
La felicidad son destellos
A lo largo de nuestra vida escuchamos repetirse una pregunta incómoda: “¿Sos feliz?”
Es un interrogante con trampa que, si se da muchas vueltas para responderlo, significa que no lo somos.
La cultura cinematográfica -también, la industria publicitaria y el mundo idealizado de las celebridades- nos inoculan una idea equívoca, por lo exitista y superficial, de la felicidad. Establecer como parámetro de ella ejemplos de ese tipo nos vuelve infelices e insustanciales.
A esa pregunta respondo invariablemente que aspiro a vivir en estado de bienestar. Consiste en una combinación razonable de equilibrio psicológico personal, un entorno amable de afectos e ingresos dignos. Desde esa base nos predisponemos mejor para ser sorprendidos -solo a veces- por destellos de felicidad. Son ocasiones únicas, o pequeños grandes momentos: el nacimiento de un hijo, sacarse de encima una materia que nos hacía padecer o graduarse, un memorable instante íntimo con la persona amada, cierto pasaje de una buena velada con amigos. Son flashes intensos. Pero la felicidad no permanece. Viene y va. Abonemos el bienestar porque es la tierra fértil para que la felicidad nos sorprenda cada vez más seguido.







