
La tercera vía no es una vía muerta
Por Pedro J. Frías Para La Nación
1 minuto de lectura'
En la inauguración del Congreso de bancos, el 5 del actual, el presidente Carlos Menem sorprendió al auditorio con una frase de efecto: "La "tercera vía" es una vía muerta". Quizá sea el mejor ataque desde el capitalismo, incluso desde el capitalismo "salvaje".
Recuerde el lector que la "tercera vía", que otros llaman "nuevo camino", está en debate a partir de la propuesta del primer ministro británico, Tony Blair, y del canciller alemán, Gerhard Schroeder, ambos socialistas, pero a su modo. Los socialistas fracasaron, sí, con su centralismo burocrático y su planificación centralizada. Pero ante el fracaso se puede disimular el resentimiento con la historia o se puede cambiar la historia. Se pueden adoptar disfraces; no faltan quienes hablan de gatopardismo, de simulación. La tentación para el capitalista es grande: la de reducir a su adversario a la condición de prestidigitador.
Oportunidad de cambiar
Pero, ¿por qué negar la posibilidad de que el fracaso histórico lleve una "conversión"? Estoy usando una palabra de la espiritualidad cristiana. Desde su propio ser, las personas pueden modificar sus valores o la prioridad entre ellos. El mercado ganó, sin duda: el crecimiento sólo lo logra la economía social de mercado, que ya en sí misma es una superación del liberalismo puro. La economía social de mercado nació en Alemania: ¿por qué, entonces, negar a los antiguos socialistas desencantados la oportunidad de cambiar?
Y claro que cambiaron. Cuando Michel Rocard juró como primer ministro del presidente Francois Mitterrand, confesó: "Soy un izquierdista de mercado libre". Y cuando Felipe González cambió de rumbo para que España entrara en la OTAN, hizo suya la frase de Max Weber: "Pasar de la ética de los principios a la ética de las responsabilidades". ¿Y por qué no? A veces el que cambia sacrifica sus principios; a veces, no son más que reflejos, mitos, susceptibilidades.
Mercado y equidad
Lo que me parece claro es que el capitalismo ha cambiado de clave o de paradigma. Sencillamente, el crecimiento económico no genera igualdad, sino más bien desigualdad. Genera empleos, pero muchos menos que antes. Quizás un crecimiento económico sostenido -como el de la Argentina- durante diez años, llegue a todos los bolsillos, pero con gran disparidad.
Ningún sistema económico produce hoy espontáneamente relaciones de solidaridad. ¿Por qué no articular el mercado con la equidad social? Son muchos los grandes economistas de diversas filiaciones partidarias que piden políticas activas del Estado que no perturben el mercado. Y entonces, ¿por qué no una "tercera vía"?
Al debate se han sumado las objeciones de socialdemócratas que quieren mantener vivas sus nostalgias. Así, Vidal Beneyto ( Le Monde Diplomatiqu e, edición argentina, julio) habla de una socialdemocracia "privatizada", que pone punto final a la ambición de dar una respuesta de izquierda a la cohabitación entre capitalismo y democracia. Sólo queda en pie la empresa, dice, mientras quedan afuera el movimiento obrero y el Estado.
Una relectura ha hecho José E. Miguens ( La Nación , 5 del actual): sostiene que no es "tercera vía" sino comunitarismo. Esto sería más coherente con la tradición social.
Luego de tantas cavilaciones, me inclino a creer que la "tercera vía" será el patrimonio común del centro político que gobierna a Occidente, tanto en su versión de izquierda como de derecha, cada una con sus reflejos y sus estilos.





