La mente de las mujeres

Hay un libro polémico y best seller editado en 1999 cuyo título hace sonreír a quienes lo leen: se llama Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas. Los autores, Barbara y Allan Pease, describen allí cómo la estructura mental de los hombres y mujeres actuales sigue sujeta a la de los primitivos.
Al parecer, la necesidad de cazar hizo que los hombres del pasado se hicieran especialmente aptos para estar solos, silenciosos, orientarse en territorios desconocidos y regresar después con sus familias. Estas capacidades fueron adquiridas a cambio de un costo evolutivo, principalmente una restringida capacidad para comunicarse con otros y hallar las cosas cercanas. Las mujeres, en cambio, habrían evolucionado en forma radicalmente distinta. Destinadas en sus orígenes a cuidar a sus hijos en un ámbito hostil, se especializaron para vivir agrupadas con otras mujeres y desarrollar sus tareas diarias de crianza y alimentación en conjunto. Allí habrían surgido una capacidad superior femenina para comunicarse, calibrar las emociones por medio de la conversación y sincronizar sus conocimientos con facilidad. En su caso el costo evolutivo fue la desorientación que se manifiesta, según los autores, en la dificultad para entender mapas.
No podemos afirmar si los hombres no escuchan, pero podría ser cierto que las mujeres hablan mucho más que ellos. Un estudio publicado en 2007 por Louann Brizendine con el título "El cerebro femenino" probó que las mujeres urbanas usan diariamente hasta 20.000 palabras, mientras los hombres apenas 7000. Y hay investigaciones más recientes que demuestran, por ejemplo, que las mujeres son mucho más activas en el uso de mensajes instantáneos y chat que los hombres.
Últimamente las mujeres sumaron a su capacidad de hablar una habilidad que tal vez siempre desearon tener: la telepatía. Por cierto, no solo ellas, también muchos hombres la tienen, pero hay estadísticas que avalan la suposición de que ellas están más comprometidas con esta nueva habilidad.
De esta manera, ahora las mujeres pueden comunicarse mentalmente con otras mujeres sin decir ni una sola palabra. Así logran transmitir sus contenidos psíquicos a la distancia y a la velocidad de la luz. Este flujo incesante de conexiones les permite asistir a encuentros donde todas las mujeres saben algo de lo que nunca hablaron. Sus mentes logran intercambiar apreciaciones, descripciones, rumores, datos, opiniones, coordinar acciones complejas, emitir imágenes a color fijas o en movimiento de casi cualquier cosa, en cualquier momento del día y desde cualquier lugar (el auto, la playa, el baño, el ascensor…). Durante sus contactos psíquicos, que para alcanzar la la satisfacción inicial se incrementan vertiginosamente en número y frecuencia, como una droga, suelen estar cabizbajas, ausentes, ensimismadas e inmóviles. Pero en su aparente quietud suceden verdaderas tormentas mentales entre dos, tres, cuatro o veinte mujeres al mismo tiempo.
Al ensamblar así sus pensamientos muchas de ellas dejan de distinguir claramente qué ideas o experiencias son propias y cuáles fueron adquiridas de otras mujeres en el transcurso de los intercambios. Fusionan su existencia de una forma tan total que configuran una sola mente agitada e indivisible, donde lo visto y aprendido por una, es visto y aprendido por todas al mismo tiempo. Ellas no llaman telepatía a estas conexiones mentales, le dicen "whatsappear", pero es lo mismo.







