
La globalización del desempleo
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Los dirigentes sindicales no suelen ser primeras figuras en el Foro Mundial de Davos, donde cada año se reúnen jefes de Estado, ministros, financistas, presidentes de corporaciones, académicos y altos funcionarios de gobiernos para discutir la marcha de la economía y las perspectivas para el futuro.
Pero este año, con el impacto de las violentas protestas de desempleados en Francia, la tensión en Alemania y el comienzo de despidos masivos en los países asiáticos, algo había cambiado en la atmósfera, y los seis representantes de sindicatos presentes en Davos _cinco de Europa y uno de los Estados Unidos_ se encontraron en el centro de la atención.
John Sweeney, presidente de la AFL-CIO, la central sindical norteamericana, compartió un estrado con el presidente del Brasil, Fernando Henrique Cardoso, y el magnate George Soros, para hablar sobre crecimiento económico y empleo. Según el cronista de The New York Times, a diferencia de sus dos compañeros de podio, Sweeney no fue aplaudido. "Aquí no les gusta aplaudir en público a los sindicalistas _comentó más tarde_ pero después se acercan para hablarme."
Críticas al sindicalismo
Una crítica al punto de vista de los dirigentes gremiales es que no piensan en términos de globalización y que, con su enfoque cerradamente nacionalista, son una de las mayores trabas para la integración económica. La oposición sindical y su presión sobre los políticos fue la principal causa del humillante fracaso de Clinton cuando no logró que el Congreso lo autorizara a negociar por la vía rápida (fast track) la extensión del Tratado de Libre Comercio (Nafta) a otros países latinoamericanos.
Pero mientras se sigue discutiendo el levantamiento de barreras comerciales, otros problemas _cuya magnitud algunos apenas se atreven a calcular_ aparecen en el horizonte.
La tormenta financiera de Asia todavía no ha terminado, pero sus secuelas sociales y políticas han comenzado a manifestarse. Una de las ventajas del modelo asiático era que permitía ofrecer estabilidad en el empleo y contar, a cambio, con mano de obra esforzada, eficiente y disciplinada que trabajaba en jornadas largas, con mínimas posibilidades de conflictos.
El comienzo de despidos masivos en algunos países donde la continuidad en el puesto de trabajo se daba por segura, transformó drásticamente esa situación, creando un nuevo potencial para huelgas y manifestaciones violentas, como las que estallaron recientemente en Indonesia.
Si hasta hace menos de un año el desempleo era esencialmente un problema europeo y de los países en desarrollo que estaban reformando sus economías, el fenómeno irrumpe ahora en lo que parecían fortalezas seguras de estabilidad laboral.Las protestas de Indonesia impresionan por lo que puede llegar a ocurrir en un país de casi doscientos millones de habitantes. Pero ¿qué esperar entonces de su gigantesco vecino?
Números alucinantes
En China, el Partido Comunista tiene planes de largo alcance para reformar una economía que arrastra la carga del subdesarrollo y de décadas de planeamiento centralizado. Esto puede significar que un tercio de los 110 millones de personas que trabajan en empresas estatales queden sin empleo. Estas cifras abrumadoras se vuelven alucinantes cuando se hace el cálculo de los trabajadores rurales. Según una proyección del periódico China Daily, a comienzos del año 2001 podría haber 450 millones de campesinos desocupados.
El país, en el que hasta hace pocos años las empresas del Estado proveían servicios a las necesidades de sus trabajadores, prácticamente hasta el fin de sus vidas, no tiene ningún tipo de seguro de desempleo. Los datos oficiales dan un índice del 4% de desocupación en las zonas urbanas, pero las estimaciones independientes colocan ese índice por encima del 10 %. A lo largo de 1997 aumentaron las protestas de los trabajadores y, según informes originados en Hong Kong, el gobierno de Pekín debió reforzar los efectivos de seguridad en zonas de alto desempleo y aumentar la vigilancia en las estaciones de ferrocarril para evitar que los manifestantes se trasladaran a la capital.
El fenómeno en el mundo
Fue necesaria la crisis asiática para que, tardíamente, la globalización del desempleo, y de sus potenciales consecuencias, comenzara a entrar en la perspectiva y en los cálculos de economistas y hombres de Estado. El fenómeno tiene diferentes proporciones y significados en cada región del mundo.
En los países más desarrollados de Europa pone en tensión el sistema de seguridad social, que es a su vez objeto de revisión y redimensionamiento y constituye el mayor desafío para los gobiernos. En Europa del Este es una de las secuelas más dolorosas del desmantelamiento del comunismo y, especialmente en los países de la ex Unión Soviética, un serio factor de desorden. En América latina pone a prueba la capacidad de los gobiernos democráticos y, ocasionalmente, estimula el auge del oportunismo populista. En los países en desarrollo del Asia oriental, sus efectos comienzan a hacerse ver, con un potencial de impredecibles efectos sociales.






