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ANÁLISISFERNANDO LABORDA

La ira presidencial y los desplantes de Patricia Bullrich

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Patricia Bullrich, Javier Milei y Karina Milei, el 25 de Mayo
Patricia Bullrich, Javier Milei y Karina Milei, el 25 de MayoLUIS ROBAYO
Fernando Laborda
Por Fernando LabordaLA NACION
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Después de una larguísima sequía en materia de nombramientos de jueces y de que las vacantes en la Justicia Federal superasen un tercio de los cargos totales, el hecho de que el Senado de la Nación aprobase los pliegos de 74 magistrados con un amplio consenso debería haber sido visto como un logro relevante de la gestión gubernamental. Sin embargo, una vez más el diablo metió la cola y lo que debió ser un triunfo político terminó con un sabor amargo para Javier Milei.

Si bien la bronca puede ser un punto de partida, nunca puede ser un destino, del mismo modo que resulta inviable gobernar desde la ira. La verdadera libertad es la que surge de vivir sin miedo y en un marco de tolerancia, y no del imperio del que grite más fuerte. La sana idea de reducir al Estado a sus funciones indispensables no puede dar lugar a la construcción de un liderazgo autoritario que pretenda sustituirlo en nombre de la libertad, profundizando la vulnerabilidad de la división de poderes.

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El desafío público de la senadora Bullrich a una orden presidencial puso de manifiesto que Milei y su hermana carecen de un poder ilimitado para hacer y deshacer aquello que se les ocurra

Resultó patética, en ese sentido, la pretensión de Milei de anular el pliego de María Verónica Michelli como candidata a jueza por el simple hecho de que la postulante fuese cuñada de un prestigioso periodista de LA NACION que incomodó al poder político con sus investigaciones, como Hugo Alconada Mon, luego de que el propio Poder Ejecutivo promoviera aquella postulación, que superó todas las instancias de evaluación en el Senado.

La única justificación que esgrimió el Presidente para dar marcha atrás con su decisión inicial fue que tenía la prerrogativa de enviar y retirar candidaturas a juez. Algo que pareció confirmar su auténtica motivación: aplicar un castigo aleccionador al periodismo indócil, al que Milei considera que no se odia lo suficiente. Es de lamentar que, en reiteradas ocasiones, el primer mandatario y su círculo más íntimo, encabezado por su hermana Karina, tomen algunas de las nefastas costumbres que tanto se les criticó a los Kirchner, para quienes solo había súbditos o enemigos.

Patricia Bullrich, durante la sesión del Senado que trató las designaciones de jueces
Patricia Bullrich, durante la sesión del Senado que trató las designaciones de juecesFabián Marelli - LA NACION

El capricho presidencial terminó en una rotunda derrota en el Senado, que avaló por amplia mayoría el pliego de la doctora Michelli y la voz cantante no fue otra que la de la propia jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich. Si bien finalmente se abstuvo de votar, la expresión de su pública disidencia con el Presidente constituyó una señal demoledora hacia dentro y fuera del oficialismo. Su desafío público a una orden presidencial puso de manifiesto que Milei y su hermana carecen de un poder ilimitado para hacer y deshacer aquello que se les ocurra. Mostró también que a un líder se lo debe respetar, pero nunca tenerle miedo.

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El recordado presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso afirmó alguna vez que “gobernar es explicar”. Por la visto, Patricia Bullrich ha elegido diferenciarse de Milei en las cuestiones que el jefe del Estado no está en condiciones de explicar. Entre ellas, la situación patrimonial del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el extraño intento de veto a la abogada Michelli. La excandidata presidencial ratificó que es una figura indomable, al tiempo que se ha convertido en una socia cada vez más incómoda de Milei, aunque probablemente necesaria.

Patricia Bullrich se ha convertido en una socia cada vez más incómoda de Milei, aunque probablemente necesaria

Por desplantes probablemente menos trascendentes e impactantes que los infligidos por Patricia Bullrich al poder de Milei, la vicepresidenta Victoria Villarruel fue prácticamente desterrada del oficialismo. La diferencia puede radicar en que la senadora Bullrich ostenta un caudal de votos comprobable y una imagen positiva que la ubican en los primeros lugares del ranking de dirigentes políticos.

Según el más reciente relevamiento de opinión pública de Jorge Giacobbe, efectuado entre el 29 de mayo y el 3 de junio entre 2500 personas, Milei tiene una imagen positiva del 34,2%, una regular del 9,1% y una negativa del 55%. Patricia Bullrich lo supera: alcanza el 38,8% de percepciones positivas, el 9,9% de opiniones regulares y el 49,5% de negativas. Esta tendencia se repite en otras encuestas.

Patricia Bullrich y Karina Milei, durante un reciente encuentro que buscó desmentir las diferencias entre ambas
Patricia Bullrich y Karina Milei, durante un reciente encuentro que buscó desmentir las diferencias entre ambas
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La senadora Bullrich le está hablando a un votante que fue clave para el triunfo de La Libertad Avanza en el balotaje de 2023 y en los comicios parlamentarios de 2025, pero que no comparte la manera de construir poder ni el estilo de liderazgo verticalista e insensible a algunas de las formas republicanas, característicos de Milei. Como señala el consultor Lucas Romero, hay demasiados elementos refractarios a muchos de los propios votantes de Milei, algo que explica que el actual Presidente “tenga más votantes que simpatizantes”.

En este contexto, Patricia Bullrich puede representar un desafío con dos grandes riesgos. El primero es que su actitud sea un catalizador de la disidencia del público. Una segunda amenaza es que su protagonismo pueda poner sobre el tapete la teoría del reemplazo. Esto es, que la excandidata presidencial de Pro pueda surgir como una hipotética reemplazante de Milei, que recoja la simpatía y el apoyo de la propia base electoral del Presidente, y la capitalice ofreciendo una alternativa que, además de garantizar el actual rumbo económico, prometa asegurar mejor calidad institucional y mejores prácticas políticas, alejadas de desviaciones verticalistas. En otras palabras, un upgrade sobre lo que representa Milei.

El presidente Milei y el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques
El presidente Milei y el ministro de Justicia, Juan Bautista MahiquesPresidencia

La posibilidad de que Patricia Bullrich juegue con esa alternativa despierta desconfianza en funcionarios como Karina Milei y explica los no pocos cortocircuitos que tuvieron lugar entre la senadora y la secretaria general de la Presidencia. Por ejemplo, cuando la hermana del primer mandatario intentó relegar a Bullrich en los actos por el aniversario de la Revolución de Mayo.

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El tiempo y las circunstancias electorales, influidas por la evolución de la economía, dirán qué lugar tendrá en el futuro Patricia Bullrich. Si la situación socioeconómica mejora y Milei llega a 2027 como gran favorito para ser reelegido, la actual jefa de los senadores del oficialismo tendrá que resignarse a ocupar el lugar que el primer mandatario quiera, que en el mejor de los casos sería la candidatura a la jefatura de gobierno porteña. Si, en cambio, el horizonte electoral asomara más complejo y la segunda vuelta electoral como un escenario impredecible, Milei tendrá que ubicar a Patricia Bullrich no donde quiera, sino donde la necesite. Y tanto por volumen electoral como por composición simbólica, ese lugar podría ser la candidatura a vicepresidenta de la Nación. Siempre y cuando las sobreactuaciones de rebeldía de la senadora, la ira de quien conduce el gobierno nacional y los egos personales de ambos no terminen dinamitando antes su alianza.

Fernando Laborda
Por Fernando LabordaLA NACION

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