
La ética del narcisismo moderno
Silvia Hopenhayn Para LA NACION
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Desde que Umberto Eco inventó las categorías de apocalípticos e integrados no es fácil escaparle al abismo. O sucumbir a la deglución.
Rechazar o aceptar, sin embargo, no es necesariamente el fundamento de una postura. Son decisiones que pueden sopesarse según el caso. Hacerlo de cuajo podría ser una mera reacción ideológica.
Las categorías de Eco, lanzadas al mercado de las ideas tempranamente, en 1964, fueron adquiriendo matices, sobre todo a fines de los años 70, con el posmodernismo, cuando se anunció con bombos y platillos el fin del progreso y de los grandes relatos.
En el siglo XXI, el relativismo posmoderno adquirió una nueva lectura crítica. Pero no es lo mismo Fredric Jameson con El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío que Zygmunt Bauman y la conceptualización acuosa de la cultura que irrumpe en La modernidad líquida (1999). Convengamos que este último usufructuó bastante la liquidez de su teoría, ya que publicó unos cuantos basados en la misma idea: Amor líquido (2005), Vida líquida (2006), Miedo líquido , Tiempos líquidos y Arte, ¿líquido? , estos tres últimos de 2007.
Richard Sennett, en este sentido, es un sociólogo que aporta una lectura más personal e histórica, sin soltar las riendas de la provocación. Ex alumno de Hannah Arendt, y adscripto al pragmatismo, su obra (múltiple, ya que también escribe novelas) apunta al homo laborans , y sobre todo a la relación entre lo personal y lo público, lo íntimo y lo privado. Su libro La corrosión del carácter , que recibió el Premio Europa de Sociología en 1997, aborda la ética del trabajo desde el punto de vista del individuo en seis elocuentes capítulos: "Deriva", "Rutina", "Flexible", "Ilegible", "Riesgo" y "Fracaso". Este mes, Anagrama publica uno de sus ensayos más incisivos y adelantados: El declive del hombre público (originariamente de 1978).
Más allá de los aciertos y distancias con respecto a la cultura del presente, el libro propone diversas entradas para crear un friso dialéctico de la sociedad contemporánea. Es interesante, sobre todo para una lectura urbana y política de la ciudad actual (bicisendas incluidas), su abordaje de los espacios públicos, calles, plazas, bulevares y edificios desde el siglo XVII hasta fines del XX. El libro también es rico en sus aportes literarios, ya que apela a escritores de distintas épocas para dar cuenta de la subjetividad en cada una de ellas, desde la mirada de Sherlock Holmes sobre detalles imperceptibles hasta los modos de caracterización de Balzac; revaloriza, a su vez, el teatro en el capítulo titulado "La personalidad en lo público", donde alega que "el escenario dice una verdad que la calle ya no expresa".
La última parte está dedicada a la "Sociedad íntima": el carisma, el resentimiento y sobre todo la movilización del narcisismo, que, según Sennett, es la ética protestante de los tiempos modernos. Esta visión anticipa el regodeo del yo en la nueva esfera mal llamada pública de la vidriera virtual (Facebook, fotolog, etc).
Lo público no es lo que se publica, sino lo que se comparte. La acentuación cambia el valor. Y Sennett lo explica muy bien.
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