
¿La televisión argentina pierde la memoria?
Quienes todavía seguimos atentos a lo que pasa en el mundo de lo que tradicionalmente conocemos como televisión y ahora se identifica con el término genérico “pantallas” no dejamos de asombrarnos cada vez que alguna de las grandes cadenas del hemisferio norte (europeas o estadounidense) rescatan al aire tramos de sus respectivos archivos históricos.
Lo vienen haciendo seguido, por ejemplo, los canales internacionales de la RAI (Italia) y RTVE (España) con segmentos de viejos programas musicales. Pero también hay ciclos disponibles en forma completa o parcial de distintos géneros (incluyendo ante todo noticieros y espacios informativos de valor histórico superlativo) en sus respectivas páginas oficiales en Internet.
El cuidado y la preservación de ese material funcionan en ese sentido como una política que sobrevive a las distintas y circunstanciales gestiones políticas. La definición precisa de un medio público surge justamente de esa conducta y no de algún determinado slogan pensado en algún momento como parte de una campaña de renovación de imagen.
En la Argentina de nuestros días, contar con un archivo histórico televisivo que sea capaz de reflejar toda nuestra memoria histórica audiovisual y estimular al mismo tiempo tanto la difusión de ese material como un acceso razonablemente sencillo hace tiempo que se convirtió en una verdadera carrera de obstáculos.
El material disponible aparece disperso y expuesto al mismo tiempo a una cantidad enorme de dificultades para quien tenga voluntad de sistematizarlo. De un lado está el Archivo Histórico de RTA (Radio y Televisión Argentina) con unos 200.000 documentos audiovisuales disponibles a partir de registros históricos que se conservan desde 1956. Desde la página oficial del organismo se advierte expresamente lo complicado que resulta el trabajo de digitalizar y dejar en condiciones todo ese acervo con el propósito final de hacerlo accesible al público. No todo el material guardado tiene el mismo formato (lo que requiere tratamientos específicos para su conservación y reproducción) y se requiere además un cuidado especial en el caso de los documentos más frágiles.
Del otro tenemos archivos privados como el DiFilm, fácilmente identificable en YouTube por la contundente marca de agua que luce cada uno de sus segmentos. El fundador de este archivo, Roberto Di Chiara, aseguraba antes de su muerte, ocurrida en 2008, que había conformado un patrimonio de 180.000 programas de TV (además de miles de horas de películas y noticieros cinematográficos).
Los datos aparecen en una investigación publicada en la revista Brando en 2020 con la firma de Pablo Corso. La nota agrega que esta situación complica todavía más el acceso con la menor cantidad posible de restricciones a nuestra memoria televisiva histórica. Surge una primera pregunta elemental: ¿por qué ese material (en parte o en todo) que surge de los canales no se custodia o preserva en algún organismo público consagrado al cuidado del patrimonio cultural?
Y una segunda: ¿cuánto de esa memoria completa todavía se guarda en los propios canales? Varias cuestiones conspiran contra ese trabajo: discusiones por los derechos, escasa dedicación al tema y sobre todo algunas pérdidas irreversibles provocadas por sucesivos incendios (uno dañó gran parte del archivo de Canal 11 y otro hizo lo propio en Canal 13) y la destrucción deliberada de materiales por orden de la última dictadura militar cuando estaba en retirada.
Este azaroso escenario nos ofrece un nuevo capítulo que empezó a escribirse el año pasado. Estrenado primero en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici 2025) y luego en el auditorio del Malba, donde sigue en cartel durante todo enero los domingos a las 18, el largometraje documental LS 83, de Herman Szwarcbart, se armó a partir de las 12.000 latas de material fílmico descartadas y abandonadas cuando Canal 9 mudó sus estudios de TV de Palermo a Colegiales en 1997.
El Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken logró recuperar el material, utilizado en los noticieros y espacios informativos de esa emisora entre 1973 y 1983. Y restauró una parte, utilizada en el documental para acompañar con imágenes y testimonios la voz en off del escritor Martín Kohan, que lee fragmentos de su autobiografía.
Lo que vemos allí, casi en su totalidad en blanco y negro, son distintos momentos de la vida cotidiana de la época en la ciudad de Buenos Aires junto a algunos hechos puntuales (la muerte de Aníbal Troilo en 1975), reportajes (hablan el boxeador Carlos Monzón y los futbolistas Hugo Gatti y Luis Lafuente) y sobre todo actos oficiales encabezados por el entonces presidente de facto Jorge Rafael Videla, retratado con indisimulado entusiasmo por los cronistas televisivos de la época.
En medio de los créditos finales una placa nos asegura que todavía queda mucho material inédito y no es difícil imaginar, por lo tanto, que LS 83 tiene el camino abierto para posibles secuelas en los próximos años. Si eso se confirma nos encontraremos frente a una curiosa paradoja. De un lado merece celebrarse la aparición de un gigantesco archivo de imágenes que se encaminaba hacia otro destino. Del otro, el hallazgo nos lleva de nuevo a preguntarnos cuánto queda y cuánto se perdió para siempre de toda la memoria televisiva de nuestro país.







