
La película de Hoffa
-Quiero ser como Hoffa-, le escucharon decir a Hugo Moyano.
-Pero Hoffa terminó mal- le recordaron.
-¿Está seguro? Si yo vi la película.
Tal vez, Moyano se quedó dormido al final de la historia que protagoniza Jack Nicholson. Tal vez se olvidó. Lo cierto es que Jimmy Hoffa fue un personaje gravitante en la vida sindical de los Estados Unidos. Lideró uno de los gremios más poderosos de su país entre 1957 y 1971, el de los camioneros. Para ello se valió de dos disímiles aliados: los capos mafiosos y los activistas comunistas. Los jefes del hampa recibieron por su intermedio decenas de millones dólares de las pensiones y los fondos para prestaciones sociales, según la policía. Y los rojos le sirvieron como fuerza de choque. Con esa presión logró duplicar el salario de sus representados.
John F. y Robert Kennedy fueron sus principales denunciantes. Ambos terminaron asesinados. A Hoffa no le fue mejor. Primero fue a parar la cárcel, en 1967, por estafar al correo, corromper jurados y recibir un millón de dólares para que sus obreros dejaran tranquilo a un empresario. Estaba en prisión, pero seguía cobrando 48.000 dólares mensuales como jefe de los camioneros. Ocupó ese cargo hasta 1971, cuando Richard Nixon cedió y le conmutó la pena. Cuatro años más tarde, Hoffa desapareció. Unos mafiosos se lo llevaron de un restaurante de las afueras de Detroit a una trituradora, según algunas versiones.
Se deshicieron de Hoffa, pero no de su hijo abogado, Jimmy Jr., que en 1998 ganó los comicios de la Fraternidad Internacional de Camioneros. Terminaron con la cabeza, pero no con la estructura. Un caso con semejanzas al de Hoffa es el del sindicalista mexicano Joaquín Hernández Galicia, La Quina .
El ahora exiliado Carlos Salinas de Gortari inició su gobierno con una ampulosa cruzada anticorrupción que puso a La Quina tras las rejas en 1989. En un país exportador de crudo, este viejo gremialista petrolero encarnó los vicios de autoritarismo, manipulación y corrupción. El gremialismo ha sido una de las patas del régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el poder en México desde hace 70 años.
La Quina permaneció en prisión hasta 1998, condenado por acopio ilegal de armas y homicidio del fiscal que investigaba la causa. "Fue el chivo expiatorio, cuya muerte política permitió a todos respirar mejor", reconoció un diplomático mexicano.
El hijo del sindicalista, el diputado opositor Joaquín Hernández Correa, gestionó con éxito la libertad de su padre. Enfermo, La Quina permanece recluido en su residencia de Cuernavaca.
Nadie quiere terminar como La Quina . Ni como Hoffa. Y todos saben que los chivos expiatorios tampoco acaban conlas conductas perversas.




