La victoria de Pastrana en Colombia
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Tras doce años de dominio hegemónico del Partido Liberal, Colombia volverá a tener un presidente conservador. En la segunda ronda electoral o ballottage , la ciudadanía se ha inclinado mayoritariamente en favor de Andrés Pastrana, postulado a la presidencia por la Gran Alianza por el Cambio, un frente que agrupa a sectores de los dos partidos históricos _el vicepresidente electo, Gustavo Gell, viene del liberalismo_ y que levantó como bandera la pacificación del país, desgarrado por los permanentes choques entre las organizaciones guerrilleras de izquierda y los grupos paramilitares de derecha.
Miembro de una familia vinculada largamente a la política y al Partido Conservador, Andrés Pastrana ha traído a la arena política un flujo de sangre joven y la esperanza de una profunda renovación en los hábitos políticos y administrativos. Hijo de Misael Pastrana Borrero, que ocupó la presidencia de la República entre 1970 y 1974, su figura introduce en la vida colombiana una opción novedosa, que quiebra la continuidad de las gestiones presidenciales del liberalismo, que se revelaron impotentes para erradicar los focos de corrupción enquistados en la estructura del Estado, íntimamente vinculados con el poder creciente del narcotráfico. El propio presidente ErnestoSamper, que está a punto de concluir su mandato, se vio involucrado en escandalosas denuncias acerca de la turbia relación entre sectores de la dirigencia política y los carteles de la droga.
En la joven figura de Andrés Pastrana _que tiene en su haber su gestión como intendente de Bogotá y una extensa trayectoria como periodista_, el electorado colombiano ha reconocido, evidentemente, la posibilidad de un cambio que arroje una luz nueva sobre el horizonte nacional y, sobre todo, purifique los procedimientos políticos, viciados por la influencia corruptora de las organizaciones del crimen.
El candidato triunfante ha prometido privilegiar la restauración de la paz, una tarea que aspira a realizar por la vía del diálogo con los dirigentes subversivos.
Ese será sólo el primer paso de su gestión, que luego deberá encarar los grandes dramas estructurales del país.
Uno de esos problemas está representado por la crisis del sector agrícola. Colombia importa en la actualidad más de cinco millones de toneladas de materia prima y alimentos anualmente, a raíz de una falta de producción, que ha sido determinante del aumento del desempleo a niveles alarmantes en el sector rural. Esta situación, lamentablemente, contribuye al recrudecimiento de la violencia, dado que mucha mano de obra desocupada en el campo pasa a engrosar las filas de las milicias guerrilleras o paramilitares.
No hay dudas de que este escenario perjudica la imagen de Colombia en el exterior, algo que se advierte en la caída del número de turistas extranjeros que visitan sus bellas tierras. El turismo ha sido tradicionalmente una de las principales actividades de Colombia; pero el año último, la cantidad de personas que entraron al país se redujo en un 28 por ciento.
Otro de los problemas que afrontan los colombianos es el abultado déficit fiscal, que se ubica en torno del cinco por ciento. La balanza de pagos desfavorable, el costo de la guerra interna y el gasto público han llevado en los últimos años al gobierno a un permanente crecimiento de los egresos, que no ha tenido una contrapartida en los ingresos tributarios.
Frente a estos problemas, sumados al crónico azote del narcotráfico, puede pronosticarse que al presidente electo de Colombia lo espera una labor ímproba y llena de dificultades. Cuenta, para iniciarla, con la confianza que ha sabido inspirar en las grandes mayorías y con una trayectoria sin manchas. Lo cual representa, por sí solo, en las condiciones materiales y morales en que hoy se encuentra su patria, un valiosísimo capital.





