La verdad y sus costos
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Seguramente que no es plácida la verdad. Explicitar nuestros defectos resulta poco común ya que significa un acto de contrición y, en realidad, la humildad nos cuesta. Y nos duele. Y conmueve nuestros primordiales intereses de preeminencia y vanidad.
Ser simples representa un costo que, hoy por hoy, significa resignación, carácter éste que la Humanidad no se decide a aplaudir. Porque, en realidad, los tiempos proponen una credibilidad fácil; antagónica a la medular y espinosa que reditúa la reflexión, mesura principal de lo sustancialmente válido.
Lo válido es sólo lo irrefutable. Y válido es proponer que dos más dos resulta en cuatro. Y válido es que la definición de política deba resumirse en "interés colectivo, bien común" y no en el arte de hacer posible lo imposible, frase que conculca la adhesión de los ímprobos, deleznables e inmorales.
Ser verdadero significa austeridad, expectación y arrepentimiento, cualidades éstas que resultan ásperas en cuanto a su aceptación y práctica- Porque la Verdad es dura; tanto como la ley. Y tal similitud no es casual sino causal porque la Verdad y la Ley son, inevitable y fundamentalmente, sinónimos. A pesar que los hombres se empeñen en contradecirlo.






