
La Tierra desde el cielo
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En la plaza San Martín es posible tener el privilegio de ver la Tierra desde el cielo. Se trata de una exposición de fotografías tomadas desde el aire por el fotógrafo Yann Arthus-Bertrand, colocadas en gigantescos paneles, iluminados por las noches, que permiten disfrutar, de modo gratuito, las imágenes que conforman el libro "La Tierra vista desde el cielo".
Esta muestra, patrocinada por varias empresas privadas y organismos públicos nacionales e internacionales, revela la esencia misma del planeta y descubre algunos aspectos desconocidos que casi permiten regresar a los orígenes del mundo, a la tierra prehistórica, salvaje. Imágenes de mares iridiscentes o dunas itinerantes se intercalan con fachadas de edificios hacinados de personas, o barcos abandonados donde alguna vez existió un mar.
Quizás algunos datos que acompañan la presentación revelan un mensaje que sugiere la necesidad de preservar la naturaleza, la vida: una proyección de nueve millones de habitantes para el año 2050, un porcentaje del 20% de la población mundial sin acceso a agua potable, millones de personas subalimentadas, y un quinto de los actuales adultos sin conocimientos para leer ni escribir.
Más allá de la vibrante experiencia estética y humana que aporta la creatividad del fotógrafo y la imaginación de quienes montaron esta exposición, resulta reconfortante ver el acercamiento e interés de quienes recorren la plaza, ahora acompañada de misteriosos paisajes y culturas lejanas. Puede percibirse el agradecimiento, la alegría de cada persona al sentirse bien tratada, enriquecida por un lenguaje sutil. Sin saberlo, esta muestra constituye una oposición inteligente a la vulgaridad, a la tediosa animosidad política, a las habituales agresiones y humillaciones de la vía pública. Un alivio frente al encarnizado estado de tensión y desaliento que nos desvía del verdadero sentido de la vida. Una actitud contundente que despabila.
La fantástica invasión de imágenes de Yann Arthus-Bertrand representa un silencioso oasis que permanecerá dos meses en Buenos Aires. La ciudad seguramente agradecerá esta visita que despierta la curiosidad por esa belleza, tantas veces olvidada, de nuestro propio planeta, y nos devuelve la alegría, tan necesaria.
La decisión de las instituciones y personas que han posibilitado este hecho no solamente debe agradecerse, sino promoverse, incentivarse. Se trata de una actitud constructiva que alienta una conciencia que no nos divide, que nos une frente a los desafíos más profundos que permiten vislumbrar los grandes horizontes, y nos aleja de las mediocres discusiones que nos impiden crecer.





