
La otra libertad
El día de la Independencia, fuera de su aspecto conmemorativo e histórico, lleva también a reflexionar sobre el futuro y sobre la noción de libertad. ¿Cuán libres somos? ¿De qué tipo de libertad gozamos y de cuál carecemos? ¿Debemos nuestras penurias a maléficas fuerzas exteriores o a nuestra propia incapacidad para organizarnos como sociedad y tener un rumbo colectivo?
Hay muchas formas de comprender la libertad: desde los antiguos cínicos, que la entendían como ausencia de esperanza y de temor (el caso de Demonax), hasta aquellos debates modernos entre determinismo y libre arbitrio, entre quienes sostienen que la vida se encuentra netamente determinada por circunstancias exteriores y aquellos que piensan que somos libres y que nunca hay excusas para no asumir la responsabilidad de lo que nos ocurre.
Pero tal vez tenga sentido inspirarse ahora en la distinción, inaugurada por Isaiah Berlin, entre libertad negativa y positiva. Ser libre en sentido negativo es no sufrir la injerencia de los demás en el diseño de la propia vida. La libertad negativa se define por lo que la niega o lo que la amenaza, se define por las formas de coerción que evita.
La noción de libertad positiva, en cambio, no supone sólo la libertad de un yugo sino la disposición a querer y realizar un destino propio. Alude a la posibilidad de formular un sentido y a la capacidad de autodeterminación más que a la ausencia de determinación ajena. La libertad negativa supone libertad de constricciones exteriores, la libertad positiva es una forma de exteriorización de una libertad interior. También Castoriadis señalaba que queremos la libertad a la vez por sí misma y para poder hacer cosas, pero buena parte de esas cosas no estamos en condiciones de hacerlas solos: eso implica necesariamente una concepción, al menos mínima, del Bien común.
Luchamos todavía por la libertad "de", pero no aún por la libertad "para". Así, cabe la pregunta: ¿adónde nos encontrarán los 200 años de Independencia, luchando aún, en avance y retroceso permanente, contra las formas de coerción propia y ajena, o en marcha plena hacia la otra forma de independencia, aquella que supone un fuerte deseo, puesto en acto, de un proyecto común? Ambas formas de libertad son necesarias, pero parecería que sólo la búsqueda decidida de la segunda es lo que consolidará la primera.






