
La lista de Orwell Documentos
El mes próximo, el Foreign Office dará a conocer la nómina de filocomunistas, entre ellos Charles Chaplin, que el célebre escritor inglés entregó a los servicios secretos británicos poco antes de su muerte, en plena Guerra Fría
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LONDRES
Cuando los ingleses regresen de sus vacaciones de verano el mes que viene, finalmente podrán conocer los nombres de las personas que el escritor George Orwell delató a los servicios de inteligencia de la posguerra. En un tardío pero ponderable ejercicio de transparencia, el Foreign Office británico ha decidido publicar el listado de fellow travellers , o filocomunistas, que Orwell identificó como de peligrosidad ideológica cuando, a poco de su muerte, se profundizaba la Guerra Fría.
La publicación va a ser relacionada, inevitable pero accidentalmente, con la muerte del biólogo del Ministerio de Defensa, David Kelly, el 18 del actual. No va a ser porque Irak tenga que ver con la Guerra Fría, pero sí con la persistencia británica por el "secreto oficial" que ha hecho que algunos comentaristas comparasen la paranoia de los servicios secretos británicos con la de la Unión Soviética.
La publicación oficial no va a aclarar mucho del misterioso hombre de letras que dio al siglo XX el retrato más completo del Estado totalitario en su novela 1984 (1949). La lista de Orwell, recibida en los archivos del Foreign Office el 4 de mayo de 1949 y declarada secreta aún en los años noventa, fue mencionada en la principal biografía escrita por Bernard Crick en 1980, en un artículo en The Guardian en 1996, y otro en el mismo diario el 21 de junio último, y en el ensayo biográfico de Christopher Hitchens La Victoria de Orwell (Emecé, 2003). Pero ahora, finalmente, será oficial la admisión de la delación del prócer.
El joven historiador inglés Timothy Garton Ash, que hizo sus armas como investigador en la Europa central después de la caída del muro de Berlín, logró que el canciller Jack Straw, presionado por los medios, finalmente decidiera liberar el documento retenido en el Public Record Office (Archivo Oficial), en Kew, al sur de Londres. El gobierno había retenido el documento hasta ahora argumentando "la posibilidad de causar gran dolor" a los nombrados que aún viven.
El problema para todos los seguidores (y detractores) de Orwell ahora es: ¿cómo se explica que un hombre con influencia decisiva en la descripción del poder político absoluto se haya declarado individuo sin política y asumido una posición que llegó a la delación?
La controversia, extendida a lo largo de tantos años, provoca la pregunta de si la delación supera a la obra, y si como delación realmente tuvo magnitud de traición. Claro, es interesante conocer los 38 nombres de quienes Orwell opinó que no eran buenos demócratas, pero hoy eso es apenas un chisme, sin información.
Esa novela, 1984 , que le dio fama y fortuna en los últimos meses de su vida, lo convirtió en héroe de los antiimperialistas y de los combatientes clasistas. Pero Orwell logró provocar pésimas opiniones en su círculo al decir que la clase trabajadora tenía mal olor. Orwell fue celebrado como luchador socialista contra un posible retorno nazi en Europa, y como el más ilustrado adversario del terror estalinista. George Orwell era eso y mucho más, también mucho menos: algo específicamente confuso para todos los gustos. La controversia en torno a su persona ya estaba lanzada con otros de sus escritos, como Homenaje a Cataluña (1938), sobre la guerra civil española, y Rebelión en la granja , de 1945, entre otros textos.
Eric Arthur Blair (1903-50), nació en Motihari, Bengala, y adoptó el pseudónimo de George Orwell para proteger a sus padres cuando publicó En los bajos fondos de París y Londres (Down and out in Paris and London), en 1933, ensayo novelado que fue producto en parte de sus andanzas como mendigo entre la gente de la calle en las dos capitales que sufrían la gran depresión.
Esa máscara literaria le sirvió para esconderse él y confundir a todos. Los intelectuales lo celebraron, pero se declaró antiintelectual. Siempre fue visto como intérprete del liberalismo, pero sus actitudes hacia judíos y las mujeres eran despectivas y bordeaban lo racista, y no dudaba en describir a ciertos hombres, como a jefes de scoutismo, por ejemplo, como homosexuales. Se describía como miembro de "clase baja media alta". Los distribuidores de libros samizdat , los textos prohibidos en la Unión Soviética, no podían creer que semejante autor jamás hubiera visitado siquiera un Estado totalitario. En contraste con esto (y con la lista del Foreign Office), el archivo de la KGB recientemente abierto lo describe como peligroso ideólogo de la derecha.
Para la derecha era de izquierda, los intelectuales lo creían de izquierda con derecho, si bien actuaba como hombre de derecha, y siempre ha sido identificado con la derecha y la izquierda en iguales dosis de convicción e incertidumbre.
En el año de su centenario, tres nuevas biografías se agregan a la más importante, de 1980 (donde ya se hacía mención de la lista de delatados). Orwell , del historiador inglés D. J.Taylor, es considerado el texto que mejor actualiza la obra de Bernard Crick de 1980. El norteamericano Gordon Bowker, en George Orwell , se explaya más que los otros en el archivo de la KGB y la controversia póstuma en torno al escritor. La de la inglesa Hilary Spurling, amiga de la segunda esposa de Orwell, Sonia Brownwell, se titula La chica de la sección libros (The girl from the fiction department). Sonia se casó con Orwell pocos días antes de la muerte de él, de tuberculosis. Era considerada en el círculo literario como una trepadora cazafortunas. Antes de interesarse por los libros había sido amante de varios artistas notables en Inglaterra, y Spurling la defiende contra sus críticos. El ensayo más controvertido, pero más admirativo del inglés Hitchens, fue publicado en Londres el año pasado. En cuanto a la lista, Hitchens la radica en que Orwell "esencialmente tenía razón en su advertencia contra los tres grandes peligros: fascismo, estalinismo e imperialismo," como azotes del siglo XX.
Según Hitchens, Orwell "junto con su amigo Richard Rees, se divertían con un `juego de salón´ que consistía en adivinar qué figuras públicas se venderían o no, en caso de una invasión o una dictadura". La estrategia comunista basada en el terror que descubrió en España lo había repugnado, y la retrató en 1984 . Hitchens arguye que las listas juguetonas eran producto de los resentimientos y excentricidades privadas de Orwell, y que los nombres que daba ya los había atacado públicamente como partidarios de una dictadura soviética en publicaciones como Partisan Review, en Boston, y en Tribune, del laborismo británico, posición que surgió de su formación.
Orwell se crió en Inglaterra, hijo de un padre ausente en el servicio exterior colonial. Fue a un colegio primario privado y luego, mediante una beca, accedió al gran colegio Eton, donde, según sus biógrafos, transcurrieron días de humillación, degradación física y totalitarismo, aspectos que no pocos escritores ingleses han asociado con los colegios internados británicos. Al terminar la secundaria no buscó la universidad, sino que se enroló en la Policía Imperial India, desde donde sirvió en Birmania, época que recuerda en su novela Burmese Days (Días de Burma), en 1935. En realidad, siguió el camino de sus dos padres, que habían trabajado en el servicio exterior colonial. De regreso en Inglaterra fue docente, periodista, fue a España durante la guerra civil donde fue herido de un balazo en la garganta, tuvo una serie de amantes, escribió, se enfermó y murió joven.
Y tiempo después se descubrió la lista de nombres que retuvo la IRD (el Departamento de Investigación), oficina ya inexistente, que tenía contacto con Orwell y que era parte de una cadena de oficinas secretas con siglas como SS (Security Service), luego MI5, SIS (Secret Intelligence Servic), luego MI6, MoD (Ministerio de Defensa), GCHQ, la oficina de rastreo espionaje de comunicaciones electrónicas, y otras más.
El historiador Timothy Garton Ash ha usado la controversia en torno a Orwell para enfatizar su oposición a la obsesión por el secreto en el gobierno británico a través de la historia, situación que otros analistas han atribuido a la permanencia del concepto de cabecera de imperio o, simplemente, la mentalidad de isleños. Para enfatizar su argumento de que tanto secreto es pernicioso citó al profesor Norman Mackenzie, uno de los nombres en la lista de Orwell, que dijo "no importarle un rábano" su inclusión.
Pero Garton Ash reconoce que no fue así con la inclusión del actor sir Michael Redgrave (1908-85), que perdió su trabajo en la BBC durante un tiempo en la Segunda Guerra por haber firmado un manifiesto pacifista en enero de 1941. Corin Redgrave, actor y militante de izquierda, hijo de sir Michael y hermano menor de la actriz Vanessa Redgrave, sí se sintió molesto y publicó un artículo en The Guardian, rechazando la actitud moderadora de Garton Ash, y más que atacando a Orwell advirtió que la ley antiterrorista británica aún hoy alienta a la delación, que la describe como obligación ciudadana.
Otro comentario, de la escritora Joan Smith, presidenta de la comisión por los escritores presos del PEN club inglés, publicado en The Observer, rescata la figura de Orwell como honesto socialista, "por lo tanto, traidor a su clase", y carga contra sus admiradores que lo han convertido en ícono por no poder vivir experiencias remotamente parecidas, confundiendo más aún al escritor con la figura política.
En fin, pronto tendremos la lista oficial de delatados -figurarían, entre otros, el actor Charles Chaplin, el historiador E.H. Carr y el escritor J.B. Priestley, uno de los más queridos y respetados de Inglaterra- y Orwell seguirá siendo motivo de controversia al iniciar su segunda centuria. Recordemos que el escritor no sólo dejó sus libros, sino que aportó al idioma frases que son usadas hoy, por ejemplo "Gran hermano", y situaciones de poder que son "orwellianas".





