La guerra en irak Un tesoro en peligro
Irak posee algunas de las ruinas más importantes y fundamentales para el estudio del nacimiento de la civilización y de todo el mundo musulmán. Su destrucción por los bombardeos o por el saqueo de los museos sería una pérdida para toda la humanidad
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Algunos de los más importantes monumentos, obras de arte y archivos que conservan documentos sobre la historia de Oriente y Occidente corren peligro. A causa del ataque norteamericano a Irak, múltiples son los riesgos que amenazan un legado cultural de suma importancia no sólo para la región donde se yerguen esos monumentos y fueron excavadas reliquias artísticas sino para el mundo occidental.
No se trata sólo de los impactos casuales calificados de "daño colateral" sino de las explosiones que podrían desestabilizar aún más estructuras ya afectadas por el paso de los siglos y desencadenar la acción de ladrones y saqueadores de sitios arqueológicos.
El daño causado por la Guerra del Golfo en 1991 fue profundo. John Curtis, director del Departamento del Antiguo Cercano Oriente, del Museo Británico, afirmó que bandas de saqueadores vaciaron museos en Dohuk (tabletas de arcilla, marfiles, utensilios de metal), Arbil, y Sulaimaniya, en la región del Kurdistán, Amara, en el centro, Kufa, en el Sur, y en otros lugares.
En esta oportunidad, el perjuicio podría ser peor. Bombas teledirigidas erróneamente podrían hacer impacto en la moderna Muqaiyir, el sitio de Ur, la capital de la antigua Sumeria en el tercer milenio antes de Cristo. Las tabletas talladas con inscripciones que fueron recuperadas allí establecieron la realidad histórica de un nombre durante mucho tiempo conocido sólo a partir del Antiguo Testamento, dando cuenta del viaje con rumbo oeste de un hombre llamado Abraham.
Las vasijas de oro y plata de la primera dinastía de Ur -2400 a 2300 años antes de Cristo- halladas en las tumbas reales, y que actualmente exhiben el Museo de Irak, en Bagdad; el Museo Británico, de Londres, y el Museo Universitario de Filadelfia, modificaron la visión que los historiadores tenían del nacimiento de la civilización. El arpa de madera con incrustaciones de oro y nácar y la corona de oro del rey Meskalamdug, ambas en Bagdad, pertenecen al tesoro artístico de la humanidad. Lo propio ocurre con las esculturas de diorita de la tercera dinastía con sus rostros iluminados por una certeza espiritual acerca de la que nada sabemos.
Los semitas sucedieron a los sumerios. Fundaron el imperio de Babilonia en el Sur y Nínive, la capital asiria, en el Norte. En Nimrod, en el extremo del Kurdistán, un lugar excavado crudamente a mediados del siglo XIX por el británico Austen Henry Layard, salieron a la luz asombrosos bajorrelieves que revestían las paredes del palacio de Asurnasirpal II (883-859 a.C.). Algunos de ellos se perdieron cuando una de las barcazas de Layard naufragó en el río Tigris. Otros son el orgullo del Museo Británico, el Museo Metropolitano de Nueva York y el Museo de Irak. Nuevas excavaciones permitieron descubrir otros bajorrelieves hace 30 años. Estos se encuentran en museos de Mosul y Bagdad, demasiado pesados para transportarlos de manera segura.
El sitio reveló sólo parte de sus tesoros y claves históricas. El enigma de las magníficamente talladas placas de marfil de Nimrod aún no ha sido resuelto. Estilísticamente diversos, reflejan el arte de zonas y períodos diferentes. Uno, ante la violencia de los bombardeos, siente un escalofrío al pensar qué podría sucederles a esas piezas refinadas como la placa del siglo IX a. C., de la época de Asurnasirpal II, actualmente en el Museo de Irak.
Constantes hallazgos
Los descubrimientos son permanentes en esta cuna de la civilización del Medio Oriente. Entre 1989 y 1990, un equipo de arqueólogos iraquíes dirigido por Muzahim Mahmud abrió tumbas que contenían vasijas de oro y plata con la inscripción de los nombres de cuatro consortes de reyes asirios del siglo VIII y IX a. C. y sus respectivas joyas. Se cree que los objetos de oro, cuyo peso es de aproximadamente 40 kilogramos, están hoy en una bóveda subterránea de un banco de Bagdad.
El año pasado, el mismo equipo que excavaba en el Templo de Ishtar, en Nimrod, descubrió figuras míticas empotradas en el portal y esculpidas con mármol de Mosul, hasta ahora único en su género por su pequeña dimensión. Es necesario proteger urgentemente los sitios arqueológicos de esa zona.
Los monumentos erigidos al aire libre están incluso más expuestos a los riesgos. En Hatra, la gran capital semítica de la dinastía del imperio de Partia, de Irán, "el Gran Templo", en importante medida reconstruido, conserva esculturas que ilustran un período único en la cultura del mundo semítico alrededor de los siglos I o II. El palacio del siglo VI conocido como la Tak-e Kasra, o Bóveda de Khosrow, construido en Tesifon por el emperador sasánida de Irán (del cual Irak aún formaba parte), no es sólo importante para la historia de la arquitectura. Se trata del máximo símbolo de la antigüedad en vísperas de la propagación del islam.
Otros monumentos tienen incluso mayor significación para la conciencia colectiva del mundo musulmán. La gran mezquita de Abu Dulaf, cercana a Samarra, edificada hacia el año 847 por el califa Mutawakkil, tiene un imponente minarete cónico (el minarete de Malwiya) con una rampa helicoidal que evidentemente se remonta a conceptos babilónicos.
Se trata de un monumento de importancia mundial, el único que transmite a los tiempos islámicos una tradición originada en el segundo milenio antes de Cristo. Hay una base militar en la zona aledaña a la mezquita. La carga emocional que la mezquita, erigida durante la primera época del califato abásida, despierta en la mente de los musulmanes haría que su destrucción total o parcial, ya fuere por accidente o no, sea particularmente peligrosa.
Además está Mosul, la ciudad que en otros tiempos fue la gema más preciada de la corona de Irak. Fue la Florencia de la región, con el mismo tono patricio. Incluso después de décadas de chapuceras "restauraciones" que alteraron la imagen externa de casi todos los monumentos en pie, muchos de éstos siguen siendo sumamente importantes.
El minarete de ladrillos construido al estilo iraní entre 1170 y 1172, inclinado en uno de sus ángulos, no pudo sobrevivir cuando estalló una gran conflagración en las inmediaciones.
El mausoleo de Yahya Abu Muhammad, de 1229 -desfigurado su exterior por el cemento utilizado para "restaurar" las paredes inferiores-, conserva caligrafías talladas en ladrillos y dibujos geométricos destacados en lustrosos mosaicos de color turquesa que lo han convertido en una obra maestra de la decoración abstracta. En el interior, la invocación de los doce imanes venerados por los shiitas, cuyos respectivos nombres están caligrafiados en incrustaciones de mármol blanco sobre un fondo negro, es uno de los grandes ejemplos de la monumental caligrafía árabe del siglo XIII.
Hacia el este de Mosul, el monasterio de Mar Behnam, construido en el siglo XII y cuyos monjes son católicos del rito sirio, mantiene, casi intacta, su rica decoración tallada en piedra. La Puerta Real, que data de 1164, es un ejemplo único en su género de escultura cristiana al estilo zangid.
Conciencia cultural
Otros ejemplos destacados de la historia arquitectónica del Medio Oriente están diseminados por todo el territorio. Cerca de Samarra, el mausoleo del imán Dur tiene un aspecto imponente con su elevado pedestal con forma de cuadrilátero sobre el que se asienta una serie de octógonos que van de mayor a menor. Esto, una vez más, es un caso único particularmente en la arquitectura de Irak y generalmente en el mundo islámico.
En el extremo oeste, una gigantesca construcción cuadrangular en Ukhaidir con sus galerías abovedadas acaso haya sido un khan, es decir, un inmenso lugar fortificado donde solían hacer un alto los viajeros. Hasta hoy se cree que data del siglo VIII y es analizado en toda actividad relacionada con la historia de la arquitectura islámica.
Es de esperar que estas y otras grandiosas estructuras hayan sido cuidadosa y estratégicmente contempladas. No se trata sólo de arte lo que está en juego aquí. La mera insinuación de que las bombas norteamericanas puedan hacer impacto en monumentos que causan una profunda resonancia en la conciencia colectiva del mundo musulmán provocaría heridas que acaso no sea fácil curar. Los monumentos antiguos son venerados. Las antiguas civilizaciones tienen una conciencia de su identidad que no siempre es medida y comprendida a fondo más allá de sus fronteras. Eso debería tenerse en cuenta.





