
La guerra de los pájaros
Por Eggert Schröder De Die Welt
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BRESCIA.- Abre el baúl del auto y nos muestra el triste fruto de su trabajo matinal: unas trescientas trampas, recogidas por alemanes amigos de los pájaros en los cercanos Alpes italianos. Algunas aún contienen petirrojos muertos tras una agonía dolorosa. "Aquí se está librando una guerra por los pájaros", afirma Eugen Tönnis, profesor de biología de Aachen.
Desde la década del 80, viene combatiendo las matanzas de aves canoras por cazadores furtivos italianos. Este año, los choques han sido más brutales que nunca. Cerca de la aldea de Lodrina, los atacaron a garrotazos. Otros dispararon sus rifles contra un auto en el que intentaban huir varios conservacionistas. Los cazadores furtivos se están volviendo cada vez más profesionales y violentos.
"Todas las especies de aves migratorias que invernan en el Mediterráneo están en peligro de extinción -dice Tönnis-. De nada servirán las medidas de conservación adoptadas en Alemania si las aves ya no logran cruzar los Alpes. Si no intervenimos, Alemania pronto tendrá una primavera silenciosa."
Unos 150 millones de aves canoras migratorias "alemanas" cruzan anualmente los Alpes. En Italia hay 800.000 cazadores. Las leyes italianas les permiten cazar con armas de fuego 30 ejemplares diarios de especies no protegidas, desde fines de septiembre hasta fines de enero. "¡Muchas más aves de las que existen!", exclama Tönnis.
En los pequeños claros del bosque, los cazadores cuelgan travesaños entre los árboles y colocan jaulas con señuelos vivos entre el ramaje y en los viñedos cercanos, para que atraigan las bandadas con su canto. En cuanto una bandada se acerca, atraída por los trinos, el cazador, desde su escondite, le dispara con perdigones en forma indiscriminada. Las circunstancias le impiden diferenciar el pinzón del haya de otros pinzones protegidos.
Los votos de los cazadores
La instalación de trampas o redes está absolutamente prohibida. Sin embargo, los conservacionistas calculan que tan sólo en los alrededores de Brescia debe de haber hasta 500.000 trampas.
Los amantes de los pájaros, tanto alemanes como italianos, se han esforzado tesoneramente por reducir el número de cazadores italianos. En los años 70, eran 2,6 millones; hoy suman 800.000. Los tramperos furtivos que se dedican a la venta ilícita de aves canoras también están en decadencia, pero operan en bandas cada vez mejor organizadas.
En el valle de Trompia abundan las aves canoras. La región es la principal productora nacional de armas pequeñas. A los políticos les importan más los votos de los cazadores y los impuestos que pagan los fabricantes de armas que la protección de las aves.
Traducción de Zoraida J. Valcárcel





