
La ruta de Slobodan
La vida política de Milosevic parece haber regresado dramáticamente a las motivaciones y al lugar que lo condujeron, hace 12 años, al trampolín del poder y de la popularidad. Con el ataque de la OTAN, el "gran timador" juega en Kosovo, con sangre y nacionalismo, su futuro.
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NUEVA YORK.-(The New York Times) LA vida política de Slobodan Milosevic ha trazado un círculo completo, regresando a Kosovo donde, hace casi 12 años, con una corta frase, se trasformó de un anónimo y gris burócrata comunista en un feroz populista promotor del nacionalismo serbio, con lo que puso a Yugoslavia en la ruta del conflicto, la fragmentación y la violencia.
Pocas veces puede establecerse con tanta precisión el momento decisivo de una carrera como el que ocurrió el 24 de abril de 1987, cuando Milosevic, veterano apparatchik mejor conocido por sus habilidades de organizador, enfrentó a una muchedumbre de encolerizados serbios en un suburbio de Pristina. Mientras ellos se quejaban de ser obligados a retrocer por policías que blandían bastones, él les dijo: "Nadie se atreverá a golpearlos nuevamente".
Los serbios se habían reunido en protestas previas para demandar que fueran reducidas las garantías constitucionales de autonomía para Kosovo, con el fin de disminuir el poder político de los albaneses étnicos que en ese entonces superaban en número a los serbios en una proporción de 4 a 1.
Milosevic, quien en esa época era el flamante líder de la Liga de Comunistas de Belgrado, había sido enviado a Pristina a tratar de calmar las protestas. El hombre que lo envió, Ivan Stambolic, líder comunista indiscutible de Serbia, era también el mejor amigo de Milosevic.
El mentor traicionado
Ambos se conocieron cuando eran estudiantes de primer año en la Facultad de Leyes, y durante 25 años, Milosevic había ascendido asido a los pantalones de Stambolic, elevándose en la jerarquía hasta ser ejecutivo de una compañía de gas y, posteriormente, de un banco. Cuando Stambolic tomó el control de la Liga de Comunistas de Serbia, designó a Milosevic para el liderazgo de la organización del partido en Belgrado.
La misión de Milosevic en Pristina era atenuar un conflicto creciente, pero de nivel local. En ese entonces, el último líder de Yugoslavia, Tito, había muerto siete años antes, pero un precepto clave del "titoísmo" que se había mantenido intacto -"hermandad y unidad"- prohibía la discusión pública de tensiones interétnicas. El debate de los asuntos relacionados con la nacionalidad debía estar confinado a los funcionarios más elevados y confiables del partido.
Cuando Milosevic interrumpió su reunión con funcionarios del partido en Kosovo, la mayoría de los cuales eran albaneses étnicos, y descendió para gritar a los manifestantes serbios afuera del edificio para decirles que nadie se atrevería a golpearlos nuevamente, el impacto fue profundo, inmediato y sorprendente.
"Slobo, Slobo", empezó a corear la muchedumbre. Las cámaras de televisión capturaron la imagen del político con su característica cabellera larga, cuando se identificaba con los sentimientos nacionalistas serbios contra los albaneses étnicos de Kosovo. Esto constituía una violación del largamente respetado tabú mediante el cual Tito y sus sucesores habían logrado mantener el control de las rivalidades nacionalistas y étnicas que hervían bajo la superficie de Yugoslavia.
El enigma de la motivación
La explosión nacionalista de Milosevic no fue del todo espontánea. Se había asegurado de que las cámaras de TV de Belgrado estuvieran en posición de filmar la escena, y había sostenido pláticas con serbios locales unos días antes.
Desde entonces, el interrogante acerca de las verdaderas motivaciones de Milosevic ha sido muy discutido en Yugoslavia. Aleksa Djilas, historiador de Belgrado e hijo del ya fallecido Milovan Djilas, que fue el disidente más famoso en el período de Tito, ha escrito críticamente acerca de Milosevic, pero asegura que el líder serbio se ha visto impulsado auténticamente por el nacionalismo serbio.
Muchos otros, comentando que Milosevic supo ocultar tales pasiones durante sus primeros 25 años de vida política, generalmente lo presentan como un cínico maquiavélico, quien simplemente extendió la mano para asirse del nacionalismo justo en el momento en que la barca del comunismo en la que él había navegado estaba a punto de caer por las cataratas.
Stambolic recordaría posteriormente que su protegido, al regresar de Pristina, "estaba transformado y excitado por Kosovo". Stambolic se había escandalizado y decepcionado por lo que Milosevic había hecho allí, pero tardó en darse cuenta de que, al tomar como suya la agenda nacionalista serbia, Milosevic se estaba embarcando en una campaña para arrebatar el liderazgo del partido serbio de las manos de su más antiguo y cercano amigo.
Lejos de trascender el nacionalismo, como el comunismo había enseñado, Milosevic lo estaba tomando como estandarte, ligando su destino a los sueños y ambiciones de los serbios de Kosovo.
A lo largo del verano de 1987, Milosevic conquistó nuevos seguidores durante una serie de reuniones partidistas a puertas cerradas, y los convirtió en sus aliados en la televisión y en los diarios más importantes, impulsándolos para que diseñaran su cobertura noticiosa para su máximo provecho. Con la ayuda de la policía, los manifestantes eran reunidos y enviados a lugares estratégicos para corear "Slobo, Slobo".
Su colaboradora más cercana
Estaba dejando atrás su personalidad de gris miembro de la nomenklatura para ir adquiriendo carisma. Con la ayuda oficial, así como espontáneamente, el culto a Milosevic se fue formando, generando frases y canciones, entre ellas una que jugaba con su primer nombre y que incorpora el trazo eslávico correspondiente a la libertad: "Slobodan, te llaman libertad. Eres amado por grandes y pequeños, Y en tanto Slobo recorra la tierra, el pueblo no será esclavizado".
Entre las críticas publicadas contra los hombres considerados enemigos de Milosevic estaban varios, escritos bajo seudónimos, por su esposa, Mirjana Markovic, catedrática de sociología marxista en la Universidad de Belgrado, quien era más ideológicamente purista que su marido.
Se conocieron en la escuela preparatoria en Pozarevac, pueblo provincial de 20.000 almas donde nació Milosevic en 1941. El padre de Milosevic había deseado ser sacerdote ortodoxo serbio, pero nunca completó sus estudios en el seminario y se ganaba la vida como maestro de ruso y serbio-croata.
Cuando Slobodan y su hermano mayor, Brislav, ahora embajador ante Moscú, estaban en la escuela elemental, su padre se fue a su nativa Montenegro.
Los niños fueron criados a partir de entonces por su madre, quien también era maestra, además de dedicada activista comunista.
En su juventud, Milosevic era rechoncho y solitario. Rehusaba practicar cualquier deporte y escribía poesía. En la actualidad, frecuentemente es descripto en las revistas como reclusivo y de humor cambiante, todavía con pocos amigos, aunque en apariciones públicas y durante entrevistas puede parecer tan efusivo y positivo como un vendedor de autos.
Historia de suicidios
En 1962, cuando aún estaba en la universidad, su padre se suicidó. Once años más tarde, su madre siguió esos pasos y también se suicidó. Un tío, hermano de su madre, que era general, imitó trágica tradición y se privó de la vida. La señora Marcovic también vivió un ambiente de tragedia familiar. Cuando era niña, su madre, miembro de la resistencia encabezada por Tito durante la guerra, fue capturada y torturada por la Gestapo.
Desde hace mucho tiempo ha sido una cercana colaboradora política de su esposo, y fue ella quien movilizó a la gente para él en septiembre de 1987, durante la reunión del comité central en el que, al proclamar los temas nacionalistas que había hecho surgir en Pristina, prácticamente derrocó a su mentor, Stambolic, del más alto puesto partidista de Serbia.
Posteriormente, Stambolic comentaría con amargura: "Cuando alguien sólo ve tu espalda durante 25 años, es comprensible que algún día genere el deseo de clavarle un cuchillo. Mucha gente me lo advirtió, pero yo no presté atención". Stambolic quizás haya sido el primer personaje importante que fue traicionado por Milosevic, pero sin duda no fue el último. La lista de aliados que ha lanzado por la borda durante los últimos 12 años es muy larga, e incluye a hombres como Dobrica Cosic, el novelista nacionalista serbio a quien eligió para servir como presidente, y como Milan Panic, el magnate de la industria farmacéutica de California que fue atraído para ser primer ministro durante algún tiempo. Entre los que ha descartado se encuentran políticos de izquierda y derecha, y líderes militares dentro y fuera de Serbia que en varias ocasiones acudieron al llamado atractivo pero fallido de Milosevic para la creación de una Gran Serbia.
El más astuto timador
En cuanto a no cumplir su palabra, Milosevic ha desconcertado y encolerizado a decenas de negociadores de innumerables países y organizaciones internacionales, al hacer exactamente lo opuesto de lo prometido, actuar con morosidad, negar evidencias y aferrarse firmemente a explicaciones absurdas. Warren Zimmermann, el último embajador estadounidense ante la antigua Yugoslavia, lo ha llamado "el más astuto timador de los Balcanes". Menos diplomáticamente, el escritor británico J. F. Brown lo describió como un "político consumado y mentiroso patológico". Tales descripciones fueron dadas a conocer mucho tiempo después de que ascendió y consolidó su poder sobre Serbia mediante el recurso de enfocarse en Kosovo.
Aleksa Djilas, el historiador, observa que, debido a su énfasis en los serbios de Kosovo y, por extensión, en todos los serbios étnicos, "para mediados de 1988, Slobodan Milosevic disfrutaba de una popularidad mayor que la de cualquier personaje político serbio en este siglo". En marzo de 1989, los líderes partidistas albaneses étnicos de Kosovo fueron arrestados a instancias suyas, y tres meses después se anunció una nueva Constitución. El 28 de junio, Milosevic celebró sus triunfos y proclamó sus visiones nacionalistas al viajar al antiguo campo de batalla de Gazimestan, en Kosovo. En esa fecha, en 1389, dicen los libros de historia serbios que tropas turcas abrumaron a los combatientes serbios para dar inicio a los 500 años del imperio otomano. Mientras decenas de millares de seguidores lo aclamaban, Milosevic ligó el glorioso pasado con el presente, diciendo: "Seis siglos después, una vez más estamos en batallas y rivalidades. No son batallas con armas, aunque tal cosa no está excluida aún".
Con la pérdida de la autonomía de Kosovo y de otra menos incendiaria provincia autónoma llamada Vojvodina, Serbia conquistó dos votos adicionales en la compleja estructura federal de Yugoslavia, lo que significó adquirir más poder que sus socios en la unión.
La separación y la limpieza
Las otras repúblicas, ya resentidas profundamente por la promoción del nacionalismo serbio, empezaron a separarse, comenzando por Eslovenia, en 1991. Sólo Montenegro permanecería. Este desmembramiento fue acompañado por guerras que sucesivamente enfrentaron a Serbia contra eslovenos, croatas y musulmanes serbios, y las corrientes constantes de refugiados se convirtieron en un espectáculo común a medida que proliferaba la "limpieza étnica". Al abrirse otros frentes, la atención de Milosevic, y la del mundo, se distrajo.
Han pasado 12 años y la mayoría de los sueños de nacionalismo serbio que se pusieron en marcha cuando Milosevic habló ante los manifestantes serbios han fallado en forma estrepitosa. El deseo de establecer enclaves serbios étnicos en los territorios de Croacia y Bosnia no se vieron cumplidos. Las esperanzas serbias de unir tales áreas al territorio principal también han resultado imposibles.
Y ahora, al enfrentarse al poderío militar de la OTAN, Milosevic ha regresado al punto de su carrera donde se iniciaron su política y las guerras de secesión de Yugoslavia.






