
La discriminación "positiva"
Venimos de siglos trágicos en materia de discriminación racial, religiosa, étnica, es decir, de todas las formas de la discriminación negativa. Como contracara de ella, la era contemporánea ha creado la figura de la discriminación positiva, esto es, la creación de derechos especiales para las minorías antes discriminadas. Esta nueva forma de concebir las cosas persigue lo opuesto que lo anterior, pero mantiene intacta la noción de discriminación misma.
Tomemos el ejemplo reciente de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que resolvió que es constitucional favorecer a los estudiantes negros en el ingreso a las universidades, como medio para luchar contra la desigualdad racial. De ese modo se validó que la Universidad de Michigan tuviera en cuenta la raza de los candidatos en las matrículas. Vale destacar que el único afroamericano del Tribunal, Clarence Thomas, votó en contra del fallo argumentando que los programas que favorecen a las personas por su color y no por otro tipo de méritos son discriminatorios, ya que la Constitución prohíbe una "clasificación basada en la raza". "Cada vez que el gobierno incluye en los registros a ciudadanos en función de su raza (...), nos denigra a todos".
En nuestro país, se ha instaurado el "cupo femenino" para acceder a cargos en la vida política y sindical, cosa que contra toda apariencia supone también un acto peyorativo hacia la mujer. Y, recientemente, Elisa Carrió reclamó al presidente que las dos próximas vacantes que se produzcan en la Corte sean cubiertas por mujeres. "Es una vergüenza que no haya mujeres en la actual Corte -dijo- Kemelmajer y Argibay cumplen con lo que pretendemos para la Corte: gente honesta y capaz", aclaró. Este último es el verdadero argumento, que sean mujeres u hombres es irrelevante.
La concesión de derechos especiales -concebidos por raza o género- supone un acto de desprecio hacia aquello que se pretende proteger, es un mensaje subrepticio de disvalor. Nadie que vale necesita esta forma de la condescendencia. Conceder algo que debe ganarse por mérito es el mejor modo de no reconocer a alguien como un par. Así, no existe un buen uso de la discriminación: para no discriminar, simplemente no hay que clasificar con esos criterios. Porque si la dicriminación negativa lleva a la tragedia, la discriminación "positiva" fortalece secretamente aquello que combate.






