
La RAE, detrás de Twitter y Facebook
Claudia Piñeiro Para LA NACION
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Arrasada por la modernidad (o lo que sigue a la modernidad) y por las nuevas tecnologías, uso Twitter y Facebook. Que son bien distintos lo saben hasta quienes no los usan. Y nada más lejos de mi intención que hacer un análisis técnico acerca de las diferencias entre uno y otro. Pero hay días que me siento con más ganas de Twitter y hay días que me siento con más ganas de Facebook. Así como hay días que no me siento con ganas de ninguno de los dos. Así como hay días que paso de uno a otro con intermitencia. Y a muchos de mis "amigos" (FB) y "seguidores" o "seguidos" (TW) parece que les sucede lo mismo. Incluso hay quienes por temporadas abandonan FB porque les parece aburrido, o porque les quita mucho tiempo, o porque una ex o un ex vengativo les publica textos o fotos acusatorias en su muro. Como también hay quienes por temporadas abandonan TW porque lo sienten muy agresivo, o demasiado egocéntrico, o se cansaron de tratar de demostrar que son los más rápidos y brillantes de la TL (Tweet list), o -coincidencia con FB- les quita mucho tiempo.
Uno entra a FB para ver qué pasó y a TW para ver qué está pasando. A FB subo fotos de mi gato, no de mis hijos. Mis seguidores de TW no saben que tengo gato (excepto @arieltorres, periodista de este diario a quien sigo, que es fanático de los animales). Y si usara los 140 caracteres de un "tweet" para hablar de mi gato, no faltaría quien, apelando a la acepción lunfarda de la palabra, me respondería que él de "gatos" entiende mucho, o que a él también le gustan los "gatos" o subiría un "link" a un "blog" donde aparece la foto de algún "gato" famoso. Mis hijos adolescentes suben sus propias fotos a FB, pero yo no las recibo, porque no me "etiquetan". Mis hijos adolescentes no usan TW y se burlan de mí porque yo lo uso. Pero cabe aclarar que su burla no es por la herramienta sino por mi edad, como se burlarían si usara una pollera demasiado corta.
Más allá de estas sutiles grandes diferencias en las instrucciones de uso de las dos herramientas, quiero contar una anécdota para que a partir de ella cada uno saque sus propias conclusiones. Hace unos días uno de mis hijos, a quien transportaba en mi auto con varios de sus amigos, dijo: "Es que la PlayStation te vicea mal" (con acento en la "e", además). Me interesó el verbo: vicear , que no figura en el diccionario de la Real Academia Española, y que reemplaza en la jerga de esos adolescente al clásico enviciar. La PlayStation te envicia mal, pensé, pero ni se me ocurrió corregirlo: después de años de maternidad hay cosas que una aprende. Como aquél era uno de esos días en los que estaba para los dos, FB y TW, comenté el neologismo de mis hijos en ambas cuentas. Y la reacción fue bien diferente.
En FB tuve una infinidad de comentarios y "clicks" en "me gusta" de "amigos" que se sentían identificados con las confusiones y dificultades de decodificación que originan ciertos usos de la lengua adolescente. Hubo quienes me consolaron aportando sus propios ejemplos ilustrados con otras palabras y otras anécdotas. Hubo también quienes empezaron a usar el neologismo: "a ellos los vicea la PlayStation y a nosotros, Facebook". Y quienes, jóvenes ellos, se sintieron identificados con mis hijos y me sugirieron que probara la PlayStation, "que es lo mejor que hay", cosa que prometo no haré.
En el mundo Twitter la reacción fue bien distinta. El único comentario que recibí fue el de un joven de 20 años (según pude ver en su perfil), que escribió el siguiente tweet : "Ah, mirá qué bien, Claudia Piñeiro acaba de descubrir hoy la palabra vicear . Aleluya". Además, como el joven de 20 me "sigue" a mí pero yo no lo "sigo" a él, se ocupó de que el tweet me llegara a mi casillero de "menciones", anteponiendo a la frase el signo arroba (@) y mi nombre (única forma posible para que uno lea a alguien que no "sigue"). Me pareció educado contestarle, como le contesto a todos los que me mandan algo, y escribí: "Ja ja [nota: el ja ja es imprescindible para demostrar en estos mundos cibernéticos que uno tiene onda y no está enojado]. Me refería a que la palabra no existe para el diccionario RAE, pero un neologismo para mí puede ser una antigüedad para la Red". Y como me quedaban algunos caracteres volví a escribir "ja ja". Creí que con eso quedaba todo bien y el intercambio terminaba ahí. Pero el joven twittero fue por más y me respondió: "Si te metés en Google hay miles de entradas a la palabra vicear ". Y luego otro tweet : "Te recomiendo una palabrita bien nueva: googlear . O guglear si preferís".
Espero haber sido ilustrativa. En cuanto salga esta nota en el diario la "comparto" en Facebook y la "linkeo" en Twitter. Y, como diría el twittero de 20, que la Real Academia se vaya poniendo las pilas: para escribir este texto tuve que usar demasiadas palabras que no tienen entrada en su diccionario o cuya acepción es otra. Si no lo hacen, no nos dejaran más alternativas que vicearnos en la Red y usarla de diccionario en tiempo real.
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