundo que, ahogado por los individualismos egoístas y las indiferencias, casi nunca conserva el fiel de la balanza en un punto de justicia o equidad.
El voluntariado debe nacer en el concepto de persona; se lo debe vivir como un proceso que crece pacientemente y que conmueve y apasiona en la medida en que su acción se muestra capaz de generar un cambio en los comportamientos generales.
Se estima que existen en la Argentina, actualmente, tres millones de voluntarios, que encuadran su trabajo en los más variados sectores de la vida social. A todos ellos se les deberá tributar, en su día, el más cálido de los reconocimientos.





