La ley de emprendedores
La eliminación de trabas para la constitución de pequeños emprendimientos y para el acceso al financiamiento debería permitir la creación de empleos
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El Senado de la Nación le dio días atrás sanción definitiva al proyecto de ley de emprendedores. Por varios motivos, se trata de una noticia para celebrar.
En primer lugar, por las amplias mayorías con las cuales se aprobó la iniciativa en las dos cámaras del Congreso, lo cual demuestra que empieza a haber algunos consensos en materia de la lucha contra la pobreza. Un problema que durante muchos años fue ignorado por sucesivos gobiernos que vieron en los sectores más empobrecidos una simple fuente de clientelismo político. Identificar y aceptar el problema es un primer paso imprescindible para poder avanzar en un buen diagnóstico y en el diseño y la instrumentación de las soluciones. La verdad no ofende, por más que duela. Y está bien que duela y nos escandalice. Que un país rico y extenso como la Argentina tenga más de un 30% de personas que viven por debajo de la línea de pobreza es imperdonable.
En ese sentido, pareciera haber bastante consenso en que la mejor manera de solucionar el problema de la pobreza es a través de la generación de empleo sustentable y de calidad. Ciertamente, el trabajo dignifica.
Una cuestión no menor es que la Argentina tiene unos 4,5 millones de trabajadores en el sector informal, 1,3 millones de desempleados y entre 3 y 4 millones que viven de planes sociales. El desafío es gigante.
Resulta auspicioso que al menos empiece a haber cierto consenso sobre la importancia del papel de las pymes y de los emprendedores en la generación de empleo y oportunidades para todos.
La ley pyme fue un gran paso, que les reconoció a las pequeñas y medianas empresas ese rol tan importante que desempeñan en el desarrollo económico del país, mediante una baja de impuestos que les mejora la competitividad, pero también con un premio a la inversión, es decir, un incentivo a que las pymes crezcan. Porque no sólo es necesario "cuidar" a las pymes, sino también ayudarlas a que se desarrollen y generen más empleo y riqueza. Pero no alcanza con que las pymes que tenemos sean mejores, ya que necesitamos que esas empresas sean muchas más. La Argentina por lo menos tendría que tener un millón de pymes.
Por eso es fundamental el apoyo a la actividad emprendedora, de manera tal de promover y facilitar la creación de empresas a lo largo y a lo ancho del país, especialmente en muchas regiones del interior, donde el empleo público es casi la única opción disponible.
Como hemos mencionado en otras oportunidades, más allá de la gran cantidad de programas de apoyo y capacitación para emprendedores, existían dos grandes obstáculos a la hora de comenzar un emprendimiento, que nos ubicaban en los últimos lugares de los rankings regionales y globales: las dificultades para crear una empresa y la ausencia de apoyo financiero para iniciar un proyecto.
Hoy, el proceso de creación de una sociedad, su registro en la AFIP y la apertura de una cuenta bancaria puede llevar varios meses (incluso más de un año dependiendo de la provincia), lo cual desalienta a cualquiera que quiera comenzar una empresa dentro de la ley y de manera formal. Ni qué hablar de los tipos de sociedades disponibles (SA y SRL), que fueron creados hace más de 30 años, y no cuentan con la simplicidad y flexibilidad necesarios para los emprendedores. En el camino, quienes querían emprender perdían dinero, clientes y oportunidades. Y también ganas, energía y confianza en el país.
Superada esa instancia comienza el calvario del financiamiento, ya que hasta ahora prácticamente no existían programas de financiamiento para los que recién comiencen un proyecto, tanto de préstamos como de inversiones, o de mercado de capitales en acciones de grandes compañías que coticen en bolsa.
La recientemente aprobada ley de emprendedores se propone resolver esos problemas.
Con respecto a la creación de empresas, la ley establece un nuevo tipo de sociedad, la sociedad por acciones simplificada (SAS), que podrá constituirse en 24 horas por Internet y en el mismo plazo obtener el CUIT en la AFIP y abrir una cuenta bancaria simplificada, desde cualquier lugar del país y con un costo mucho menor que el actual.
Asimismo, la ley establece que el día a día de la SAS también será más sencillo y menos burocrático, al permitir que actas, libros y poderes puedan realizarse a través de Internet.
Con relación al financiamiento y el acceso a capital, la ley establece un Fondo Fiduciario para el Desarrollo de Capital Emprendedor (Fondce), cuyo consejo asesor federal estará integrado por representantes de las provincias y de las principales instituciones de apoyo al emprendedorismo, que tendrá a su cargo el desarrollo de programas de financiamiento para emprendedores en todo el país, como el Fondo Semilla, Incubadoras, Aceleradoras y Fondos de Inversión de Capital Emprendedor, tanto para emprendedores con fines de lucro como para aquellos que busquen principalmente un impacto social, incluyendo las cooperativas.
A eso se le agregan un fomento a la inversión en emprendimientos mediante un incentivo fiscal con un plus para los proyectos de las regiones menos desarrolladas y la regulación de plataformas de financiamiento colectivo (crowdfunding), que permitirán la federalización y la democratización de la inversión en emprendedores por parte de pequeños inversores individuales.
Somos un país inmenso, pero sobre todo talentoso, repleto de "héroes productivos". Hay miles de historias y detrás de cada una hay emprendedores con vocación y fuerza para transformar, que constituyen el recurso fundamental para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Esperemos que este consenso logrado con la ley de emprendedores pueda repetirse y lograr el resto de los acuerdos necesarios que nos permitan crear más empleo genuino y comenzar a erradicar la pobreza de nuestro país.



