
La legalización: un dilema ético y legal
Por Carlos Alberto Souza Para La Nación
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Existen pocos temas que generen tanta polémica, discusiones y enfrentamientos como el de la legalización de las drogas. Cíclicamente el tema ingresa en la vida de la población a través de los debates televisivos y otros servicios de comunicación social. Estos, generalmente, oscilan entre dos posiciones polarizadas: en favor o en contra, simplificando aquello que es complejo. Se necesitan ámbitos reflexivos para el buen tratamiento de un asunto difícil e intrincado.
Los defensores de la legalización apoyan gran parte de sus argumentos en que el dinero que circula por el narcotráfico podría ser regulado por el Estado, con lo que dejarían de existir los carteles y otros grupos dedicados al tráfico de estupefacientes. También invocan el reconocimiento de la libertad de las personas para elegir el modo de vivir que deseen y afirman que las drogas tendrían una mayor pureza, por lo cual habría menos muertes por sobredosis debidas a las sucesivas adulteraciones en la sustancia inicial. El dinero ahorrado serviría para desarrollar eficientes programas preventivos y asistenciales.
Estas ideas invitan a hacer un alto en el camino para intentar un análisis más profundo, sobre todo por aquellos que trabajamos diariamente atendiendo a drogodependientes y a sus familias.
Un acuerdo internacional
Para el supuesto éxito de la legalización sería imprescindible, según dicen quienes apoyan esta medida, que todos los países adhieran a esta propuesta, ya que de lo contrario, los que no participen serían potenciales transgresores de este nuevo orden mundial. Podrían vender drogas sin pagar los impuestos, que supuestamente retendría el Estado, venderían las drogas a menor valor y adulteradas y nada cambiaría. Más allá de que se comparta o no el criterio, especular con esta posibilidad de globalización sería como esperar que reine la moral donde no la hay o que crezcan flores en el desierto.
Ya no es tema de discusión entre los especialistas que la única alternativa para intentar combatir el narcotráfico es la cooperación internacional, el desarrollo de políticas conjuntas en relación con el lavado de dinero, desmantelación de los narco-Estados, sustitución de cultivos, lucha contra la corrupción y otras cuestiones directa o indirectamente vinculadas con el problema de la droga.
El tema de la libertad para hacer lo que a uno le plazca, según dictaminen los estados emocionales, es amplio y merece un capítulo aparte. Se relativiza cuando estamos hablando de adictos con personalidades establecidas en cuadros psicopatológicos severos y agudos, en los que dominan estados de fuerte impulsividad, confusión, vacío, apatía y desesperanza. Están absolutamente alteradas las funciones en lo relativo a juicios de valor, conciencia de las cosas y percepción de la realidad. Es deber de la sociedad y sus instituciones impedir la autodestrucción de las personas, la autoinmolación en aras de la libertad.
Sería importante que la sociedad también incluyera y considerara como una enfermedad grave al alcoholismo y no promoviera el consumo de bebidas alcohólicas con publicidad que las asocia con el éxito y el placer. Lo dijo claramente el especialista francés Claude Olievenstein: "No hay drogados felices", esta afirmación también es extensible a los alcohólicos.Es un error creer que se puede ser libre viviendo en la esclavitud de las drogas y el alcohol, o en un ilusorio modo épico de morir.
Abstinencia y rehabilitación
Los grandes olvidados en esta propuesta son los jóvenes y los adictos en recuperación en las comunidades terapéuticas u otras formas de abordaje. Es sabido que la posibilidad de lograr la abstinencia está dada por varios componentes tales como: voluntad personal, apoyo familiar, una eficaz estrategia y plan de tratamiento y obviamente, la mayor lejanía posible de la sustancia, entre otros factores. Intentamos que un adicto no sólo logre la interrupción del consumo, sino una verdadera reinserción social, logrando desarrollarse en lo laboral, afectivo, familiar, recreacional y otras áreas de la vida. La venta pública de drogas significaría una prueba cruel y nefasta para los adictos en tratamiento, que echaría por tierra, en muchos casos, un delicado y trabajoso proceso de rehabilitación.
Sería enriquecedor en las discusiones hacer una discriminación entre legalización, despenalización, uso mínimo permitido, administración controlada y las llamadas políticas de reducción del daño. La trama es compleja y merece algo más que un apasionado debate entre posiciones extremas.
El narcotráfico y la venta de drogas constituyen una amenaza seria que debe ser enfrentada. Simultáneamente, hay mucho por hacer. El acento debe colocarse en disminuir la demanda y asistir a los que padecen el flagelo. En lo asistencial ha sido fundamental e invalorable el aporte del tempranamente fallecido Carlos Novelli, pionero del movimiento de las comunidades terapéuticas en la Argentina, en la actualidad alternativa de tratamiento eficientemente desarrollada. En la prevención, hoy aumentó la cantidad de información, no así de formación y propuestas participativas que satisfagan las necesidades de nuestros jóvenes.
Un buen modelo como estrategia generadora de espacios que vitalicen a la juventud, es la tarea impulsada por el doctor W. Ricardo Grimson, precursor en el área de la prevención de la drogodependencia, durante su gestión al frente del Centro de Prevención de Vicente López. En la acción preventiva no se habla de drogas constantemente; en cambio se promueve el desarrollo de las capacidades creativas, artísticas y constructivas, en un contexto positivo y solidario. Estas actividades tienen una enorme eficacia, al brindar espacios de contención, que constituyen una alternativa frente a la calle y sus riesgos.
Este tipo de prevención indirecta, no centrada en la droga, quizá no tenga el gran impacto de la que apunta a mostrar las consecuencias del consumo. La primera está dirigida a ayudar a las personas a construir y generar ámbitos sociales y familiares que promuevan el fortalecimiento de los vínculos interpersonales. Se trata de construir una cobertura protectora y reparar el tejido social, de manera que las drogas tengan menos posibilidades de ingresar, debido al lugar preponderante que adquieren el desarrollo de la solidaridad y los proyectos de vida. Sobre esta base se refuerza la significación que tiene hablar de las drogas y sus peligros. De esta manera se logrará retomar el concepto de una comunidad que cuida a sus miembros, no legalizando la muerte absurda, sino promoviendo la salud.






