La obscena intimidad del cuerpo real de una mujer

Hinde Pomeraniec
Hinde Pomeraniec PARA LA NACION
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23 de febrero de 2015  

Elena Perminova
Elena Perminova Crédito: Instagram

Elena Perminova posteó las fotos y la reacción fue inmediata. Rápidamente, las críticas se hicieron sentir: la supermodelo rusa, de 28 años, quiso mostrar cómo había recuperado su figura en dos meses luego de dar a luz a su tercer hijo y por cesárea. Las fotos son dos; el rostro, el mismo: el cuerpo es el que cambia, en una metamorfosis sorprendente. A la izquierda, de perfil, la rubia Elena se cubre los pechos y mira a cámara mientras exhibe un embarazo avanzado. A la derecha, también de perfil, la rubia Elena se cubre los pechos y exhibe una panza chata y una figura escultural, todo gracias al fitness, dice ella. El foco de la polémica estuvo puesto en la angustia que este tipo de imágenes puede provocar en las mujeres que no consiguen recuperarse ni tan rápido ni de esta manera luego de parir. O sea, en la inmensa mayoría de las mujeres. Elena Perminova es joven y está acostumbrada a hacer ejercicio, su piel es elástica y dotada. Tiene el dinero necesario para entregarse a tratamientos que suelen ser carísimos. Vive de su cuerpo; el trabajo sobre su figura forma parte de sus prácticas habituales. No es lo que pasa con la mayoría que, además, deben ocuparse de las tareas de la casa, de la atención de los chicos y de regresar al trabajo cuanto antes para no perder parte del salario indispensable para mantener el hogar.

La rubia Elena nació en un hogar humilde de Siberia; a los 9 años se tiñó el pelo de azul y a los 16 cayó presa por vender éxtasis en una discoteca. Logró salir de prisión luego de colaborar con la policía en la búsqueda de la banda para la que trabajaba. Elena es endemoniadamente hermosa, es modelo, tiene un cuerpo alucinante y un par de piernas largas, torneadas, perfectas. Mide 1,80 y las casas de moda más importantes del mundo se la disputan. Está casada con Alexander Lebedev, un empresario ruso y ex miembro de la KGB de 55 años, un multimillonario dueño de varios diarios ingleses (Evening Standard y The Independent, entre otros) y de Novaya Gazeta, publicación rusa opositora en la que escribía la periodista Anna Politkovskaya, asesinada por sicarios en octubre de 2006, en el ascensor del edificio donde vivía, en Moscú. Lebedev, quien era conocido del padre de Elena, fue quien la ayudó a salir de prisión, pese a la condena inicial de seis años. Desde entonces, es su héroe y el hombre de su vida. La fortuna de Lebedev es enorme, lo que a ella le permite vivir alternativamente en Londres, en Moscú y también en un palacete de París, mientras un ejército de mucamas y personal de servicio se ocupan de los quehaceres domésticos y de acompañar a los niños de la pareja mientras Lebedev hace sus negocios y Elena posa, desfila o se ejercita para mantener las formas de su belleza y postearlas.

Cindy Crawford
Cindy Crawford

Todos soñamos con tener el mejor cuerpo posible. Todos tenemos, finalmente, el cuerpo que tenemos. Parir deja huellas, vivir también. Recordé las fotos de Elena estos días, cuando alguien filtró en las redes una imagen de Cindy Crawford sin Photoshop y sin su permiso. La foto se viralizó al instante como producto de una compleja trama de curiosidad, necesidad de gratificación y, por qué no, perversión. Pertenece a una producción de diciembre de 2013 para la edición latinoamericana de la revista Marie Claire. En ella Crawford luce ropa interior negra, pieles, plumas, pero también flaccidez y celulitis en primer plano. El suyo es un cuerpo al natural de una mujer de 49 años que tuvo dos hijos y aún es hermosa. La reacción en las redes fue amorosamente positiva. La mayoría resaltaba como bienvenida la idea de mostrar un cuerpo femenino tal cual es, sin afeites ni retoques. Todo esto suena muy bien para quienes lo ven de afuera, pero uno podría suponer el impacto negativo de esas fotos en una persona que aún vive de su imagen. Pienso en Cindy llorando desconsolada: le debe haber dolido mal la filtración, que no parece hecha con buenos propósitos. Podría incluso pensarse que quien lo hizo tenía similares intenciones que aquellos que filtran fotos de la intimidad sexual de las celebridades. Lo más retorcido en este caso es que la intimidad, la obscena y humillante intimidad, no es más que la realidad material de un cuerpo femenino de casi cinco décadas.

Cindy Crawford
Cindy Crawford Crédito: Instagram

Cindy Crawford no hizo declaraciones públicas. Quien sí se manifestó fue su marido y padre de sus hijos, Rande Gerber. Lo hizo a través de una foto que subió en Instagram al día siguiente del episodio, en lo que algunos leyeron el amante gesto de un compañero de ruta, un hombre que no se sorprende por las marcas en el vientre y los muslos de su mujer. En la foto se la ve a ella en bikini, relajada en una reposera, preciosa como siempre (¿tal vez como la sigue viendo él?). "Ella tuvo flores y yo la tengo a ella. Feliz día de San Valentín", le escribió a la mujer del lunar sobre la boca.

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