
La fotografía como lúcido testimonio del siglo XX
El ojo del siglo, ha dicho sobre él su biógrafo Pierre Assouline. Humanista militante, comunista convencido, fotógrafo genial. Estudioso de la forma, capaz de capturar con su cámara Leica la bella fugacidad del instante en la vida cotidiana de mediados de siglo (la mecanización del trabajo, el solaz en las playas), así como de retratar a grandes personalidades (William Faulkner, Truman Capote, Coco Chanel) o registrar los grandes acontecimientos de su tiempo (los funerales de Gandhi, la Rusia posterior a la muerte de Stalin).
Todo eso es Henri Cartier-Bresson, fotógrafo esencial para varias generaciones y cuyas ideas centrales han sido reunidas en Ver es un todo. Entrevistas y conversaciones 1951-1998 (Editorial Gustavo Gili). Allí, el cofundador de la agencia Magnum, cumbre del fotoperiodismo, da testimonio de su ética y estética, de sus pasiones artísticas (De Chirico, Cézanne, Matisse y Bonnard) y, también, de su vínculo con la literatura y el cine. Y de la fotografía, claro, que lo convirtió en un lúcido testigo de su tiempo.ß






