
La mujer ideal
Por Alina Diaconú Para LA NACION
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"Una bella mujer, de piel blanca, cabellos rubios, dulces ojos azules, pechos gigantes y un ombligo bien diseñado." Así la quería el Führer. Y así, con estas palabras, al parecer, la encargó al doctor danés Olen Hanussen para que fabricara en la ciudad de Dresde a esa mujer ideal, utilizando para ello goma y moldeándola a tamaño natural. De ese modo, los soldados podrían llevársela fácilmente y usarla cuando quisieran, preservando la pureza de la raza aria y evitando enfermedades venéreas.
Esta mujer ideal era una muñeca inflable. Prototipo y emblema de lo que muchos años más tarde los psicólogos y comunicadores sociales llamarían "mujer-objeto", la blonda muñeca fue pedida por Hitler en 1941, sobre un proyecto del jefe de las SS, Heinrich Himmler.
Esto, que suena a broma, lo informó hace poco un diario noruego.
Claro que el plan, entre cómico y diabólico, de la muñeca inflable alemana, perfecta en su belleza y practicidad al entender de Hitler, se vio frustrado por un pequeño detalle. No tan pequeño, claro: una bomba de las fuerzas aliadas cayó sobre la fábrica de Dresde y así, todo... se pinchó, antes de que la muñeca pudiera ser inflada delante de los ojos del Führer y de sus queridos soldados.
Esta historia circula en el mundo en momentos en que otras historias con "heroínas" parecidas nos llenan de anonadamiento.
Parece ser que en un correo de Berlín, recientemente, una encomienda empezó a trepidar. Asustados ante la posibilidad de una bomba, los empleados llamaron a la policía, y cuál fue el asombro al abrirse el paquete... Adentro había una muñeca inflable que el dueño, descontento por algunos desperfectos, devolvía al fabricante.
Leímos que una vez, en San Pablo, Brasil, un joven mató a sus padres por pincharle el juguete tan amado: su muñeca inflable.
Lo cual nos remite a aquella inquietante película de Pedro Olea de los años setenta que llevaba por título la famosa frase bíblica No es bueno que el hombre esté solo. En dicho film, José Luis López Vázquez encarnaba a un señor introvertido y bastante extraño que convivía en perfecta felicidad y armonía con una muñeca inflable de tamaño natural, cuya angelical imagen quedó registrada en nuestra memoria.
Pero todas estas muñecas del pasado, todas estas mujeres de caucho, inmutables, lánguidas y calladas, parecen un juego de niños. Son tan sólo quietas Barbies para adultos, maniquíes del pasado, moldes femeninos obsoletos en comparación con las féminas de plástico de la actualidad. Los medios de comunicación nos informan que otro alemán, hoy, en estos comienzos del siglo XXI, acaba de inventar la muñeca inflable más sofisticada del mundo. Porque ésta ya no es pasiva y silenciosa como la que quería Hitler, sino que mueve sus caderas y su pelvis. Su corazón late, puede jadear, aumenta su temperatura corporal y es tan perfecta y tan humana que hasta tiene los pies fríos, nos cuentan.
Dicen que este objeto de siliconas con aspecto de mujer hace furor entre los muchos consumidores varones y parece ser que se vende en ocho mil dólares, siempre y cuando el comprador no quiera pedir otras funciones y otros detalles que la muñeca estándar no tiene y que, al ser agregados, encarecen su precio.
Pero acaso la maravilla más cómoda, manuable y reciente para los hombres sea el invento tan comentado en estos días: la almohada con regazo de mujer, de origen japonés, que ya fue adquirida por tres mil señores.
Está también, como contrapartida, muy "a mano", una almohada con brazo de novio para mujeres solas. "Abraza, no se retuerce ni patea y siempre está a la mañana siguiente", comentó una japonesa, satisfecha, al parecer.
Qué decir también de las novias virtuales, como Vivienne, pergeñadas en los Estados Unidos...
Vivienne es una imagen de mujer con voz computarizada que aparece en la minipantalla del celular y que sabe conversar sobre 35.000 temas. Con lo cual aquello de que muchas parejas se separan porque ya no tienen tema de conversación pasaría definitivamente al olvido.
Alguna vez nos encolerizamos cuando la publicidad retrataba a la mujer como una cosa apetecible para los hombres, de belleza rebosante y de inteligencia diminuta. Nos sentíamos todas desvalorizadas, pisoteadas, usadas hasta el abuso. Nos quejábamos entonces, y aún nos quejamos. Pedíamos entonces, y aún pedimos, lo que naturalmente nos corresponde: ser pares. Los opuestos complementarios no son ni superiores ni inferiores. Son complementarios. Yin y yang.
"Has recorrido un largo camino, muchacha", rezaba en los años sesenta el slogan de un cigarrillo que quería captar un público femenino. El slogan era bueno y cierto. La mujer había cambiado. Y la vida, también.
En las últimas décadas, ni hablar. Los cambios fueron vertiginosos. Por eso, ya casi nada nos asombra. Para los hombres, la realidad de hoy tiene muñecas inflables de alta tecnología, almohadas eróticas y novias virtuales.
¿Será que gracias a esas enormes transformaciones de mentalidad, a la gran libertad imperante, a la ruptura de muchísimos tabúes y prejuicios, el sexo se ha desmitificado tanto, pero tanto, que se ha convertido en un mero juego, en algo mecánico y nada más que eso?
Acaso por esta razón estén proliferando los juguetes sexuales sustitutivos.
Parecería que en estos tiempos de computadoras y robots hacer el amor sin amor es algo frecuente. Y acaso, por eso mismo, la multifacética muñeca inflable de hoy siga siendo para algunos la mujer ideal.





