
La teoría de los puntos y las vueltas
Por Hernán Casciari Para LA NACION
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BARCELONA
Al leer, estos días, sobre la creación porteña de un sistema que quita los puntos del registro de conductor por faltas graves (pérdida de 5 puntos por conducir usando el celular, 20 por correr picadas, 5 por violar la luz roja, etcétera), me vino a la memoria la figura de Enrique Politto, el loco de mi pueblo. El tenía una teoría -ahora comprendo que era un adelantado- en la que aseguraba sólo era necesario cambiar las palabras "pesos" y "meses" por "puntos" y "vueltas", para que el mundo fuese un paraíso. La obsesión de esa idea descabellada lo convirtió en el loco de la ciudad.
La teoría de Politto puede resumirse así: si la unidad monetaria del mundo se llamase "puntos" y a los meses les dijéramos "vueltas", la vida sería un juego de mesa y el mundo sería un lugar más divertido, más justo y, sobre todo, menos doloroso. Al comenzar cada vuelta, por ejemplo, el jefe le da al empleado una tarjeta que dice: ¡ENHORABUENA! GANA MIL PUNTOS. El día cinco el empleado recibe en su casa otra tarjeta que pone: PIERDE TREINTA PUNTOS. FIRMADO: ENDESA, y otras tarjetas similares con las que sigue perdiendo puntos. El empleado no se preocupa, porque en la siguiente vuelta ganará otros mil puntos. De este modo, auguraba Politto, las personas comenzarían a ver la vida como un divertimento, y no como un lastre. El dinero (la necesidad de poseer) y el tiempo (la necesidad de perdurar) se convertirían en un desafío lúdico.
Según el loco de mi pueblo, resulta mucho más triste decir "me faltan 250 pesos para llegar a fin de mes" que decir "con 250 puntos extra paso de vuelta". Ahí está, decía, la clave de la tristeza humana: la gente necesita una inyección de optimismo, una señal permanente de que todo es un juego. "Fíjense qué diferente sería nuestra relación con los mendigos -nos decía, conversando en la plaza-: en vez de darles monedas por la calle, les daríamos puntos, y nos sentiríamos jurados de las olimpiadas. Pasaríamos al lado del ciego y diríamos: 9 PUNTOS. Nos acercaríamos al rengo y diríamos: 7 PUNTOS Y MEDIO".
Sus arengas eran ampulosas, y nosotros, los adolescentes de entonces, lo escuchábamos embelesados: "Pongamos que un ladronzuelo roba doscientos puntos -nos explicaba-; entonces la policía atrapa al ladrón y le da una tarjeta: PIERDE SEIS VUELTAS. El ladrón se queda un tiempo equis sin jugar, pero no se sentiría preso. Es muy feo estar preso".
La obsesión de Enrique Politto lo llevó, en su juventud, a llamar sistemáticamente "puntos" y ?"vueltas" a los pesos y a los meses. Así se convirtió en el loco del pueblo. Los chicos de Mercedes le tiraban piedras, los mayores lo trataban con sorna y las señoras mayores se cruzaban de vereda cuando aparecía. Desde los años setenta había intentado demostrar que el mayor error económico del mundo era semántico. El problema es que sus teorías circulaban en la plaza de un pueblo, por lo que fue mucho más fácil declararlo loco que economista o Director de Tránsito. Si ahora viviera, se sentiría orgulloso.




