
La Venus tapiada de Roma
Las dimensiones del fabuloso cuerpo de mármol son algo más grandes de lo que seguramente fue el modelo real de Praxíteles. Es una Venus recién salida del baño, una de las llamadas Venus púdicas o pudorosas. Con la mano izquierda cubre su pubis; con la derecha, parte del seno izquierdo. Esta escultura, conocida como Venus Capitolina, es una de las obras más célebres de los Museos Capitolinos de Roma y es réplica del original del gran escultor griego que vivió en el siglo IV a. C.

El presidente iraní Hasan Rohani estuvo de visita oficial la semana pasada en Italia por primera vez luego de doce años de sanciones, pero no pudo apreciar esta maravilla que integra el acervo artístico de Occidente ni otras obras relevantes para el patrimonio de la humanidad. Por cuestiones religiosas, Rohani prefería no verlas y tuvo suerte. Si bien aún se ignora quién fue, alguien tomó la decisión de cubrir a la Venus y a otras obras que exhiben desnudos con unas espantosas tapias de madera blancas para evitar ofender la sensibilidad del mandatario y para que la reunión entre Rohani y el primer ministro italiano, Matteo Renzi, no derivara en cortocircuitos culturales en lugar de concentrarse en los negocios. Para Europa, Irán ya no es el demonio que fue durante tantos años. Sin embargo, puristas y especuladores se equivocaron: el gobierno italiano aún está dando explicaciones por lo que críticos e intelectuales llamaron en todos los foros un acto de "sumisión cultural".
"Privilegiaron el interés económico por encima del legado cultural", fue una de las críticas más leves que recibieron las autoridades, que necesitan cerrar los acuerdos por miles de millones de euros luego del acuerdo nuclear que se firmó después de 12 años de negociaciones y amenazas de guerra. "No tengo miedo de ellos, tengo miedo de nosotros mismos", tuiteó un ciudadano anónimo, lamentando el episodio. Dario Franceschini, ministro de Cultura, aseguró que ni él ni el premier Renzi dieron esa indicación "incomprensible". Rohani, por su parte, aclaró que él no solicitó ese gesto, aunque mostró su satisfacción: "Los italianos son muy hospitalarios y yo les agradezco por ello". El encoframiento de las estatuas parece haber sido un "exceso de celo" de los responsables de protocolo. Es posible que los muchachos de la avanzada diplomática iraní exigieran que las estatuas desnudas fueran cubiertas, así como que se cumpliera para la comida el pedido de alimento halal (regido por los preceptos religiosos islámicos) y la ausencia de vino en la mesa.

Ahora bien, mientras a Rohani le fue muy bien en Italia, donde, gracias al "exceso de celo", no se cruzó con ningún pecho de mármol ni debió ver beber alcohol a los otros, no le fue tan bien en cambio en Francia, ya que el presidente socialista François Hollande se negó a retirar el vino del menú y por lo tanto no hubo comida conjunta en Palacio del Elíseo pese a que Francia también necesita cerrar con Irán la venta de 114 Airbus y otros negocios "chiquitos" por el estilo. Un detalle: si bien los islámicos no beben vino por una cuestión religiosa y cultural, la revolución islámica iraní adoptó recientemente una resolución tan drástica como represiva. A pedido del ayatollah Khamenei (máxima autoridad religiosa), un comité especial revisa los libros que aspiran a ser publicados en el país persa y expurga a aquellos que contienen ciertas palabras, como vino y masturbación.

Es curioso, pero en materia de relaciones humanas y diplomáticas debería ser de sentido común que uno puede hacer valer sus códigos aunque eso no implique imponerlos al país anfitrión. Es decir: los iraníes podrían haber tenido su comida halal mientras el resto de los presentes comía (y bebía) aquello a lo que están habituados. Había otra opción: que ante la encrucijada, la reunión con el premier italiano Renzi tuviera lugar en una sala libre de arte figurativo, para evitar así "cubrir", como si fuera una vergüenza aquello que Italia y Occidente consideran belleza y arte. Esto no debería ya ser una discusión. Pensemos otros ejemplos de posible choque cultural: en Irán las mujeres cubren sus cabezas, ¿las funcionarias europeas deberían cubrir sus cabezas en escenarios locales? Y ya llevándolo al extremo: en Irán la homosexualidad se castiga con pena de muerte. ¿Italia y Francia debían "esconder" a los funcionarios homosexuales para no ofender costumbres extranjeras? Se entiende que si alguien visita un país, se impone respetar y adecuarse a las normas pero no al revés: alterar los hábitos en casa propia por imposición de una visita, al extremo de lo sucedido en Italia, no sólo parece una desmesura sino que se asemeja a una concesión demasiado parecida a la humillación.
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