
La revancha de Morel y los hologramas
En 1940, Adolfo Bioy Casares publicó La invención de Morel, una novela romántica en la que unas imágenes verosímiles emitidas por una extraña máquina formaban parte de la trama en una isla fantástica. La ficción anticipó el invento de los hologramas, que, está semana, tienen su revancha histórica tras años de PC, videojuegos y celulares en dos dimensiones.
El llamado video volumétrico recibió días atrás el respaldo de Lars Ulrich, baterista de Metallica, quien sorprendió al aceptar que el futuro de los recitales en vivo será protagonizado por hologramas.
Casi en simultáneo una empresa tecnológica anunciaba que los llamados con hologramas reemplazarán en breve a los precarios llamados y mensajes de voz, audio o video. Y en Hollywood, ficción y realidad se mezclan en estas técnicas basadas en imágenes reales. Así reflexionaba Bioy, a través de Morel, hace ocho décadas: “Las imágenes no viven. Sin embargo, me parece que teniendo este aparato conviene inventar otro, que permita averiguar si las imágenes sienten y piensan”.






