
La restauración de la Ultima cena
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YA se habla de "la restauración del siglo" para definir el enorme trabajo realizado sobre la Ultima cena, la pintura de Leonardo da Vinci que muchos consideraban irrecuperable.
Esta pieza de arte, de difusión poco menos que universal, fue muchas veces retocada, arreglada y vuelta a pintar, hasta el punto de alterarla de una manera que parecía irremediable. Sobreviviente de muchas peripecias, incluyendo un bombardeo, durante la Segunda Guerra Mundial, hoy puede ser exhibida nuevamente, en condiciones de extremo cuidado, necesarios para garantizar su preservación.
Las tareas de recuperación comenzaron en 1978 y solamente ahora la magnífica pintura, con una luz que iguala a la que el genio de su creador le dio, está a la vista del público en el refectorio de Santa María delle Grazie, en Milán.
Una notable tarea de especialistas de los más diversos tipos, que costó cuatro millones de dólares, se realizó para recuperar el cuadro. Hubo, a lo largo de este dilatado proceso, numerosas críticas hacia la tarea de los restauradores, que no han desaparecido. El saldo final, sin embargo, parece ser positivo, sobre todo si se tiene en cuenta que la obra ya estaba en malas condiciones en los tiempos de su creador.
Este impactante cenáculo, realizado entre 1494 y 1498 por orden de Ludovico el Moro, es un signo múltiple que llega, con diferentes ecos, a hombres y mujeres que lo ven como testimonio vivo del genio magnífico de uno de los artistas más maravillosos de la historia. Es también una señal preciosa para el mundo cristiano, que agrega a esos valores los que surgen de una vivencia religiosa de la extraordinaria pintura.
La restauración de la Ultima cena es una demostración cabal de los valores que nuestro mundo, tan comprometido y conflictivo, es capaz de proteger. La tarea cumplida, conjunción notable de tecnología y arte, es la demostración de una notable capacidad para salvar los legados más imponentes de la cultura de todos los tiempos.
También se trata de una herencia, admirable y riquísima, del milenio que termina hacia el que viene, surgida de una conciencia lo suficientemente poderosa y universal como para relativizar muchas visiones negativas en torno del futuro de la civilización. Leonardo no soñó con pintar para toda la humanidad. La tecnología de nuestros tiempos lo ha hecho posible.






