Poesía digital. La tecnología llegó a la inspiración.

Más afín al juego creativo que al genio, la literatura electrónica se acerca al arte visual y a la creación colectiva.
Martín Lojo
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5 de julio de 2015  

En algunas de las más bellas e inquietantes páginas de la ciencia ficción contemporánea, William Gibson describe la creación de la obra de arte perfecta. Se trata de una pequeña caja de madera lisa con objetos de desecho incrustados en su interior -retazos de puntilla, huesos, una bolita de arcilla- pero combinados de tal modo que mirarlos produce una emoción irresistible. Hacia el final de Conde Cero , la investigadora contratada para hallar al artista entra en un depósito abandonado en el espacio, donde observa el espectáculo: brazos mecánicos con sierras, alicates, pinzas y pegamentos, conectados a una computadora, es decir, un robot, toman los objetos de la basura que flota libre y componen el objeto maravilloso que todos desean.

El premonitorio sueño de Gibson combina la mayor ambición de un arte vanguardista (crear una obra de pura forma combinada al azar, sin ninguna marca subjetiva) y la de la ciencia y la tecnología (concebir una inteligencia artificial indistinguible de la humana). Si hay un terreno en el que una conciencia sintética pondría a prueba con rigor su humanidad, sería en el terreno del arte, donde el lenguaje se transforma en empatía y experiencia sensible.

Aunque todavía suene a fantasía remota, el primer ejercicio artístico realizado con una computadora data de hace más de sesenta años. En 1952, Christopher Strachey, colaborador de Alan Turing, programó la Ferranti Mark I para escribir una carta de amor por día, generada por la combinación azarosa de frases. Desde entonces, el desarrollo de la literatura digital creció junto con la tecnología.

Buenos Aires fue, a comienzos de junio pasado, el escenario de discusión de los últimos avatares de este cruce entre literatura y tecnología. Por primera vez se realizó en América Latina el Festival Internacional E-Poetry, donde confluyeron autores, académicos y traductores de todo el mundo, y hasta una "orquesta de poetas". Como corolario del Festival, se inauguró la muestra Expansiones. El tiempo de la literatura digital : un recorrido por la historia de la poesía electrónica con énfasis en las creaciones argentinas actuales, que puede visitarse hasta hoy a las 19 en Muntref (en el antiguo Hotel de Inmigrantes, Av. Antártida Argentina 1355).

Todo empezó como un juego

El recorrido de la muestra exhibe el crecimiento de una práctica que nació como un juego de los programadores, para transformarse en una forma creativa que retoma la tradición de la poesía experimental y crea sus propias y cambiantes reglas, entre el arte visual, la escritura aleatoria, la creación colectiva, la incorporación de Internet como fuente y la lectura interactiva. El precursor de la poesía electrónica en la Argentina fue Omar Gancedo, con su poema "IBM" (1966), un texto creado a partir de tarjetas perforadas, propias de las computadoras de entonces.

"Si bien la literatura electrónica tiene desarrollos internacionales desde los años cincuenta y sesenta, es en realidad desde los ochenta en adelante, sobre todo desde los noventa, cuando su crecimiento se hace sostenido, debido a la propia diseminación de las tecnologías digitales en la vida cotidiana. La apertura de Internet comercial en la década del noventa tiene mucho que ver con ese crecimiento -asegura Claudia Kozak, curadora de la muestra, docente universitaria y coordinadora del grupo Ludión (Exploratorio Latinoamericano de Poéticas/Políticas Tecnológicas)-. En América Latina predomina más la poesía digital animada, interactiva o no, que el hipertexto de ficción. También la poesía sonora asociada tanto a cierta música electrónica como a recursos audiovisuales digitales. Eso se suele vincular con la importancia de la poesía concreta en la región. Pero el panorama está cambiando, la poesía generativa está bastante presente en los diez últimos años."

Son las tendencias que se observan en la selección de obras argentinas de la muestra. En las computadoras dispuestas en la sala, puede verse 9Menem9 (1998), un poema de Fabio Doctorovich que aprovecha la forma de anagrama que tiene el nombre del expresidente para construir un poema visual: a partir de las opciones "Vote Menem SÍ - NO", la animación de las letras construye formas en las que, según la sugestión política del lector, se podrán ver fábricas produciendo o cerrando, cruces amenazantes y hasta el nombre doblándose para abarcarlo todo. Ana María Uribe , que había experimentado con la poesía tipográfica impresa en papel desde fines de la década de 1960, aprovechó la tecnología digital para crear, en sus "Anipoemas", animaciones en las que, por ejemplo, las letras componen un circo, con sus desfiles, malabaristas, trapecistas y público.

Más cerca del video-arte, Ladislao Pablo Györi utiliza la animación en 3D. En Crítica de arte en el ciberespacio (1995), Györi simula la generación de un texto sobre crítica de arte en la mente. Las palabras y frases, como células, circulan por las distintas zonas del cerebro y forman un texto que, como se reconoce al leer "Discurso sobre el agua", remite a las obras hidrocinéticas de Gyula Kosice. Otros trabajos animados de Györi, Virtual Poem 14 y Virtual Poem 12-13 , muestran los modos en que el lenguaje puede componer frases y desmontarlas, crear y transformar palabras a partir del sentido o de su división y recombinación formal; en suma, poemas en acto.

Otras obras se acercan al formato del videojuego, como Dream Interaction, de Laura Palavecino (Foto): un relato poético ilustrado que puede observarse proyectado sobre una pared de la sala de Muntref. Al acercarse al dibujo, un sensor detecta los movimientos de las manos del espectador, que puede intervenir en la resolución de la historia. Más cerca de la estética surrealista, Belén Gache utiliza la interactividad y el diseño visual de los arcades y viejos juegos de PC para sus Wordtoys (2006), y la versión barroca Góngora Wordtoys (2011). Se trata de libros virtuales que permiten diversos "juegos con palabras": una canilla que vierte poemas, un grupo de pájaros que recitan en diversos idiomas o un juego de poesía gongorina que desafía a completar un poema barroco.

Creatividad informática

La idea de "juego poético" es crucial en la poesía generada por medios informáticos. Sobre todo en lo que Kozak llama "poesía generativa", aquella en la que los programas no son sólo una herramienta para presentar o alterar los textos sino el medio de creación mismo. Es el caso de Iván Marino y Milton Läufer , que además de autores son programadores. A partir de un repertorio de frases o palabras, propias o ajenas, muchas de sus obras recurren a las instrucciones de un algoritmo para crear textos nuevos a partir del azar, o modificar un poema a medida que se lo lee. Las "Perlongherianas", de Marino, por ejemplo, recurren a un repertorio de frases al "estilo" de Néstor Perlongher, para crear poemas aleatorios que son leídos por un robot, con resultados tan inesperados como: "Mandela/ fue bueno;/ su látex/ se agrieta." O "Hitler/ era candoroso;/ su perra renga/ se inflama". Los "Alejandrinos", de Läufer, recurren a un repertorio fijo de frases de siete sílabas ("en cierta conjunción", "magma de los cristales") para formar alejandrinos (versos de catorce sílabas) que se recomponen a medida que se leen y dejan de manifiesto la solidez del ritmo por sobre el sentido. También es autor de la novela Lagunas , disponible en Internet, en la que se expresa la evanescencia de la memoria y del pasado de los personajes a partir de fragmentos que varían en función de un algoritmo, por lo que cada bajada de la red generará un libro distinto.

Con estas estrategias la poesía electrónica enfatiza la exploración creativa. Más que la búsqueda de un resultado se trata de generar múltiples obras abiertas en el tiempo, fugaces y cambiantes, renovadas con cada mirada. En este sentido, Kozak asocia la poesía electrónica con las vanguardias históricas más radicales. "Esta literatura puede vincularse con dos líneas diferentes que también salen de las vanguardias y, en última instancia, de 'Una tirada de dados...', el poema de Mallarmé, y de los caligramas de Apollinaire: una tensión entre programas y des-programas; tensión entre determinación y control, por un lado, e indeterminación y azar, por el otro. Dadá o el surrealismo por ejemplo, del lado de la indeterminación y el azar; del otro, el constructivismo de algunas vanguardias plásticas y de una poesía experimental «matemática» y «calculada», como la del grupo Oulipo. Todo eso confluye con distintas intensidades en diversas zonas de la literatura electrónica."

Una de las obras argentinas más complejas es IP-Poetry , de Gustavo Romano. Cuatro robots son los encargados de recitar los poemas, a partir de la combinación de sílabas pregrabadas. La plataforma permite al usuario ingresar búsquedas en Internet y frases fijas, y luego combinar el orden en que serán recitadas. El programa utiliza el comienzo de los resultados de la búsqueda en la red y las frases fijas para seguir las instrucciones del usuario. Como los resultados de cada búsqueda serán siempre otros a medida que la red cambia, cada poema programado será distinto cuando se ejecute de nuevo. El proyecto de Romano reúne así el uso del azar y la indeterminación, la interactividad con el usuario, la interacción con la red y la performance visual y sonora.

Nunca se trata de "una" obra, sino de explotar las posibilidades de combinación que transforman el lenguaje tal como lo conocemos. Así describe Milton Läufer su trabajo para "generar" textos literarios: "a partir de unidades que pueden variar (palabra, oración, párrafo, fragmentos, capítulos) se hacen reordenamientos, a veces azarosos, a veces una mezcla de azar y algoritmos que determinan qué combinaciones son aceptables, a partir de elementos contextuales o de la elección del lector. En mi novela, en particular, se hace a partir de fragmentos de largos variables (desde oraciones hasta párrafos) y con un azar limitado. A medida que iba haciendo las pruebas y encontraba cosas que no funcionaban, modificaba el algoritmo. Tuve que enseñarle a mi computadora a escribir. Y en el proceso, fui aprendiendo yo también".

La poesía electrónica del siglo XXI parece así querer cumplir el programa de las vanguardias del XX: acabar de una vez por todas con la gastada idea romántica de inspiración y genio, y dejar la creación del lado del juego con el lenguaje, a mano de todo lector.

Concurso de cuento digital.

Hasta el 20 de julio está abierta la convocatoria para participar del Premio Itaú de Cuento Digital.

Se trata de una plataforma de experimentación literaria que permite escribir un relato y compaginarlo y editar su modo de lectura online. Hay dos categorías, para menores y mayores de 18 años, y el jurado está integrado por Alberto Gallo (Uruguay), Daniel Link (Argentina) y Alejandro Zambra (Chile).

https://www.premioitau.org/

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