El adiós a 2020. La pandemia nos obligó a seguir aprendiendo

Junto a las pérdidas que provocó el virus, estuvo siempre el impulso por sobreponerse y atravesar las dificultades
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26 de diciembre de 2020  • 00:00

Por estos días, un amigo psicoanalista que vive en España me mandó un mensaje. "Ya empieza el clima maníaco de las Fiestas", me decía, porque se sabe que los españoles se van a juntar pese a la pandemia, los altos niveles de contagio y pese a que allá es invierno, con lo cual no hay opciones de cenas al aire libre. Mientras tanto, yo miraba las imágenes de las multitudes que por estos días colmaban los puestos de La Salada y desbordaban algunas calles en Flores, y pensaba que hay una necesidad de escapar de la realidad. Una necesidad lícita, aunque por otro lado uno lee el diario y ve que están pensando cerrar las fronteras, y no solo para quienes vengan de Inglaterra.

En general, tiendo a ser muy racional; entendí perfectamente que había que tomar las medidas de precaución que se aconsejaron desde el principio, las acepté y las cumplí. Creo que la mayor parte de la gente lo hizo. En especial, al principio de la pandemia hubo bastante responsabilidad individual. Pero fue tan larga la cuarentena -no voy a decir demasiado, porque no me atrevo a juzgar-, fue tan largo ese cuidado, el aislamiento, más lo que produjo en pérdidas económicas, que llegó a hartar. Me parece que eso es lo que nos ocurrió colectivamente; hay medidas que significan pedirle mucho a una sociedad que está viviendo dificultades de todo tipo.

En lo personal, en un principio me sorprendí como cualquier otro ciudadano común. Nunca había vivido algo igual, aunque tengo suficiente edad para haber pasado la epidemia de polio en los años 50. Pero aquella epidemia no tuvo ni la intensidad ni el despliegue de información que tiene la que provocó el Covid-19. Entonces todo era mucho más difuso y yo era joven.

Lo que sí me hace sentir que este fue un año perdido es el tema de las presencias físicas. En septiembre murió mi exmarido. Su partida me afectó mucho, sobre todo porque no pude acompañarlo mejor. Fue muy doloroso; obviamente, no hubo velatorio ni nada por el estilo. Es cierto que también me puso en primer lugar por edad en la fila de quienes seguían. Son situaciones que te obligan a enfrentar esa realidad.

Pero siempre hay paradojas. Mis dos nietos aprovecharon la pandemia; el más chico se abocó al estudio y terminó su carrera de Ciencias económicas. La pandemia nos puso a todos en una situación de seguir aprendiendo cosas nuevas todos los días. En mi caso, mi compañía diaria ahora son dos gatos, una notebook, la PC, una tablet y el celular. La vida me enseñó que quedarse en el enojo o en la frustración no sirve de nada; lo único que hace es impedirte avanzar. Quienes ya tenemos nuestros años y pasamos por situaciones similares e incluso peores, podemos comparar y restarle importancia a una crisis como la actual. Pero no a todo el mundo le pasó lo mismo y sería inhumano pedirle a todos que lo vean de esta forma.

En términos políticos, me produce mucha ansiedad que la coalición opositora, que tiene la obligación de presentarse como alternativa, termine privilegiando diferencias en lugar de expandirse y abrir más espacios.

Es que no puedo escindir el quehacer cotidiano de mi mirada política. 2020 significó para mí el seguimiento del primer año de un gobierno nuevo. Y una gran decepción. No porque esperara que fuera un gobierno excepcional, más bien estaba dispuesta a darle el beneficio de la duda. Pero, la verdad, me cuesta encontrar un gobierno que haya cometido más errores que este. Vista la influencia que tiene Cristina Kirchner sobre Alberto Fernández, esta cuestión de que una persona, en este caso la vicepresidenta, haga valer una cantidad de votos en una zona importante del conurbano para conducir ya no tan desde atrás, creo que nos irrita a muchos, confunde y produce un daño enorme a una trama institucional que ya estaba bastante debilitada en la Argentina.

De todos modos, 2020 fue un año muy confuso, tal vez tenga que pasar más tiempo para que realmente veamos el nivel de pérdida que significó. Me van a decir, con razón, que hubo pérdidas en todo el mundo, pero en aquellos países con menos recursos como el nuestro -por ahora, y porque nos la ingeniamos para que sea así- se harán sentir más.

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