
"La vía jerárquica lo primero que pide es silencio"
El abogado Jeff Anderson, que comprobó abusos en cientos de niños norteamericanos, denuncia un protocolo de encubrimiento en la Iglesia Silvia Pisani Corresponsal en E.E.U.U
1 minuto de lectura'
WASHINGTON
Es protestante, se casó con una católica y crió a sus hijos en esa religión. Tiene 62 años de edad y 35 años de abogado en Minesota, en el límite con Canadá. Pero hace 25 años que trabaja contra la "conspiración de silencio y encubrimiento" que -asegura- existe en la Iglesia Católica contra los casos de pederastia. Con varios centenares de denuncias interpuestas ante la justicia norteameircana, hoy se calcula que el monto total obtenido para las víctimas en concepto de resarcimiento supera los 60 millones de dólares.
En diálogo con LA NACION, el abogado que en Semana Santa salpicó al ex cardenal Joseph Ratzinger y hoy papa Benedicto XVI por supuesto encubrimiento en casos de abuso de menores por parte de sacerdotes, dice que "admira" al Pontífice como "teólogo y filósofo". Pero no como administrador de la Iglesia.
-¿Por qué todo esto salta ahora? ¿Es acaso porque Ratzinger, como Papa, tiene menos carisma que su predecesor, Karol Wojtila?
-No tiene que ver con quién está al frente del Vaticano ni es algo dirigido contra Benedicto, sino con la difusión periodística de casos en este país.
-Sí, ¿pero por qué ahora?
-Sobre todo, porque pudimos aportar documentos que, en la trama de silencio, llevan hasta el ex cardenal Ratzinger -hoy, Papa- y otros que llevan hacia el cardenal Levada (William, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y esto fue lo que atrajo publicidad.
-¿Le disgusta el papa Ratzinger?
-No tengo nada contra él. Lo admiro como teólogo y filósofo. Y admiro a cualquier religioso que sigue el camino de Cristo. Pero no respeto a quien no protege a los niños y no respeto a la estructura vaticana que encubre los abusos y que pone a la reputación de la Iglesia y de sus sacerdotes por delante de los niños. Creo que como administrador de la Iglesia el Papa tiene que proteger a los chicos. Y en eso, no es efectivo.
-¿Recibió apoyo de algún miembro del clero o de la jerarquía eclesiástica?
-No. Hasta ahora, la jerarquía eclesiástica de este país prefiere negar lo que ocurre. Sí hubo sacerdotes que se animaron a hablar con nosotros y fue muy útil. Pero es triste decir que nadie, oficialmente, quiso hacerlo.
-El Vaticano dice que acciones como las suyas dañan al Papa.
-Yo creo que protejo a los vulnerables. Y que esto ayuda a la Iglesia a limpiar un problema serio. Es un trabajo de todos. Yo hago el mío.
La aspiración de Anderson y de su socio, Mike Finnegan, es interpelar al Papa en un tribunal, bajo juramento. "¿Jura usted decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Con la ayuda de Dios..." Pero eso no ocurrirá porque es un jefe de Estado. Mientras, Anderson ha llevado sus denuncias a The New York Times e insiste en la tolerancia del Vaticano ante miles de casos de abusos cometidos por miembros de la Iglesia durante décadas.
"El Vaticano ha desarrollado prácticas y protocolos alrededor del mundo para proteger a los sacerdotes en estos asuntos", asegura.
-¿Cómo evoluciona la dificultad? ¿Es proporcional a la jerarquía?
-La escala es otra. Cuando un niño confía en un sacerdote lo hace ciegamente. El sacerdote debe obediencia al obispo, éste al cardenal y éste al Papa. Y eso concierne a todos los protocolos. Cuando un religioso comete abuso, en el nivel que se encuentre, su vía jerárquica lo primero que pide es silencio. Porque eso establecen los protocolos. Si el escándalo estalla, el procedimiento es mudar al implicado, a menudo, a otro país. Y eso ha estado ocurriendo durante años.
-Afirma usted que la Iglesia paga por silencio. ¿Cuánto y en qué momento?
-La Iglesia trata de mantener el secreto y evitar el escándalo. Pero cuando el asunto se sabe, y la víctima lo primero que hace es ir a la Iglesia a reportar lo que está pasando, hay una historia de presiones para mantenerlo secreto. Algunas veces esto incluyó la oferta de dinero. Hay una cultura de silencio en la clase sacerdotal que es peligrosa.
-Pero por qué aspira a llevar al Papa a los juzgados. ¿Con qué razones?
-Porque el hilo lleva a Roma. Y es allí donde está el problema. Por eso, en 2002, iniciamos una causa contra el Vaticano. Como, hasta ahora, la Corte dice que no puede proceder, lo que esperamos es que, al menos, el Papa asuma esto de modo honesto y reconozca el problema.
-¿Ha recibido consultas desde la Argentina?
-Sí. Este es un problema que existe en todo el mundo. Pero yo sólo puedo atender casos de este país y de México.
© LA NACION






