La muerte del arte
En uno de sus libros, Filosofía de la nueva música, el filósofo Theodor W. Adorno consignó una frase que, muy a pesar suyo, terminó convirtiéndose casi en consigna: "Las únicas obras que hoy cuentan son las que ya no son obras".
Es claro que se refería a un tipo de obra de arte que tomaba deliberadamente distancia de cierta tersura o "redondez", que en el siglo XX se había vuelto ya imposible. Pero también puede entenderse de un modo más vanguardista: que el arte ya no necesita de "obras" para ser arte.
En cierto modo, esa peste (el arte sin obra) fue la que introdujo Marcel Duchamp, el flautista de Hamelin del arte del siglo XX.
Sin embargo, esa idea puede tener consecuencias artísticas interesantes. Una de ellas es Obras, el libro de Édouard Levé recién publicado en castellano por Eterna Cadencia.
Conocí ese libro hace años porque el compositor Oscar Strasnoy me llamó la atención sobre él (es un libro que bien podría haber escrito el propio Strasnoy, si no fuera porque habría sido una pena que dejara de escribir música para hacerlo: ¡cada arte compite con las otras!). Más adelante, leí Autorretrato, en la que Levé posa para sí mismo en palabras y entrega una pintura "del natural" de sus recuerdos, gustos y caprichos.
Con todo, en Autorretrato hay ya una alusión a Obras. Dice el autor: "Prefiero que me cuenten una exposición a verla con mis propios ojos". En esa oración está el programa entero de este libro nuevo en nuestra lengua.
Nada, ninguna palabra, podría sustituir una Madonna de Rafael, la luz de Tintoretto o una superficie de Pissarro. Sin embargo, una invención de Duchamp puede rendir más (¡qué duda cabe!) cuando se la pone en palabras, cuando es contada, que en su contemplación.
Esto tiene una explicación muy simple: desde Duchamp, justamente, el arte empezó a alejarse de los objetos sensibles para entregarnos objetos intelectuales. Buena parte del arte contemporáneo está hecho de ideas y no de cosas.
Esto, que es una pésima noticia para el arte (después de todo, ¿no consistía el arte en darle a la idea una forma que pudiéramos percibir con los ojos o los oídos, los únicos sentidos artísticos?), puede ser una buena noticia para la literatura.
¿Qué es Obras? Exactamente eso: una catálogo (533 casos) de obras de arte que no existen ni existieron (no sabemos si existirán) que simplemente se cuentan. Levé, por ejemplo, empieza su libro así: "Un libro describe obras que su autor imaginó, pero que no ha realizado". La frase se muerde la cola: esa es la única de las obras imaginarias que realmente existió, y esa obra es el libro que leemos. El talento de Levé reside sobre todo en ese plano, el del concepto: es como la metástasis literaria de "Pierre Menard, autor del Quijote", de Borges.
Parece una paradoja decirlo, pero la verdad es que Obras es una modesta y subsidiaria obra maestra, algo que no implica ningún menoscabo, dado que saber cuál fue la primera, y única, obra maestra no subsidiaria implicaría una larga discusión.
Mi preferida de las 533 descripciones es la 174, que, raramente, tiene título: "Arte accidental". Es así: "Fotografías que muestran objetos urbanos o rurales que, aunque no lo son, bien podrían tomarse como obras de arte".
No conozco mejor definición -más irónica, más contundente- de la desesperación en la que estamos quienes escribimos sobre alguna de las artes, una desesperación de la que no lograremos recuperarnos y cuyo único consuelo son las obras que todavía eran "obras" y no descripciones. El libro de Levé es funerario.
Es una pena que Levé ya no esté aquí para ayudarnos a pensar estas cosas, aunque de todos modos ya cumplió su misión. Se ahorcó a los 42 años. El arte tiene también sus víctimas sacrificiales.










