
La remodelación de la Casa Cuna
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EL bienestar de la niñez, que entre otras irrenunciables obligaciones impone la de disponer de centros asistenciales adecuados para preservar la buena salud de la población infantil, debería ser el incentivo que movilice la inmediata remodelación del Hospital de Niños Pedro de Elizalde (ex Casa Cuna).
Los médicos de ese establecimiento han denunciado que sus instalaciones se encuentran en pésimo estado de conservación -el pabellón Carlos Pellegrini está clausurado- y que el 80 por ciento del edificio correría el peligro de derrumbarse. No fue, por cierto, una malintencionada exageración. Por el contrario, se puede decir que se trata de un hecho conocido.
El mencionado nosocomio, uno de los tres hospitales pediátricos públicos que hay en la ciudad, se encuentra en su actual emplazamiento de la avenida Montes Oca, casi sobre el límite entre los barrios de Constitución y de Barracas, desde 1873, cuando pasó a ocupar el edificio del Sanatorio Moderno. Nadie ignora la proverbial morosidad que caracteriza a la administración estatal cuando se trata de obras públicas: la ex Casa Cuna dependió del Estado nacional hasta 1963 y el 1º de agosto de ese año pasó a la órbita de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.
En 1994 hubo un aviso de los riesgos implícitos en la obsoleta condición de la infraestructura edilicia del hospital Elizalde al desplomarse el cielo raso de una de las salas de cirugía. Durante ese mismo año, el entonces concejal y ahora secretario de Salud del gobierno autónomo local, doctor Héctor Lombardo, elaboró el proyecto de remodelación aprobado por el ex Concejo Deliberante. Fugaz esperanza. El llamado a concurso, emitido por la última intendencia municipal, desembocó en una frustración, pues la obra no fue adjudicada. Ayer, tras casi un lustro de espera, se anunció que la nueva licitación será concretada en 30 días.
Si se trata de la salud, las demoras -sea cual fuere su origen- no admiten excusas. Causó extrañeza, pues, la airada reacción del citado funcionario -sin duda, conocedor de las deficiencias que afectan el normal desenvolvimiento de las actividades realizadas en el hospital Elizalde- al enterarse de las denuncias efectuadas por los facultativos. Los médicos, por su parte, alertaron acerca de que es menester encarar una vasta remodelación edilicia y funcional de ese establecimiento o "aceptar su desactivación como hospital pediátrico".
Con casi tres centenares de camas para internación, 670 profesionales, 315 enfermeras, alrededor de 13.000 internaciones anuales y 6000 consultas diarias de pacientes provenientes de la ciudad y de su conurbano, la ex Casa Cuna no merece ese ingrato destino. Inquieta por esa alarmante perspectiva, la comunidad aspira a que las autoridades locales dispongan esta vez las medidas necesarias para encarar su apremiante remodelación y modernización con premura y eficiencia.





