
La "revolución caligráfica" de 1994
Contra lo que algunos esperaban el justicialismo ganó las elecciones parlamentarias de octubre de 1993. Por ese entonces el objetivo del presidente Menem era -¿como ahora?- la reelección. Pero el radicalismo conducido por Alfonsín le bloqueaba el camino en el Congreso. Sin los radicales Menem no obtendría los dos tercios necesarios para reformar la Constitución de 1853 que prohibía la reelección inmediata. ¿Qué hizo entonces? En noviembre de 1993 amenazó con convocar a una consulta popular "no vinculante" para que el pueblo hiciera saber su opinión. En 1984 el presidente Alfonsín había hecho lo mismo para superar la oposición del Congreso al Tratado del Beagle. La propuesta de Menem asustó a Alfonsín. ¿Iría el radicalismo a una segunda derrota electoral en menos de dos meses? Por otra parte ¿cómo podría bloquear el Congreso la reforma constitucional si el pueblo se pronunciaba en favor de ella? Así derrotado antes de pelear Alfonsín fue al pie y negoció con Menem. De la negociación salieron el pacto de Olivos y a su sombra la reforma constitucional de 1994.
Mientras negociaban Menem y Alfonsín semejaban dos gladiadores romanos empeñados en salirse con la suya. Pero usaban armas diferentes. Menem peleaba con la maza: su objetivo puro y simple era prolongar el poder. Lo demás para él era secundario. Alfonsín combatía con la red: su objetivo era envolver el poder de Menem en una maraña de cláusulas permanentes y disposiciones transitorias. Abogado hasta el fin el ex presidente se ilusionó con la idea de limitar a Menem a través de la letra chica de un contrato constitucional.
De la red de Alfonsín nacieron entonces reglas e instituciones nuevas extrañas a la tradición política argentina como la Jefatura de Gabinete el tercer senador el Consejo de la Magistratura la prohibición de un tercer período presidencial consecutivo y la elección popular del intendente de Buenos Aires.
¿Hasta dónde estas innovaciones han servido para limitar el poder presidencial? La maza fue efectiva: Menem continúa en el poder. ¿Lo fue la red? La maza y la red De aquí a tres semanas la Capital Federal elegirá intendente por primera vez en su historia. A partir del 30 de este mes Menem será probablemente un invitado en la ciudad de De la Rúa. Gracias a la cláusula del tercer senador varios senadores radicales y opositores han ingresado en el Congreso en representación de las minorías provinciales. Hasta aquí la red.
Caben ciertas observaciones sobre estos dos éxitos parciales de la estrategia Alfonsín. El intendente opositor no manejará ni la policía ni la Justicia de Buenos Aires. Tampoco recibirá los subsidios indirectos que hoy maneja el intendente Domínguez. En el Senado Angeloz perdió sus fueros Massaccesi podría perderlos está Bauzá en lugar de Bordón y Catamarca enfrenta la posibilidad de una intervención federal si su Legislatura se sigue negando a consagrar como senador por la minoría nada menos que al ex gobernador Ramón Saadi. Por otra parte la institución del tercer senador no impide que el justicialismo predomine en ambas cámaras.
Dicho esto también hay que admitir que la oposición mejoró su posición en el Senado y en Buenos Aires gracias a la red.
Poco o nada queda en cambio de las demás reformas limitantes del poder de Menem. Hay jefe de gabinete es cierto pero desde la perspectiva de Menem es sólo el nuevo nombre que ahora se le da al secretario general de la Presidencia. ¿O alguien cree seriamente que Bauzá primero y Rodríguez ahora fueron pensados como auténticos "primeros ministros" tal cual quería Alfonsín? En cuanto al Consejo de la Magistratura que deberá gravitar decisivamente en el nombramiento de los futuros jueces en lugar de la tradicional decisión del Presidente con acuerdo del Senado si llega a constituirse quedará en manos de una mayoría oficialista cercenando además las facultades hasta ahora propias de la Corte Suprema.
Respecto de la cláusula transitoria según la cual el período presidencial 1989-1995 ha de ser considerado un "primer período" y por lo tanto el de 1995-1999 el segundo y último de la reelección inmediata lo cual debería bloquear la re-reelección de 1999 ¿quién asegura que saldrá indemne de una nueva consulta popular "no vinculante" de aquí a un par de años? La amenaza plebiscitaria que bastó para derrumbar la venerable Constitución de 1853 en 1993 ¿no podría derrumbar también la tenue Constitución de 1994 digamos en 1998? Quien pudo lo más podrá lo menos: a menos que por entonces su popularidad haya bajado decisivamente el Presidente estará en condiciones de repetir de aquí a dos años lo que ya había logrado hace dos años y medio. Despojado mientras tanto de la jefatura radical Alfonsín ha sido reducido al retiro efectivo como ex presidente. Menem continúa y quizá continúe por largo tiempo en la Casa Rosada con su poder intacto. La red probó ser poco apretada para los peces que pretendía atrapar. La maza continúa golpeando.
El espíritu y la letra
Cuando se dicta la materia Contratos en la Facultad de Derecho lo primero que se enseña es que ningún contrato de sociedad sirve de algo si entre los socios no impera lo que los romanos llamaban el animus societatis: el espíritu asociativo la voluntad de estar juntos. Si ella falta es inútil imaginar en el papel cláusulas punitorias y garantías formales.
Cada vez que radicales y peronistas se encuentran para firmar un papel chocan dos culturas. Los radicales creen en la letra escrita. Los peronistas ellos creen en el poder. Recuerdo que un día Rogelio Frigerio volvió exultante de Madrid donde se exiliaba Perón con un papel donde el viejo caudillo había firmado una declaración "desarrollista". Frigerio creía haber convertido a sus ideas al general. Este simplemente había sumado otra finta más al rico repertorio de sus habilidades.
Algo similar ha ocurrido entre Alfonsín y Menem. Aquél creía que al hacerle firmar el pacto de Olivos había atrapado a Menem en la red sutil de las provisiones legales. Pero éste sólo sabía que gracias a una mera firma agregaba tiempo al poder. Una vez asegurado el sillón lo demás ya se vería. Es que nada cambiará mientras el poder no quiera hacerlo. Y el poder simplemente no quiere. Pasa aquí como en el tema de la corrupción. En la letra quizá tengamos en breve una pomposa ley anticorrupción como la que ha anunciado el Ejecutivo. En los hechos en la nuda realidad la Argentina comparte únicamente con China el dudoso privilegio de ser el país donde más creció la corrupción en los últimos cuatro años entre los 54 que monitorea Transparency International.
Kant escribió al comenzar sus Fundamentos para una metafísica de la moral que hay una sola cosa a la que puede llamarse "buena": la buena voluntad. Si no hay voluntad de compartir el poder y de combatir la corrupción lo demás será lo de menos. Así es como languidece apenas nacida la Constitución de 1994.
Nuestro Juan Bautista Alberdi escribió a su vez que a los argentinos nos fascinan las "revoluciones caligráficas" los grandes textos que se escriben sobre el manso papel mientras la realidad continúa pese a ellos su camino. La red teje y desteje interminablemente. La maza gana y golpea.






