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Por cuestiones deportivas pasé unos días en Gualeguaychú. Fácilmente llegué a la conclusión que la protesta de sus habitantes por las pasteras uruguayas es simplemente frivolidad en estado puro. El noventa y nueve por ciento de ellos saben que las pasteras no contaminan, simplemente no les gusta verlas enfrente porque, y eso es cierto, no configuran el paisaje ideal.
Desde mi punto de vista realizar la agresión que realizan contra los uruguayos porque les cambia un poco la postal, del lado no argentino, y sabiendo que Uruguay no sólo las necesita sino que hace mucho que apostó por ellas creando la infraestructura necesaria, es una frivolidad inadmisible y vergonzosa para nosotros, el resto de los argentinos.
